Patricia Fregoso F.
CERESO de San Miguel, Puebla
No puedo citar una fecha exacta, pero llegan a mi mente recuerdos de familiares, maestros y personas mayores que seguramente ejercieron gran influencia en mi manera de ser, de pensar y de sentir.
Nacemos libres y a través de la convivencia con los seres que nos rodean nos vamos contaminando o enriqueciendo de ellos.
Es común observar a un adulto reprender a un niño, lo amenaza, lo asusta y lo hace sentir culpable e inseguro, de ese modo crecemos, albergando temor, miedo y algún rencor, y seguramente aceptamos esa información registrándola en nuestras mentes.
Cuántas veces escuché a alguien decirme “tonta”. Tonta por derramar agua en la mesa, y de ahí seguía un recordatorio de las muchas veces que con anterioridad no había tenido cuidado y cometía alguna falta, tan grave que ameritaba regaño, castigo o algún golpe, “tienes que ser más delicada, menos tonta”, “nunca te vas a casar”, “¿quién te va a querer así?”, “¡niña, eres la piel de Judas!”.
Viví rodeada de mujeres “decentes” (reprimidas), acostumbradas a cumplir con el rol que la sociedad les impuso; mujeres que no supieron luchar por sus sueños, sino por el ideal de alguien más. Mujeres, madres, esposas, hijas, amigas y hermanas con sus frustraciones a flor de piel, incapaces de confrontar, de levantar la voz, de alejarse y colocarse en un lugar más seguro o ventajoso.
Mujeres a la sombra de un hombre, mujeres que ignoran su valor, enamoradas de la boda, de un vestido y de las cosas materiales que les proporcionan sus maridos si son “buenas esposas”.
La competencia es desleal, pues ahora ya eres una mujer moderna, tienes que trabajar y contribuir con los gatos de la casa, limpiar, cocinar y vigilar la alimentación y salud de los demás, mantenerte joven y atractiva para que no te cambien por otra. Poco a poco pierdes tu esencia y te conviertes en un objeto, te vas olvidando de ti y te diluyes entre el vacio colectivo de las demás.
Finalmente tenemos la misma carga de las mujeres de “antes” y tampoco luchamos por nosotras. Yo no comparto la idea de que valgo por el hombre que da su apellido. Antes de casarme yo ya tenía el mío. Y no creo que detrás de un gran hombre, esté una mujer, sé que están al lado y muchas veces delante de él.
Espero que la vida me siga enseñando caminos distintos de los que me inculcaron y que pueda cuestionar y formarme mi opinión, borrando la información que en algún momento registré y acepté como un credo.
La felicidad es responsabilidad de cada uno, así que espero tener a mi lado un hombre que me complemente y yo lo complemente, aceptando que no es mejor, ni peor que yo, que somos distintos y valiosos por el simple hecho de ser, no es necesario competir.
De niña no es fácil escoger la información que se nos da. Afortunadamente hoy sé que mucho de lo que mis padres o abuelos me dieron, fue lo mejor que tuvieron en ese momento. Me dieron mucho más con sus silencios, sus besos, caricias y con darme la mano y ayudarme a caminar.
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