*Rosa Chávez Cárdenas
Cuando miro hacia atrás, han pasado cuarenta años… durante mi adolescencia quería ser hombre, y cómo no, si conocía la cantidad de privilegios que gozaban. Las diferencias de género se sufrían, a las mujeres nos educaban para ser obedientes y serviciales, hacer de comer, bordar, y todo lo referente al cuidado de la familia, afortunadamente mi padre nos involucró desde pequeños al mundo de los negocios. A pesar de contar con servicio en casa, teníamos que aprender las labores del hogar, los juegos a la cocinita, la maestra, la doctora, al banco y los cheques de huele, me dieron las herramientas para mi vida presente. En cambio a los hombres los perjudicaron al darles privilegios de reyes, se mostraban engreídos, mandones con las mujeres para disimular su dependencia, se daban el gusto de tener varias parejas, claro, te recordaban: “tu eres la catedral, las demás son las capillitas”. ¡Son hombres!
A lo largo de la historia, la mujer ha sufrido marginación, los logros de lo que es hoy en día forman momentos definitorios, pérdidas, cambio, riesgo, transformación, relaciones de inequidad y supervivencia, evolución de forma diferente a la vida de los hombres. “Hasta el niño Dios es hombre, por eso el cielo es azul”, me compartió mi sobrina.
En cualquier parte del mundo la mujer conoce la sensación de impotencia que acompaña la marginación, sabe lo que significa ser mujer en un mundo diseñado principalmente para el hombre, desgraciadamente en muchos países la mujer sigue muy segregada, la violencia es parte de la vida cotidiana. El espíritu de nuestro tiempo está en movimiento constante, no sabemos que nos depara el futuro al respecto de la equidad de género, la lucha por equilibrar los opuestos ha dejado resultados positivos, sin embargo hay demasiada ansiedad y mucho miedo actuando en el mundo.
La equidad de género modificó el modelo de pareja, nos fuimos al opuesto. Es un hecho que la mujer está más preparada que las generaciones anteriores. Más de la mitad de la población activa son mujeres, sin embargo más del ochenta por ciento reciben bajos salarios y poca o ninguna prestación, si ganaran de manera equitativa lo que reciben los hombres, la tasa de la pobreza se reduciría a la mitad. Las mujeres se incorporaron a la carga laboral de manera vertiginosa, las estadísticas muestran un incremento de familias uniparentales, madres solteras, divorciadas o abandonadas, que soportan la carga laboral de sostener una familia. Hoy por hoy está mas revolucionada que el hombre, desgraciadamente en cuanto a los roles de pareja no encuentran el equilibrio.
El poder que ha adquirido la mujer, ¿asusta al hombre?, al parecer la atracción sexual en el siglo 21, aún se alimenta de los estereotipos del siglo pasado. Las mujeres igualan o superan a los hombres en educación y en el campo laboral y ponen en jaque a la dinámica de la relación de pareja. En nuestro país las mujeres exitosas tienen problemas para encontrar pareja, el rol tradicional sigue presente; la mujer quiere sentirse protegida y a la vez quiere ser independiente, el hombre admira a las mujeres exitosas, pero quiere ser el que domine en la relación, al intercambiar los roles las presiones sociales son crueles, cuando el hombre se queda en casa al cuidado de los hijos, lo tildan de “mantenido”.
Veamos algunos ejemplos:
Bety vive en unión libre con el padre de su hija, trabaja desde la adolescencia igual que su madre que se quedó al cargo de sus hermanos. Sin un modelo de pareja de un padre proveedor, aprendió a que la mujer lleva a cabo los dos roles. Me compartió con preocupación los retos que enfrenta con el nacimiento de su hija, los gastos se le incrementaron: – Es que no le pido nada, mi ropa, el carro y todos mis gastos los pago yo-me comentó con orgullo. – ¿Entonces para que tienes pareja?-le pregunté -con esa actitud lo estas apartando de tu vida.
El hombre teme a las mujeres independientes.
Karen tiene varios años de divorciada, se enamoró de un hombre con el que encontró mucha afinidad, cuando abrió sus sentimientos el le comentó sus temores: -me siento chiquito junto a ti. Karen trató de convencerlo de que lo profesional nada tenía que ver con sus sentimientos, a pesar de los miedos lo intentaron por un tiempo, sin embargo el ponía distancia y no se comprometía, hasta que cansada de jalarlo, le pidió: -dime ¿en qué estoy mal?. Su respuesta fue contundente: “te amo, pero no me puedo sentir menos que tú”.
El hombre busca mamá.
Teresa trabaja como ejecutiva en una empresa, se queja de que sus relaciones de pareja duran muy poco: “estoy confundida y no sé como comportarme, ser sumisa no me queda, y cuando tomo las decisiones corro a los hombres”. Hace dos años vive con un hombre ocho años menor, gana menos del cincuenta por ciento que ella, sin embargo se han acoplado de tal manera que los dos se ven muy felices. – Yo tomo casi todas las decisiones importantes-comentó Tere, a veces siento que tengo un hijo, más que una pareja, sin embargo disfruto su manera tan despreocupada de vivir la vida.
LOS RETOS
Psicóloga, Homeópata, Terapeuta Fam. y de Pareja
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