En el siglo XVIII María Felipa de Zárate ingresa al convento, ahí se solaza relatando su vida, anécdotas, recuerdos, y los contactos que llega a tener con las ánimas del purgatorio, fantasmas y duendes que vagan por el convento.
En el siglo XX, Eunice Vega narra en su diario que gracias a su percepción contacta a «los maestros de luz» quienes, superando la materia, están latentes en otras dimensiones y, cual modernos Carontes, guían a las almas en su tránsito de este plano al siguiente.