Talladoras de Palabras

Diciembre, 2011

Quinto secreto Marina Baranda

 Vórtice

Los recuerdos son muy vagos. Traté de ocultarlos tan bien que ahora me cuesta mucho encontrarlos. Apenas se asoman. Pensar siquiera en ello me altera, siempre me ha entrado una crisis de llanto y la piel se me eriza. Alguien hizo que mi vida se detuviera a los cinco años. Alguien me tocaba. Nunca imaginé que un simple acto me dejaría marcada hasta ahora y me haría temerle a todo. Que me haría sentir que soy una mujer tan desagradable, que mi cuerpo es sucio. Ahora mismo quisiera salir corriendo y gritar que nada me pasó a mí.

Esa fragilidad que sentía en esos momentos la siento siempre, se transforma, quiero decir que me veo a mí como una mujer frágil de la cual pueden abusar en todos los sentidos. Algunas personas me han dicho que no es así, que tengo una imagen equivocada de mí, que soy más fuerte de lo que imagino. Aunque me he atrevido a algunas cosas que otras personas no se atreven, yo me sigo viendo débil, sobre todo ante los hombres.

No sé qué tan bueno fue traer de nuevo ese recuerdo a mi mente. Siento como si cada vez que estuviera cerca de un hombre, me atacara. Desde que ese recuerdo estalló, no me he atrevido a tener relaciones. Siento que mi cuerpo es culpable de sentirse bien, que no tiene derecho. Recuerdo todas las veces que me he acostado con los hombres y han sido contadas las veces que lo he disfrutado. La mayoría de las veces deseo que termine, que se alejen. La primera vez que tuve relaciones fue con un novio, me gustó estar con él, fue muy tierno; pero cuando terminó me puse a llorar como una niñita y me encerré en el baño. Me bañé y seguí llorando. Varias veces me volvió a pasar, en ese momento fue algo inexplicable, pero ahora sé porqué.

En esos instantes me sentía sucia y que había defraudado la confianza de mi mamá. En casa siempre fue un tabú; recuerdo que cuando mi hermana mayor tuvo su periodo se asustó, porque mi mamá no le había explicado que esto pasaría. Descubrir la parte sensual en mí ha sido difícil. Desde niña, siempre me he anulado. Cuando íbamos a casa de mi abuela, me comparaba con las niñas y todas me parecían muy bonitas excepto yo.

Incluso en la calle me incomodan las miradas de los hombres, no sé qué hacer, siento como si me atacaran. Creo que no he aceptado que también en mí hay algo atractivo. Pocas personas me han dicho bonita, no sé realmente a qué se refieren, pero para mí es una palabra que nunca ha concordado conmigo. Que está lejísimos de describirme. También me pasa que cuando me dicen palabras halagadoras, quiero esconderme, echarme a correr. Considero que esa es la parte que me falta descubrir, quererme como soy, enamorarme de mí, y no pasarme admirando (a veces no sé si admirar sea la palabra adecuada, creo que es envidiar, para ser más precisa) a otras mujeres y ponerlas en un lugar que me parece imposible alcanzar.

Tengo que dejar de romper mis fotografías, esconderme de los espejos y evitar la cámara. Enamorarme de la persona que soy y no la que creo ser. Me la he pasado dizque buscando sentido a la vida, como me canso de ello, me pongo a llorar y me siento desesperada. Esa sensación desapareció un poco cuando conocí a Mario. Con él me sentí como nunca me he sentido en la vida. Por primera vez me sentí como una mujer deseada. Con él llegué a disfrutar la suavidad de mi cuerpo y de la vida. Me sentía querida. Sólo que cuando se fue, volví a sentirme como siempre. Incluso si le quito todo lo romántico, con Mario también me sentí utilizada. Siento que eso es lo único que puedo ofrecerle a los hombres, sexo, que en mí hay mucho vacío. Ese vacío me ha llevado a rechazar la idea de ser madre, por temor a que se repitan los mismos patrones que detesto en mí.  

Casi soy mamá. Antes imaginaba cómo crecería mi pancita, hasta sentía una especie de cariño por esa sensación. Creía que sentir que algo cálido crece dentro de ti es muy tierno, pero cuando comprobé que estaba embarazada esa sensación se convirtió en algo indeseable. Esas noches eran terribles, pensaba que mi vida cambiaría completamente; también que me tragaría mis palabras, pues he dicho que no quiero tener hijos, y ahora resultaría con la misma historia que mis hermanas. Me pregunté si deseo ser madre, en este momento no, y mucho menos con una persona tan egoísta como me parece que es él. Aún ahora no sé si realmente quiero tener hijos; si ya los hubiera tenido creo que trataría de cubrir los vacíos que siempre he sentido, con la necesidad de cuidar de alguien más. Me sentiría más frustrada de lo que me siento, me compararía con mayor razón con las mujeres (debería empezar por eliminar eso de  mi mente). Veía un documental sobre mujeres de África, decían que no se les consideraba mujeres hasta que tuvieran hijos, que a las mujeres que no se casaban se les consideraba incompletas y eran mal vistas por la comunidad. Creo que México no está muy lejos de esa realidad. Tengo 27 años y unas chicas me dicen que ya se me está yendo el tren, que por qué no me he casado. No lo he deseado, creo que las mujeres somos más que eso, que tenemos el libre derecho de decidir si queremos ser madres o esposas. Gran culpa de esto es que nos han intoxicado con cuentos de hadas. Que vivimos en un país que trata de cubrir su machismo dizque abriendo nuevos espacios para las mujeres, pero que veladamente le repite su condición de mujer. Y que nosotras como mujeres lo reforzamos.

Leí que a nuestra vida es a lo que debemos darle el mayor sentido, nunca he pensado en ello. Siempre he visto con pesar mi existencia y es lo que debo cambiar, porque no sé quién soy, no me reconozco como persona y mucho menos como mujer y menos aún puedo atreverme a aceptar los retos que implica. No me he permitido conocer la fuerza de lo que soy capaz de hacer o dar. Si sigo pensando así, creo que me seguirá pasando lo que me pasa, que mi vida sólo tiene sentido cuando estoy al lado de un hombre. Y seguir temiéndoles.

¡Ay!, es muy complicado reconocerse. Estremece.   

Marina Baranda

 

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11 Feb10:55

Para Marina, de una hermana

Por Anónima (no verificado)

¡Cuántas cosas, Marina! ¡Qué duras y que fuerte has sido!

Me concentro en los 3 primeros párrafos de tus palabras: Ninguna vivencia de violencia sexual es inocua, benévola o "se supera" simplemente olvidando, perdonando, negándo sus efectos.

No tengas miedo, estás en medio de una crisis-catársis, aprovecha su lucidez y vérigo emocional, cree en ti misma, en tus sueños, en tus pesadillas.

Ahora sólo tu puedes hacer un nuevo mundo para ti misma. 

Con sororidad, otra-tu.