Talladoras de Palabras

Abril, 2010

Sexto ritual "A"

Pide y se te dará

Treinta y uno de diciembre del dos mil nueve, pasaban de las cuatro de la  tarde y yo aún recorría tiendas buscando algunos ingredientes para la cena en casa de mi hermana; mientras iba de un negocio a otro, me preguntaba cuales serían mis propósitos y metas para el nuevo ciclo.

No estaba muy segura de querer hacerlo justo ahí, algunas ideas sueltas asomaban como si estuvieran en las marquesinas de algún teatro apoderándose de mis pensamientos, yendo y viniendo. Llamé a mi hermana por teléfono y me encargó uvas, era muy tarde para encontrar un fruto tan preciado, por un momento olvidé mis cavilaciones.

Hice recuento de lo que significó el año que concluía: estaba viva, sana dentro de lo posible, con pan y fruta en mi mesa, dos hijos bellos y latosos, mi madre achacosa, pero linda, más sobrinos corriendo y brincando en las reuniones familiares, en fin, fue un buen saldo.

Los últimos días había recibido correos electrónicos con mensajes y deseos para año nuevo que, en resumen, contenían reflexiones sobre planear y aprovechar esas hojas en blanco del calendario y no desperdiciarlas a lo tonto. Pensamientos de Neruda, de Mario Benedetti, algunos movieron mis fibras sensibles, con otros solté una gran y espontánea carcajada.

Muchas veces he pensado que con tener salud, trabajo y bien a mi familia, lo demás es lo de menos; sin embargo, adquirí una gran deuda conmigo. Muchos años postergué tiempo personal que invertí en trabajar incesantemente, arriesgué mi salud, física y mental, descuidé aspectos importantes, lo disfruté sí, pero, al final del día, no me satisfizo.

El haberme inscrito a la Hermandad de Talladoras fue una excelente decisión y gran logro, la continuación de lo que empezó por diversión se ha vuelto un valioso medio de expresión, de autoanálisis y ha abierto posibilidades no experimentadas.

Respiré profundo y decidí que el año que estaba por iniciar incluiría sin duda los siguientes conceptos:

  1. El ser humano es por naturaleza bueno, aunque todos tenemos demonios que debemos dominar. Evitar prejuzgar.
  2. Disfrutar el presente, único e irrepetible: aquí y hora.
  3. Cuidar mi persona, conmigo, sin mí y a pesar de mí. No sólo ser imagen, cuidar mi salud física, emocional y espiritual.
  4. Hacer a un lado el Ego, ser auténtica, espontánea, amar sin medida.
  5. Nada es imposible. Nada (Frase monumental de una campaña de Nike)
  6. Mejorar mi proceso de comunicación con el resto del mundo.
  7. Actualizar mis prioridades de tiempo en tiempo.
  8. Sonreír más a menudo
  9. Volver a dibujar y pintar
  10. Obtener pequeños y grandes placeres sin remordimiento, ni censura
  11. Oír más música, mi música
  12. Ser más selecta con los programas de tele que vea o de plano olvidar que existe (esto último es broma, por supuesto)
  13. Observar y estudiar a las personas que viajan en metro y escribir historias

Si bien no correspondían a los doce propósitos que se suelen hacen justo a media noche, si concordaron con motivos íntegramente personales. Faltó un decimo cuarto “Ten cuidado con lo que pides porque se te puede conceder”, hubo situaciones muy locas que nadie me creería que han venido a mi vida.

Terminé de filosofar y no encontré uvas de buena calidad y las que había estaban carísimas, pasé por mi mamá, mi sobrina y uno de mis hermanos, me sentí afortunada de compartir las últimas horas del año con ellos camino a casa de mi hermana, no siempre ha sido así. Agradecí en silencio la oportunidad de cocinar parte de la cena, de ver a mis sobrinitos jugar en la sala, de platicar con mi hermana, entre otras cosas.

Cerca de la medianoche mientras cenábamos olvidé mi lista de propósitos, en la televisión comenzó la cuenta regresiva “diez, nueve”… los deseos podían esperar, lo importante es que estábamos compartiendo juntos, riendo y creando historias para nuestras futuras generaciones, almacenando nuevos recuerdos. Terminó la cuenta y entre pláticas y comentarios hilarantes ni abrazo nos dimos, seguíamos haciendo honores a la cena. Fue una cena más sencilla que la de otros años, aunque no por eso menos valiosa. Rompimos varias costumbres, no sacamos maletas y yo por lo menos no usé la consabida ropa íntima roja, verde o amarilla, no intercambio ni regalos personales. No extrañé la ausencia de las uvas. Hubo aspectos mucho, mucho más valiosos.

No obstante, algunas veces secretamente he deseado tener riqueza considerable y no depender de un trabajo para tener dinero, desearía extender sólo un cheque sin tener que llenar la cuenta primero, desaparecer mis deudas por arte de magia pero, pensándolo bien, sin esos retos la vida perdería el interés, como le ha pasado a muchos millonarios que por perder el piso y no encontrarle sentido a la vida han tenido que entrar en un “reality show” y renunciar a sus bienes terrenales para reencontrarse y descubrir un motivo más allá del numerario.

Es gratificante superar los “obstáculos”, salir airosa y trabajar en nuevas metas. Me he convencido que no basta con soñar, desear y tener una fe inquebrantable, además debo sentir en cada célula de mi cuerpo el gozo de la experiencia por venir. Uno de mis deseos más íntimos y descabellados ha sido el de tener una aventura con un hombre joven a quién apenas conociera, que me inspirara sexualmente y con el que pudiera experimentar sin miedo, sin violencia, dicho poéticamente: alcanzar el cielo y ver estrellas ¡ah! y sin que eso implicara compromisos como vivir juntos, checar tarjeta y otras linduras. Que me tratara con gentileza y generosidad, con seguridad, sin complejos, con imaginación. Ya sé que sonó difícil y de cuento. Una mujer que rebasa las cuatro décadas, como diría Arjona.  Sin embargo, he deseado y sentido como sería ese momento y he tenido la certidumbre que ocurriría.  Recordé la poderosa frase: Pide y se te dará. Ya pedí.