50 AÑOS

Mujeres en el extranjero

“Cuando era chica decía que yo me conformaba con vivir hasta los 50, ya más se me hacía mucho pedir…”

Por: Marisa Legarreta

Hace poco cumplí 50 años de vida.

Cuando era  chica decía que yo me conformaba con vivir hasta los 50, ya más se me hacía mucho pedir. Ahora que tengo los 50, digo, si muero ahora no importa, lo más ya está hecho, estoy preparada para morir.

Pero no piensen que quiero morirme ni nada por el estilo, ni me dejo llevar por la depresión, ni  estoy sentada esperando la muerte. No, para nada, ahora que estoy “viviendo tiempo extra”, lo estoy disfrutando al máximo, ya sin la responsabilidad de tener niños a mi lado, mi hijo mayor ya es un profesional y trabaja muy lejos, pero con la maravilla del Internet nos comunicamos casi cada noche, mis otros dos hijos, que estudian en otra ciudad cercana, vienen los fines de semana, así que entre semana paso sola con mi esposo que es un adicto al trabajo y casi nunca está en casa.

Pero esto no me detiene, siempre he tenido muchas actividades, muchas amistades, muchos hobbies para entretenerme, cuando me quede sola, les puse más atención, me uní a un grupo de danza, lo cual me ha permitido pasear por diferentes lugares ya que tenemos presentaciones, así conocí a mis compañeras, personas casi todas de la tercera edad, compañeras amables y gentiles que compartimos la pasión por el baile.

Otra actividad que siempre había querido practicar es la pintura, me gusta pintar pero no me atrevía, ya que un profesor, en la secundaria, me dijo que no servía para eso, que mejor me dedicara a pintar paredes y en plena adolescencia ese comentario me afectó  tanto que nunca lo intenté, hasta ahora, estando en la clase de pintura descubrí que no interesa tener talento o no, sino disfrutar lo que se hace, abstraerse del mundo pintando, ¡que relajante! En esta clase tengo compañeros de todas las edades.

Las mañanas las dedico a mi voluntariado en un hospital  público, ¡que satisfactorio es ayudar a la gente!, más si está necesitada de atención en su enfermedad, a veces solo basta una sonrisa, un abrazo, apoyarse en una mano amiga para llegar a su consulta, o simplemente escucharlas, para que se sientan mejor, que fácil es ayudar, ojalá mucha gente lo supiera no sólo se ayuda a gente extraña, se ayuda uno mismo a sentirse útil, a poner su grano de arena y amor en este mundo. En esta actividad tengo buenas amigas con las que comparto salidas a tomar un cafecito o a un martes cultural, etc.

Con la edad también vienen los achaques y enfermedades, hasta ahora nada grave ni que no se cure con algunas pastillas e inyecciones. Soy pre-diabética y pre-hipertensa. Con un poco de cuidado saldré adelante.

Siempre he estado pendiente de no dejar “que mi cerebro se seque” por falta de uso y he seguido infinidad de cursos, la más variada selección, como un curso de corte y confección, mecánica  automotriz, contabilidad, inglés, todo tipo de manualidades, asistente de geriatría, etc. Y de ahí mi numeroso grupo de amigos, de todas las edades, de toda condición social, de toda tendencia religiosa, y de toda tendencia sexual, me siento afortunada de tenerlos, donde quiera que voy  me reconocen, me saludan, salimos a bailar, a pasear, de compras, a tomar  café o un trago.

Las cosas “importantes” que antes me quitaban el sueño, ahora solo son un recuerdo lejano. Cuando me preguntan – ¿cómo estás?- siempre respondo – ¡estupendamente! – y cuando repreguntan – y ¿qué haces? Respondo  - ¡disfrutar de la vida!-. Y eso es lo que hago, disfrutar de cada momento, deteniéndome a oler las flores, a disfrutar del paisaje o a pintarlo, de las escenas cotidianas de la vida, he visto la magia de llevar una sonrisa por una calle repleta de gente inexpresiva, he visto el asombro dibujado en las caras al recibir un saludo que no esperan, he recordado viendo a dos jóvenes besarse apasionadamente en medio de la gente, sin importarles nada, he gozado de las travesuras de los niños, de su alegría de vivir que perdemos durante nuestro crecimiento.

Así que amigos, lleguen a los 50 y ¡disfrútenlos!       

¡Aaaaaaaaah!, pero eso sí,  me quedo en los 50, no cumplo más (o por lo menos siempre diré que tengo 50).

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Escribo, luego existo.
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