Talleres Puebla

Julio, 2011

La resurrección

Es inmensa la admiración que siento al comprender el portentoso milagro que logra: el nacimiento de la escritura.

Como verdadera línea de demarcación, la escritura señala el paso de la prehistoria a la historia de la humanidad.

Es excepcional la abstracción lograda por el cerebro del ser humano al representar, con una serie de objetos dibujados, los primeros sistemas de escritura convencional, en los que un grupo de hombres acepta que una misma imagen es la representación de un mismo objeto. Por ejemplo: un sol simboliza el día, mientras que una luna simboliza la noche.

Sin embargo, este notable progreso, que duró un periodo incalculable, constituyó, con el paso del tiempo, una exigencia cada día más grande, y a medida que el saber de la comunidad crecía, se hacía más urgente la exigencia de escribir los asuntos más diversos e importantes.

Todos estos conocimientos, en la época de la tecnología trepidante que nos envuelve, parecen quedarse como un mero ensayo de historia o de literatura, que las más de las veces parecerá una tarea escolar.

Pretender comprender de un sólo tajo la maravilla que es la escritura de cualquier lengua, a partir de signos convencionales, a través de los cuales se ha podido revivir la historia de una raza, el origen de un misterio, la sabiduría del pensamiento, el asombro de una idea, el encuentro con el intelecto, la creación, el arte, la belleza literaria, los sentimientos del enamorado, las emociones de la compleja mente humana, los hallazgos y descubrimientos más inimaginables, supera cualquier utopía.

Aquí y ahora, con ésta que soy, reflexiono: en cualquier tiempo y lugar, las  frases están hechas de palabras y el poder de las palabras es maravilloso.

Su poder nos hace pensar, reír, llorar, amar, orar, nos puede conducir a la superación, o a la destrucción. Todo esto, a través del código de la escritura. ¡Con las palabras aprendemos  tantas cosas! Tantas que hasta nos atrevemos a calificarlas, a jugar con ellas, a apreciarlas, a examinarlas, a conceptuarlas. Palabras, ácidas, frías, amargas, sonoras, fuertes, dóciles, dulces, tiernas, roncas, canoras, esperanzadoras.

Lo mismo se puede decir de las ideas expresadas en palabras.

¡Qué regalo tan maravilloso es cualquier lenguaje, pero mil veces mejor es apropiarse de la escritura de cualquier lenguaje!

Sí, me admira en extremo pensar en la escritura, como en una forma de trascender mis pensamientos, emociones, versos, legados de amor para mis hijos.

La escritura es la resurrección de la vida. Es el regalo de todos los dones.

Es entender la vida en su magnificencia.

Es comprender la resurrección de mi propia existencia.

 

Lidia Guadalupe García Hernández.

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