Las mujeres que optan por ser católicas comprometidas, ¿deben renunciar a este privilegio porque no están de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia relativas a su sexualidad y a sus opciones reproductivas? Desde la perspectiva del autor, la respuesta es clara: las elecciones sexuales y de vida corresponden a las mujeres, a las parejas, no al Estado ni a la Iglesia. Ni la Biblia, ni la larga y rica tradición católica respaldan la rigidez de las enseñanzas eclesiales actuales sobre sexualidad y aborto. La posibilidad de elegir —siendo fiel a uno mismo y consciente de las consecuencias— es el sustento de una teología de opciones reproductivas y anima la travesía hacia el núcleo sagrado en el que convergen las más profundas creencias religiosas.