RedPRO

Noviembre, 2010

La seducción de la poesía.

Por Teresita Durán

El valor semántico viste la connotación, fuerza y seducción de las palabras para cautivar al destinatario del mensaje; principio de la teoría del discurso, posibilita la creación infinita de significados. Es tal, el poder de esa libertad, para  los hablantes de todos los idiomas, pues son capaces de expresar en forma oral y escrita, una cantidad incuantificable de significados. Los conceptos están en el fondo de las palabras.

Gracias a las capacidades innatas del ser humano, el lenguaje representa simbólicamente el pensamiento, las emociones, experiencias y los conocimientos. Estas bondades del potencial del hombre, son el medio para comunicar y socializar la riqueza cultural de las comunidades. Si bien, la escritura es una herramienta para evidenciar el conocimiento, es también, un medio excelente para la comunicación entre los individuos; lo cual permite reconocer su funcionalidad y propósito como recurso social, en la vida de los pueblos.

Independientemente de la lengua, nación o civilización, la palabra escrita perdura en el tiempo y en el espacio; por ello, el reconocimiento universal del trabajo literario de hombres y mujeres, porque su legado, se conserva de generación en generación entre las culturas. Ya sea un texto informativo, humorístico o literario, escrito en prosa o verso, tiene una intención propia, un destinatario y una estructura. La fuerza de las palabras está en su significado, cada significado comunica la intención de su valor; así, al escribir o leer, podemos interpretar el contenido de la expresión y comprender la secuencia de sonidos.

“La magia de la poesía transforma el pensamiento, enaltece la sensibilidad…”es a través de los sonidos engarzados en la cadencia de los versos, cuando se percibe la música de las sílabas; cuando el valor simbólico de las palabras toca las fibras del espíritu y anida en el pensamiento. Dice Alex Grijelmo (2007) “El lenguaje del amor dispone de muchas palabras que seducen por sí mismas, independientemente del uso o lugar en la frase: labios, boca, corazón, sonrisa, ojos, manos…”. En particular, las composiciones poéticas recurren a los significados de las palabras para representar imágenes; así, encontramos la belleza arropada en cada verso, el lado luminoso de los astros, la frescura de la aurora o la fogosidad en el beso de los enamorados.

Cuando el amor es adicción (Fragmento) **

 

Quiero esconderme en tus brazos,

sentir el fuego,

prenderme

de tus labios encendidos.

 

Asomarme a la ventana de tus ojos,

mirar en el cristal de tu alma

el capullo de alegría

cuando brota.

 

Refugiarme en el rincón de tus pupilas,

despertar con los lirios

y el perfume de las rosas.

 

Construcciones como las anteriores, asocian emociones y pensamientos con los conceptos de ternura y cariño, palabras que ofrecen posibilidades de seducción; ahí están escondidas las imágenes. Mujeres atrevidas han desnudado el alma para exhibir la pureza de su sensibilidad y la riqueza del pensamiento.

La seducción es implícita. ¡Qué forma de dejarse seducir! Entregarse por completo a la secuencia de palabras, navegar entre líneas, viajar entre arquetipos y sumergirse en las profundidades de las metáforas, son algunas de las posibilidades del poeta y sus lectores.

La poesía se vuelve una llama ardiente, enciende emociones, evoca historias, pinta paisajes, refleja la desnudez del alma bajo el resplandeciente sol o ante la tímida luna. “La poesía acudió a los sonidos seductores, conocedora de ese valor inmenso; el lector se deja conquistar por la belleza y la evocación de las palabras del poeta” (Grijelmo, A.)

** Del poemario “Dos motivos”. (Durán, T.)

*Periodista

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