La invitación

Talleres Chihuahua

Luna

El destino siempre nos da sorpresas. Un día, camino al autobús, me encontré a un vecino, tenía tiempo de no verle. René era su nombre. De niño, en la escuela, le querían mucho, le gustó siempre escribir poesías. Al saludarlo, me invitó a la Quinta Gameros, en donde participaría con una lectura.
—¡Mira, da comienzo a las siete de la tarde! ¿Me acompañas?
—¡Claro!, contesté.
Otra amiga fue invitada y nos pusimos de acuerdo para ir, la duda era cómo regresaríamos.
La participación de René, me encantó. Cuando terminaron las lecturas, me comentó mi amiga en voz baja.
—Mira, a tu derecha está una Señorita o Señora, te busca con la mirada, parece que te quiere saludar.
Era Lupita Payán. Me dio mucho gusto saludarle. Me pidió que le dejara mi número de teléfono con las personas en la entrada, donde estaba la venta de libros.
Otra sorpresa: también estaba Clarita, hermana de Lupita. Fue un gusto saludarle, me dijo que ya era  mamá. ¿Quién lo dijera?, la conocí de niña.
Pasó el tiempo. Lupita llamó para saludarme y en la charla recordamos a su mamá, que fue mi amiga; antes de despedirnos me invitó a comer y yo acepté.
En la comida platicamos de aquellos bonitos tiempos y de su familia, a la que siempre he querido.
—Te voy a llevar a que conozcas donde trabajo, dijo Lupita y ahí nos despedimos.
Una mañana después de aquel encuentro, me volvió a llamar invitándome a un taller de escritura.
—Dentro de unos días dará comienzo—me dijo.
—Lupita, yo no tuve escuela, llegué hasta segundo de primaria, no sé escribir bien, no tengo buena ortografía, me encantaría pero me daría mucha vergüenza.
—No importa, aquí te apoyamos, me respondió.
Como siempre, recibí el mensaje de mi madre: “nunca digas no puedo, mucho menos digas, no sé, no podré, nunca digas eso, no es bueno”.
Acepté. Lupita me informó día y fecha del inicio del taller autobiográfico.
Llegó el día. Bueno, ¿y ahora cómo me voy de regreso? Dios proveerá, pensé. Aquí me lanzo a esta nueva oportunidad.
Al llegar, fui la primera, saludé a Lupita y me indicó el salón. Empezó a llegar gente muy agradable. Lucy entró con una sonrisa que me dio confianza y me dije de aquí soy y me quedo.
Dios, René, Lupita y Lucy fueron mi guía para continuar el camino que me faltaba, son ángeles que me acompañan llevándome de la mano
Gracias DEMAC por existir, haciendo felices a corazones tristes, dando y guiando, para darnos oportunidad de compartir nuestros sueños e ilusiones con lo que nos tocó vivir.
No cierres nunca tus puertas, que sean eternas.
Gracias poder divino por DEMAC en su décimo aniversario.
Marzo del 2014.

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Conoce a nuestras talleristas de la sede Chihuahua:

Ma. Cecilia Ávila Tabares
Dora María Fernández Rosales
Irma Socorro Arciniega Portillo
Laura Elena Gaytán Saldívar
Ma. de la Luz Torres Chacón
Ma. del Socorro Ordóñez Villagrán
Ma. Guadalupe Monárrez Villalobos
Norma Angélica Palomino Beltrán
Manuela Moreno Ontiveros

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