Talleres Chihuahua

Agosto, 2011

Soy yo… y soy alcohólica

El día de hoy yo simplemente quiero dar gracias a Dios porque me tiene con vida, a pesar de ser una persona que desde que empecé a alcoholizarme siempre estuve en su contra, renegaba de Él, me ponía al tú por tú con todo lo que se relacionara con Dios.

Mi vida siempre fue tranquila, no sufrí cuando era niña, fui a la escuela como cualquiera, jugaba con mis hermanas, mi madre siempre en casa, un padre trabajando y todo así como muy normal, por eso muchas veces me pregunto en qué momento me perdí de esa vida tranquila.

Me casé a los 17 años, embarazada, un matrimonio forzado por las circunstancias, pero dentro de lo que cabe pues era feliz o así creía yo que era. Nació mi bebé y estaba feliz con él, era muy lindo y lo amaba, pero sólo estuve un mes con él porque acababa de salir de la escuela y se repartieron las plazas. Bueno, se me olvidaba decir que era maestra de primaria y era mi oportunidad para trabajar en lo que me gustaba. Así que acepté y me tocó irme a la sierra a un lugar padrísimo llamado San José del Sitio, municipio de Satevó. De eso hace ya 31 años.

Recuerdo cuando iba en ese camión, empecé a ver ese paisaje, árboles, lomas, percibir ese olor a limpio, a madera, a resina, a fresco; me sentí simplemente libre. Allí descubrí que mi vida había sido muy monótona, muy sin chiste, estaba sin la presión de un marido, sin hijo y sin mis papás que me estuvieran fastidiando. El bebé se había quedado al cuidado de mi mamá y mis hermanas que se habían quedado encantadas con él.

Empecé a trabajar y cada mes o mes y medio tenia oportunidad de venir a mi casa, obviamente al principio las visitas eran para ver a mi bebé que cambiaba cada vez más y no lo conocía. Era hermoso, recuerdo que le dedicaba todo un día y mi mamá no quería que me lo llevara a mi casa porque decía que yo no lo sabía cuidar y pues bueno para mi mejor, el siguiente día se lo dedicaba a mi esposo, él tomaba mucho y yo ya empezaba a acompañarlo, me gustaba el efecto que me causaba el alcohol, me sentía desinhibida, con más confianza en mí misma, hacía cosas que buena y sana no lo hubiese hecho.

 Al siguiente día amanecía muy mal física y moralmente, recuerdo que temblaba y vomitaba muchísimo porque no tomaba poco, tomaba cantidades industriales como si se fuera a acabar. Algunas veces no me acordaba nada de lo que había pasado el día anterior, y otras ni siquiera me podía regresar al rancho.  Tampoco me despedía de mi mamá y de mi hijo.

De regreso a mi trabajo en el rancho, me llevaba una botella de tequila en la mochila de viaje para irme cortando la cruda poco a poquito según yo. Juan, que era mi esposo, me decía que la cuidara y la escondiera muy bien y que me tomara traguitos para que me alivianara y pues esa botella me duraba varios días porque en la sierra no había donde comprar. Recuerdo que me daba miedo que se me terminara.

 Al poco tiempo solicité mi cambio para Chihuahua y me lo dieron. Ahí empezó mi carrera alcohólica, ya estaba cerca de mi esposo que aprobaba que yo tomara, ya tenía expendios a mi alcance y mi mamá seguía cuidando a mi hijo, todo se me facilitaba, ya aceptaba invitaciones de mis compañeros de trabajo a pistear. A veces no regresaba a mi casa hasta el día siguiente. Tuve dos hijos más y también me los cuidaba mi madre. Yo ya tomaba todos los días.

Recuerdo que empecé a tener conflictos con mi esposo porque no me controlaba, quería seguir tomando y tomando, no quería que me dijeran nada, faltaba a trabajar, no me importaba atender a mis hijos ni asear mi casa. Nada, no quería hacer nada, solo tomar. Y aun así no aceptaba que tenía problemas con el alcohol. A quien me sugería que dejara de tomar le decía que yo podía hacerlo en el momento en que yo quisiera. Me sentía autosuficiente, pero claro que no era verdad. Yo no tenía el control, ya no podía parar, peleaba mucho con mi pareja, con mi madre y con mis hermanas, las únicas horas que no tomaba eran cinco al  día, que era cuando estaba trabajando y unas cuantas horas cuando dormía, pero dormía porque estaba alcoholizada y despertaba para seguir bebiendo.

Mi botella de tequila formaba parte de la canasta básica de mi hogar, tuve tres hijos a los que hice sufrir muchísimo con mi alcoholismo, siempre cuidándome, estando al pendiente de que no me fuera a ahogar con mi propio vómito, me bañaban porque ya no me sostenía parada mucho tiempo, se turnaban para cuidarme, me daban de comer en la boca y me restringían el alcohol, pero no contaban con que yo, cuando se descuidaban, le hablaba a mi ex esposo y él iba y me llevaba alcohol para que según él no me fuera a morir en una cruda.

Me hice una persona antisocial, primero porque me gustaba estar sola con mi botella y después porque ya nadie quería estar conmigo por latosa. A mi familia la cansé y a “mis amigos” los ahuyenté, llegé el momento en que me iba con mi ex que ya andaba en las mismas que yo y me perdía por días con él pisteando,  hasta que ya no traíamos dinero o de plano ya no podíamos mas.

 Tenía a mis hijos abandonados viviendo la angustia de no saber de mí. A él, lo metieron sus familiares a un centro de rehabilitación mientras que yo me escondía en hoteles con cantidades industriales de alcohol. Estuve al borde de la muerte por congestión alcohólica, traté de suicidarme y estuve en estado de coma por varios días. Era la vergüenza y el dolor de mi familia.

Mi ex pareja murió en un centro de rehabilitación y yo hasta el día de hoy sigo luchando por mi recuperación. Vivo en un anexo al lado de personas que quiero mucho. Presto servicio para regresar a otras mujeres alcohólicas y adictas un poco de lo mucho que a mí me dieron. Tengo que agregar que todavía me siento muy mal por no haber podido hacer nada por la persona que amé tanto y que hasta la fecha siempre pienso en él.

 En el mes de febrero cumplió tres años de muerto, los dos tuvimos la oportunidad de rehabilitarnos pero él no quiso luchar y yo simplemente me dedique a lo mío. Traté de ayudarlo y no se dejó, a veces creo que debí haber estado a su lado, pero de la misma manera ahorita yo también estaría muerta. No sé que pensar o más bien ya no quiero pensar, quiero creer que sólo fue la voluntad de Dios.

Yo.

Julio 2011

Talleres Demac Chihuahua

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14 Sep10:32

Fuerza, gracias por tu honestidad

Por Li (no verificado)

Gracias por tu testimonio, con tu sinceridad otras verán que pueden ser dueñas de sus vidas y recuperarla, mientras hay vida hay esperanza, sigue adelante!