Cecilia Espinosa
Ex concursante Demac
con el texto “Un pedacito de cielo”
Muchas veces nos preguntamos por qué la vida no nos dio lo que más anhela y necesita un ser humano… amor.
Rosita fue hija de un matrimonio arreglado, su madre era una adolescente que por quedar embarazada a los quince años tuvo que casarse por imposición de su tía con un hombre que le doblaba la edad. Rosita fue entonces la segunda y primera hija de dicho matrimonio y por tales consecuencias no fue procreada con amor, ni esperada con emoción.
Desde siempre mostró ser una niña risueña, traviesa y soñadora, a pesar de la violencia con la que fue “educada”, pues las golpizas eran constantes: era una niña que tenía muchas obligaciones con los demás hermanos y cuando a su madre se le antojaba abandonar a su padre por algún amamante en turno, el padre se desquitaba con ella y los maltratos eran más fuertes.
Sin embargo, ella crecía como todas las niñas de su edad y en sus momentos de juego se divertía con unas muñecas de cera que tenían vestidos de la época porfiriana. Por desgracia en una ocasión las dejó en el sol y cuando volvió por ellas las encontró completamente derretidas, cosa que la hizo llorar amargamente.
Rosita fue creciendo con una autoestima muy baja, se sentía el patito feo de su familia, era bajita, extremadamente delgada y su mayor complejo fueron sus ojos por tenerlos muy pequeños, pero le gustaba arreglarse; logró estudiar una carrera secretarial, que para los años sesenta tenía futuro, pero su sueño era casarse de blanco y formar una familia y así lo hizo, se enamoró y con la frente en alto llegó al altar vestida de novia, con un hombre al que ella sentía amar…
Aquellas palizas, aquellos años de tristeza por el desamor de sus padres habían quedado atrás, ahora estaba cumpliendo su sueño y su vida sería en rosita.
En su primera noche de bodas, Rosita emocionada y nerviosa, esperó todo lo que por mucho tiempo imaginó, una noche perfecta, mágica, de ensueño, pero la realidad fue otra: el marido, comenzó diciendo que qué feas manos y pies tenía, no hubo romanticismo, no hubo besos, caricias y abrazos, todo fue muy frío, se sintió como un recipiente en el que se vacía cualquier cosa, pensó que quizá todo se compondría con el paso de los días, luego meses, luego años, pero no fue así…
Poco después de casada quedó embarazada. El marido se enojó y le dijo que no lo deseaba, pero ella hizo caso omiso y tuvo a su hijo. El día que nació, las palabras del esposo fueron qué feo hijo tuviste. Poco después volvió a quedar embarazada y su marido la obligó a abortar, pese a que Rosita se resistía. Por tercera ocasión se embarazó y nuevamente el marido la reprendió y la obligó a abortar, pero Rosita le pidió ayuda a su doctora, quien habló con su marido y nació el segundo hijo.
Rosita rogaba a Dios ya no embarazarse más, porque aunque se cuidaba con algunos métodos anticonceptivos de aquellos tiempos, estos no daban resultados, pero hubo un cuarto embarazo y llorando fue a ver a su doctora, la cual le dijo que era la última vez le ayudaría y sólo porque sabía la clase de marido que tenía.
Rosita no volvió a quedar embarazada, cuenta que se iba a dormir muy tarde para que su esposo ya estuviera dormido, muchas veces deseaba abandonarlo, pero no se atrevía a dejarlo por sus hijos y los prejuicios de la familia y amistades. El trato que recibía por parte de él era muy humillante, nunca le llamaba por su nombre, siempre utilizaba esa frase de “oye tú”; era peor que una ama de llaves sin sueldo.
Un día Rosita tuvo un sueño en el que llegó su concuña a verla y a decirle que le encargaba a su crío que estaba por nacer porque ella se sentía muy mal. A los pocos días, el marido de Rosita se le apareció con un niño en brazos y amenazándola le dijo “cuida a este niño, porque este sí es mi hijo, este sí lleva mi sangre y hazlo bien porque de no ser así no registraré a tu último hijo como mío….”.
Rosita ahora tiene 67 años y lo anterior es sólo un breve pasaje de su vida, una vida de dolor y desamor, a veces dice que se siente muy cansada, que ya quiere dejar de respirar, que lo único que tiene con ella es su fe en DIOS…
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Rosita, sin vida "rosita"
Por Raquel (no verificado)Las historias de mujeres son de todos colores, la que Rosita esperaba, de color rosita no llegó según lo que la sociedad nos hace esperar, pero ella con mucha fuerza hoy rescata su historia para que nos ayuden a otras y eso le va quitando lo grias a su vida, hay que acompañarla para que siga escribiéndola, compartiéndola para que siga su viaje más lijera y encuentre fuerzas para respirar nuevos aires.
Felicidades Ceci, por la historia que compartes.