Es una gran felicidad ver a nuestros hijos alrededor de nosotros:
pero de esta buena fortuna nacen las mayores amarguras del hombre.
Esquilo
Cuando leí estas palabras, tan sabias, me preocupé un poco de mi conducta. Tanto de madre, como de hija.
Y es que te encuentras a veces en un punto, en el que pretendes ser tu misma, asumiendo absolutamente la responsabilidad de lo que venga en consecuencia y de pronto ¡zaz! Recuerdas a tus hijos… recuerdas a tu madre, y terminas por frenar tus verdaderas pretensiones, por no “arrasar” con todo lo que has inculcado o te han inculcado a ti también.
No estoy queriendo decir con esto que me voy a tirar a la perdición ni nada por el estilo, pero la verdad siempre he sido tan cuestionada en cosas que deseaba hacer y nunca pude, que ahora, por ésta infame costumbre de pedir siempre una opinión… me doy cuenta de lo desatinada que estoy, puesto que estoy caminando a veces en contra de lo que yo misma creía.
El temor para mí, de realizar todo cuanto quiero… es hacer que mis hijos, en su corta experiencia de la vida, se desilusionen de mí… que mi madre le dé vergüenza nombrarme, aunque esto ya no es tan nuevo… en fin, el temor es derrumbar lo construido con tanto esfuerzo dedicación y entrega…para al último salirles a todos, ¡con que la destrampada ahora soy yo!
Este es el verdadero peligro, de aceptar ser una “Abuela atrevida”, porque mucha gente no te va a entender… no saben el nivel que has alcanzado, no se dan cuenta que tienes la enorme fortuna de haber cruzado una línea de diferencia, en la vida.
Sí, tenemos edad encima, muchos años ya… pero que viene junto con este montón de ayeres… el mayor tesoro de nosotros es LA EXPERIENCIA.
Hemos vencido en muchas batallas, nos levantamos de infinidad de sufrimientos, dejamos atrás aniquilados a esos miedos de juventud. Y seguramente ahora vienen disfrazados de otras formas, pero es diferente enfrentarlos, porque nosotros ya estamos vestidos de armaduras impenetrables… casi siempre, los esperas de frente, ¡jamás les huyes!
Sí, es cierto que las mayores amarguras que tiene uno en la vida son por los hijos, y precisamente son así, por el enorme amor que les tienes… ¿pero qué sería vivir sin haber experimentado también el sufrimiento?
El dolor es lo que realmente te da, el valor de ser… todos tenemos que sufrir por algo, por mínimo que sea, hemos sentido el dolor… ¿y cómo te sientes después de haberlo superado? Más fuerte… más seguro…más ecuánime… más caritativo…más noble…
Aquí la cuestión vuelve a ser…. EL SER… y después de haber escrito toda esta meditación en una noche silenciosa, me llega también la respuesta a mi cabecita loca.
No hay nada de qué preocuparse… lo que sembraste, eso cosecharás.
Esta esperanza, me calma a mí como madre… y espero que a mi mamá también.
¡No hay que rendirnos nunca!... tal vez causemos dolor a alguien, pero esto es algo inevitable… confiemos en que la gente que te quiere de verdad está preparada y superará todo… además cuando vean que en realidad vas en pos de un sueño… te respetarán aún dentro de sus críticas tan severas, y al final tal vez terminen diciendo… “cuando yo sea grande, quisiera ser tan valiente y soñadora como era, ella”.
María del Carmen Ginori Lozano
Una abuela atrevida
Desde Tijuana, B.C.
¿Qué te pareció este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx