Talladoras de Palabras

Mayo, 2011

Tercer secreto Miston

 Instantáneas de un pasado oscuro

Sentí el golpe de tu puño en mi cuerpo indefenso, pero me dolió más en el alma reconocer que, quien un día me dijo que me amaba, ahora solo deseara acabar conmigo…

Papá y mamá salieron de sus respectivos pueblos huyendo de la pobreza y la violencia, ambos se alimentaron y educaron con golpes y malos tratos por parte de sus propios padres; esos golpes estaban ahí acumulados en el alma, atiborrados, ansiosos por salir, buscando una salida, un escape.

Quizás algún día ambos se amaron, quizás algún día todo eran caricias y ternura, pero no duró mucho, el demonio pasivo de la violencia salió de su escondite y se quedó en casa para siempre. Tengo la instantánea en la mente, ahí grabada, guardada, a colores: papá de pie, tan alto que se mira, con un cinturón en la mano y los insultos en la boca; mamá se hace chiquita, más de lo que es, esconde su rostro de niña entre las manos y las lágrimas no dejan de correr y correr; él la golpea sin piedad, sin miramientos, con fuerza; ella no se resiste, aguanta, se agacha, está sentada en una silla de madera. De pronto siente la mirada impávida de alguien, se atreve a quitar las manos de la cara húmeda y me ve, ahí estoy yo, parada atrás de papá con los ojos muy abiertos, sin entender qué es lo que sucede, siento lástima por mamá y rompo en llanto. Corro a sus brazos, ella me acoge y me abraza con fuerza, yo hago lo mismo. Sin embargo, la furia de papá no tiene fin, no hay límites, me hinco y me escondo tras la falda de mamá, siento su aroma a cebollas y aceite, abrazo sus rodillas, palpo con mi cara el latir de su corazón asustado y dejo que papá golpee mi espalda; me duele, me eriza la piel. Ahora las lágrimas mías son las que se convierten en un tibio torrente de dolor, mientras las de mamá caen como lluvia y mojan mi cabello negro.

De esa manera hubiera deseado morir, pero algo me rescató de la muerte, pero no fueron tus manos, ni tus palabras las que me salvaron, esas sólo me trataron con violencia, ya que con violencia acallaste mi risa, mis juegos, hasta mi llanto…

A veces resulta que quien debiera cuidarte cuando eres pequeña es quien resulta tu peor verdugo.

Crecí en un hogar lleno de violencia, desde muy niña me enseñaron a callar a fuerza de golpes, a no “dar lata”, a no reír… este oscuro recuerdo es de mi primera infancia, quizás tendría como cuatro o cinco años, pero la instantánea es tan vívida que parece que cada vez que la mente la trae a la página principal, el recuerdo parece de ayer mismo. Una vecindad de casitas de dos piezas, en un barrio de Coyoacán; papá, mamá y mis hermanas duermen aún en el cuarto, yo despierto y miro desde mi cama la mesa en la cocina, un pan dulce, esponjoso, cubierto de chispas de colores brillantes asoma desde una bolsa de papel; de un salto voy hacia él y me lo llevo a la boca gustosa, escucho desde el cuarto el grito de mamá y con otro salto papá ya está atrás de mi; me jala con fuerza del brazo y comienza a golpearme, a insultarme, no entiendo nada, escucho como entre sueños a mamá gritándome que el pan tenía veneno para ratas, que lo escupiera. Veo entre bruma a mis hermanas llorando; papá no cesa, me golpea con coraje y mete sus dedos en mi boca. Me convulsiono, vomito, lloro; la estupidez que cometí debía ser castigada así, con golpes, con violencia, así me hicieron saber que era una tonta por haber comido un pan que tenía veneno para ratas, ellos lo dejaron para las ratas, no para mí. No recuerdo nada más, sólo que estoy en un rincón llorando; nunca supe si en realidad había veneno en ese pan o si me llevaron al doctor, pero ese fue el principio de muchos capítulos oscuros en mi vida, capítulos en los cuales siempre lloraba con rabia y lamentaba el hecho de no haber muerto, ya que hubiera preferido morir en ese día de mi primera infancia, así, envenenada, comiendo un delicioso pan dulce para evitar todo el dolor que vendría conforme fui creciendo.

¿Qué es el dolor? ¿Por qué si no puedo verlo ni tocarlo, puedo sentir como lastima mi piel? ¿Por qué si es intangible y abstracto invade mi alma? …

Recuerdo a mamá siempre embarazada, enojada con la vida, con dolor en la mirada; ella estaba llena de frustración por la relación que llevaba al lado de papá y descargaba toda esa rabia sobre nosotras, sus tres hijas más grandes.

Esta quizás no sea una instantánea, es más bien una escena llena de dolor, es un trago que pasa amargo por la garganta cada vez que lo trae el pensamiento, es algo imborrable, intangible, pero ahí está, en la memoria de la piel y del alma. La pobreza es más que evidente en estos dos cuartos que sirven, uno de cocina y otro de dormitorio de todos y de todas; mamá se está bañando, mi hermana pequeña y yo somos dos fantasmitas que hacen los quehaceres en silencio, dos fantasmitas que no hablan entre sí, que sólo cruzan miradas y barren en vano el piso de tierra; tomo una jarra de leche y se me resbala de las manos, cae al suelo inevitablemente, la angustia se apodera de mi, tiemblo, me estremezco, imagino lo peor; mi hermana me mira, se asusta, palidece; le pido que de una vez por todas le vaya a decir a mamá lo que ha ocurrido, pensé que diciéndole antes se enojaría menos. Mi hermanita corre, desaparece por el umbral de la puerta, pero no por mucho tiempo, mamá viene detrás de ella, el fulgor de rabia en la mirada de mamá me aterra, trae puesta la bata de maternidad azul desgastada, el pelo húmedo, los pasos cortos; me toma por el cabello y los gritos empiezan, las palabras hirientes lastiman mis oídos, los golpes comienzan incesantes, mi cuerpo siente dolor, pero más mi alma… mamá no para, la rabia explota, la sangre brota; arrastra mi cuerpo hacia el patio, ahí continúa, una y otra vez. Ahora suplico, suplico por mi y por mi alma que se sale del cuerpo, que se desdobla y se evade para no sentir más dolor; termino en posición fetal, siento la tibieza de mi sangre en las manos, en la cara, un “ya no, mamita, por favor” sale de mi boca, se repite, se repite… lejos. Ahora, se escucha la voz de mi hermanita, sé que le espera la misma suerte; gritos, insultos, golpes, dolor… la escena se repite, se repite…

Golpes, violencia, dolor… marcaron mi niñez y parte de mi adolescencia, duro aprendizaje, sabor salado, paisajes oscuros y húmedos… extraño a mamá, extraño a papá, extraño a esos padres que hubiera deseado tener, entendí que no, son ellos y sólo ellos, aún así, a veces los extraño

Ahora se mira en el camino otro paisaje… perdón, amor, auto estima

Miston

 

¿Qué opinas de este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx

29 Jun17:48

SOLO UN ABRAZO

Por Anónimo (no verificado)

Despues de tu relato solo te puedo decir que te mando un abrazo por cada golpe recibido, para ti y para tu alma. Y que bueno que lo escribiste asi aligeras la carga. Gracias¡¡¡¡¡

04 Jul17:43

Gracias por el comentario

Por Miston Tapia (no verificado)

Un abrazo es ... la mejor medicina para el dolor. Gracias por tomarte la molestia de comentar

29 Jun14:46

Me haz hecho llorar, me haz

Por Gloria López (no verificado)

Me haz hecho llorar, me haz conmovido. Realmente me abruma y siento impotencia ante estas situaciones  por tí vividas, sobre todo por que sé que en muchos hogares se sigue presentando la  violencia. Violencia física, violencia psicológica  que igual te marca de por vida.

Por otro lado me conforta que ahora, caminas por una senda de ventura ... de perdón, amor y autoestima.

04 Jul17:47

Gracias por el comentario

Por Miston Tapia (no verificado)

Agradezco mucho, que comentes mi escrito; es muy reconfortante saber que los demonios se liberan por medio de las palabras y que alguien del otro lado de la pantalla se conmueve ante el dolor ajeno. Y sí, ahora la realidad es otra, no ha sido fácil, pero mi visión de la vida es diferente.

Saludos cordiales

05 Jul18:45

tus vivencias.

Por Martha Medina (no verificado)

Me conmovió y a la vez la forma en la que escribes es preciosa, es decir, siento mucho lo que pasaste pero escribes y te expresas muy bien. De corazón espero borres esos capítulos de tu vida que gracias a Dios ya pasaron, déjalos ir, espero que vivas muy feliz tu día y los que tienes por delante, eso sí está en tus manos, disfrútalo, saboréalo, no extrañes ni te hagas esclava del pasado. El pasado como dicen ya pasó, tenemos el futuro para vivirlo y bendecirlo.  Que Dios te colme de bendiciones, y felicidades, escribes incomparable.

Martha