Viaje de regreso a mí misma
Vanessa Merlo
Llevaba horas así. ¡El dolor era tan intenso! Sentía que en cualquier momento mi corazón dejaría de funcionar de un momento a otro o que ya no tendría las fuerzas para respirar. De verdad creí que la gente podía morir de tristeza. Nunca en mi vida sentí un deseo tan intenso de desaparecer. Jamás sentí tanta miseria, desconsuelo, rabia. Era como una dosis de veneno que aumentaba cada segundo en mi sangre. Ni siquiera con todas las cosas que ya había experimentado en mi vida, desde no tener donde dormir, hasta comer comida que encontraba papá en la basura. Cuando mamá se fue de la casa y no sabíamos donde estaba, nada, nada de lo que había experimentado antes me había derrumbado de esa manera.
La mitad de la noche la pase dormida en el suelo, hasta que Ana Laura –quien ya se ha ido a seguir su camino a otra vida después de esta, como ella creía y que me dejó tanto- me recogió y me puso en la cama. Tenia la cara mojada en llanto y mis ojos estaban casi cerrados por la hinchazón de tanto llorar. Fue la primera vez en la vida que supe lo que es “perderse”. Era como andar en un desierto sola, sin nada, sin nadie, sin fuerzas y sin tener la menor idea de qué dirección seguir.
Al siguiente día las cosas ya no eran tan dramáticas, pero los sentimientos no eran diferentes. Martha, quién ha tenido que “suplir” a mi madre por varios años, llego a visitarme, yo la llamé. Eso ya era mucho decir, pues yo siempre lidiaba con mis problemas sola, no buscaba ayuda. Pero esta vez…, esta vez era diferente. Algo dentro de mí se rompió, o mejor dicho, se terminó de romper, porque las cosas no pasan de un día a otro. A veces nos vamos destruyendo por dentro poco a poco sin darnos cuenta, o sin querer darnos cuenta, porque es más fácil así. Fue un colapso. Después de mucho tiempo y dolor innecesarios que yo me infligía a misma y de haber comprendido aquellas palabras que Ana Laura siempre decía “Todo, todo lo que nos pasa en esta vida es solo aprendizaje, aun las peores cosas que nos puedan suceder, pero depende de ti aprender“, me di cuenta de que no era la situación que estaba viviendo, era yo misma el problema. Por supuesto que tenía que sentir dolor, eso es un proceso normal en los humanos, pero no tenía que experimentar tanto sufrimiento. Era tan simple… Pero supongo que tenía que suceder de esa forma y sólo así poder entender todo.
Yo estaba encogida en la cama, llorando aún. Martha me miraba serenamente desde el sofá, su cara iluminada por los rayos de luz que traspasaban la ventana a sus espaladas.
- Pareces una niña chiquita con un juguete que no quiere que le quiten-me dijo con esa suave voz que tantas veces me ha ubicado- Si Oliver es para ti, va a regresar, si no, simplemente tendrás que seguir sola. Las personas no nos pertenecen Vanessa.Él no es para ti. Y es algo que él tiene muy presente, por eso se esta portando así. Tiene miedo de estar con alguien como tú, porque se siente inferior a ti y es difícil para él seguirle el paso a alguien con tu personalidad.
Nunca en la vida real conocí a un hombre tan enamorado como Oliver lo estaba de mí. Era la envidia de mis amigas, casadas y solteras. No había nada que él no hiciera por mí y para mí. Todo era en pares en la casa, todo era nosotros, tu y yo, vamos, etcétera. Dos años de vivir juntos y planeado nuestra boda para el próximo año. Las bodas nunca me gustaron, pero para él era importante, así que habría boda, pequeña y sencilla, un corto viaje y después, después, la vida… Nunca imagine que Oliver estaba a punto de convertirse en la persona que más dolor me causaría, de quién más tendría que protegerme y lo que tres años después vería como la lección más grande mi vida hasta hoy.
Pero el gran error es creer que porque alguien te ama y hace cosas por ti y porque esa persona es lo “más grande que tienes en la vida”, según tú, porque en realidad la persona más grande que tienes en vida eres tu misma y nadie más; decía que un error muy grande es creer que esa persona es tuya, que te pertenece y que no hay razón para que se vaya, que esta hecha para ti. Esa idea te acarrea un inmenso sufrimiento, a ti y a aquellos a quienes amas.
El problema comienza mucho atrás en tu vida, porque desde pequeñas vivimos con una sobre dosis de ideas erróneas sobre el amor en pareja, el de las telenovelas, las películas de Hollywood, la publicidad, la música… No aprendemos a amar, aprendemos a idealizar, a controlar, a tener expectativas erróneas de los demás y a condicionar, a entregar sin pedir a cambio o lo opuesto, llegamos a perder nuestra individualidad porque nos creemos peores o mejores con o sin aquellos que amamos, creemos que podemos o no podemos hacer las cosas si esa persona está o no con nosotros, dejamos de ser nosotros para convertirnos en lo que no somos porque nos convertimos en una extensión de la otra persona.
Pasaron tres años para comprender esto. Tres años de vivir como un fantasma. Tres años costó encontrar y recoger los pedazos de mi alma regados por todos lados. Recogí poco a poco esos pedazos, no sólo de mi alma, sino también de mi corazón y reconstruí mi vida de nuevo. Entendí claramente que enamorarse no es entregar tu vida a nadie ni que la otra persona te dé la suya. Las personas no nos pertenecen. Ellas están con nosotros porque quieren estar y estarán hasta que quieran y en ese momento tienes que dejarlas ir. Y a los hombres hay que amarlos hasta que ellos nos amen, solamente, no antes no después. Y algo muy importante, nunca te quedes al lado de alguien que te demostró que puede herirte, porque vivirás con esa culpa y lo peor es no poder perdonarse a una misma.
Ahora, casi cuatro años después de aquel inesperado rompimiento, nada ha sido y no será igual desde entonces dentro de mí. Tal vez Ana Laura tenía razón, tal vez las cosas tenían que suceder así. A veces es necesario perderse, para poder encontrarse a una misma.
Hoy mi mayor miedo no es perder a alguien, sino perderme a mi misma. He trabajado mucho para que eso no pase, pero el proceso ha sido largo y doloroso y aun no he terminado asumiendo la responsabilidad de mi propia felicidad y libertad sin cargárselas a nadie más. Cada día esto es un gran reto, pero es la manera más digna de vivir y al final, la más feliz. No sé si me he encontrado ya, de hecho creo que no, pero de lo que estoy muy segura es que en el regreso del viaje a mí misma, estoy en el camino correcto.
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