Las Atrevidas

Abril, 2011

Se hicieron novios el día del cumpleaños de él, se casaron en el de ella...

Cuando se hicieron novios era 1957, cuando ocurrió aquel temblor tan fuerte que tiró el Ángel de la Independencia (a propósito del año del centenario y del bicentenario, ¡ah! y del mundial, claro). Cuenta mamá que se postraron de rodillas en medio del temblor mi abue y ella y que oraban: “Glorifica mi alma al señor, y retiemble en sus centros la tierra”.

Lo imagino a él con copete envaselinado y chamarra de cuero, en aquellos años rocanroleros, cortejando a la bella cajera (de ampona crinolina):

-Señorita, tiene que salir conmigo, es un asunto de vida o muerte- ¿Quién iba a imaginar que con aquella dramática frase comenzaría toda una historia, su historia?

-¿Por qué de vida o muerte? ¡Me asusta!- contestó ella pretendiendo ingenuidad.

-Porque hoy es mi cumpleaños y si no sale conmigo, me muero- ¡Y funcionó!

¿Quién les iba a decir que iban a emprender toda una aventura juntos?, que iban a recorrer un largo camino así, apoyándose siempre el uno al otro, dándose aliento, tomados de la mano y tomando una mano se va sutilmente encadenando un alma.

Un camino que prometía ser fácil, pero que para nada lo fue: del D.F. a Puebla, de Puebla a Toluca, para por fin establecernos de nuevo en Puebla. Un camino por donde a veces no se veía claro cómo o por dónde seguir. Pero siempre, siguiendo adelante.

Y mientras recorrían ese camino, se hicieron acompañar de un pasajero más cada dos años más o menos. Llegamos uno a uno a aquella casa en la colonia Roma Sur, donde vivieron mis abuelos, donde crecieron mis tíos, con quienes papá se entrenó como papá, sacándolos adelante antes que a nosotros. ¡Doble triunfo! Estudió ya casado

Y hoy, en su boda de oro, a nombre mío y de mis hermanos quisiera decirles:

Los admiro, los respeto, los amo y les agradezco una niñez y una juventud sin carencias, ni materiales, ni de amor, paciencia y cuidados. Tranquila, libre y feliz, hasta podría decirse color de rosa. Nos dieron sus mejores años, su vida, la vida.

De él:aprendí el trabajo duro, lo recuerdo todos los días de mi vida trajeado y arreglado desde muy temprano para irse a trabajar. Nunca vi que faltara al trabajo.

Admiro también su amor por el deporte, aún juega frontón ¡y gana! Su constante superación en la vida, terminó su segunda maestría a sus setenta y sigue estudiando. Su entereza y valor para afrontar acontecimientos tristes. Su incansable lucha diaria, en la que no  faltaron tropiezos (piedritas en el camino), como: quedarse de repente sin trabajo y tener que seguir pagando renta, colegiaturas (cinco), y todo lo demás. Y nunca nos hicieron partícipes de esas preocupaciones y problemas para no empañar nuestra dulce infancia. Sin embargo, seguía adelante con la frente en alto y así nos enseñó.

De ella: no le regateo tampoco sus méritos: la abnegación, su bondad, alegría, ternura, su amabilidad, su linda voz, sus guisos, sus pinturas, tejidos y costuras, el saber mantener tanto amistades, como a una familia armónica, unida y feliz. Me encantaba contemplarla limpiar cantando (Eddy Gormé y los Panchos), y llenar la casa de flores.

El haber salido adelante a pesar de las difíciles situaciones que afrontó en su niñez y juventud, el seguir estudiando aunque nadie se lo exigía así. Nos enseñó a ser positivos, a valorar las cosas buenas y a eliminar lo malo, filtrarlo y rescatar lo bueno.

Hoy que llego a visitarlos, me reciben un par de abrazos, porque un hogar sin abrazo no es hogar. Hoy que recorro mi propio camino, los contemplo en la tranquilidad de sus años dorados. Hoy me doy cuenta de su gran sabiduría y me duele no haberlos escuchado desde mi soberbia juventud, eso una lo comprende y valora hasta ser madre.

Ante una humeante taza de café, me encuentro con dos pares de ojos que me miran como yo a ellos, con benevolencia y cariño, platico de mí, me intereso por ellos, y así, ante la elocuencia y la paciencia, la ternura y la ecuanimidad, recibo consejos.

Sé que cuento con ellos, su par de bendiciones me acompañan toda la semana, me siento reconfortada, segura, con un renovado sentimiento de pertenencia e identidad.

En el camino recuerdo travesuras y anécdotas como nuestro juego del juicio para arreglar pleitos, nuestros paseos y vacaciones, cuando Fred se columpiaba como Tarzán en el árbol, cuando tuvieron que ir al colegio porque Charly tumbó unos dientes, cuando Lety no podía faltar a las fiestas porque iba a ir toooodo el salón, o cuando Tita y yo nos cubríamos las espaldas para ir a la disco. Me tienen aquí, tragando aceite, decía papá.

Pienso también en tantas clases de karate, de baile, de música o de inglés, a las que aún asisten, ahora para contemplar a sus nietos, ya no les toca educar, sino consentir y mimar, y debo admitir que son muy buenos en ambos menesteres, así lo podrán corroborar: Chris, Alan, Paul, Alfre, Fanny, Geo, el otro Alfre, Ana Pau y Fer.

Y me queda una agradable sensación: que tuvieron una vida plena, de lucha y logros, que somos una familia como tantas, con problemas y preocupaciones, también colmada de bendiciones y alegrías, a la que me siento muy orgullosa de pertenecer.

Gente muy querida se quedó en ese trayecto de medio siglo: nuestro querido y buena onda tío Arturo, el deportista Agus, nuestra adorada y tan recordada abue, miembro tan importante de esta familia, la risueña y siempre divertida tía Elsa y tantos otros amigos y compadres que no mencionaré por temor a omitir a alguien. Sabemos que están aquí para felicitar a Juanita y Alfredo, mis padres, por su gran labor de medio siglo. Qué bien que, se hicieron novios un cumpleaños de él y se casaron en el de ella.

Martha Elena Villaseñor

 

¿Qué te pareció este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx

28 Abr21:58

RESCATEMOS LOS VALORES PARA CONFORMAR FAMILIAS VALIOSAS

Por Catalina A. Castañeda Estrada (no verificado)

Bien dices, Marha, afortunada eres de pertenecer a una familia tan bella, llena de valores, ojala y entre los secretos de los abuelos  y los padres nos pudieran revelar como le hacian para no cometer tantos errores como lo hacemos estas nuevas generaciones, el respeto se ha perdido y tantas cosas valiosas que vale la pena rescatar. ¿Cómo podían tus padres en medio de las crisis financieras salir adelante sin hacer participes a sus hijos de dichas situaciones?, como bien expresas en tu relato para no empañar su dulce infancia, hoy en día nos embuímos tanto en los problemas de cualquier índole que sin querer no tenemos el tacto de ser discretos o peor tantito nos llevamos a los hijos entre las patas, hay padres que en medio de sus pleitos conyugales hasta agarran a los hijos para echarle tierra uno al otro y  peor aún buscan que los mismos hijos tomen partido de sus problemas, ¡que equivocados estamos!, verdaderamente es un ejemplo de vida y un gran orgullo para ti, el tener un padre con un deseo incesante de superación, que les inculco el valor del trabajo y la disciplina y también son muy reconocidos los méritos de tu madre, esa es una pareja real conformada por amor verdadero, y es un hecho donde hay buenos cimientos la casa es fuerte.

Felicidades por pertenecer a un hogar lleno de amor, yo creo que en México aún existen muchas familas así y las nuevas generaciones debemos aprender de todos estos aspectos positivos para perpetuar la felicidad y el verdadero sentido de la familia.