RedPRO

Julio, 2011

La participación de la coronela

La participación de la coronela-23813

La participación de la coronela María de la Luz Espinoza Barrera en la Revolución Mexicana

Por: Rocío Gómez*

Doña Luchita, como la llamaban, es una de las pocas mujeres que tomó las armas durante diez años, de 1910 a 1920, y que obtuvo el grado de coronela por sus propios méritos. Siempre estuvo al mando del Gral. Francisco Mendoza, quien fuera uno de los generales que firmaron el Plan de Ayala. Su vida es tan apasionante que podría ser material para una novela. No conoció a su madre y fue “amamantada” por una chiva, que era como una madre para ella. Creció entre  becerros y aprendió a jinetearlos. Se hizo de un carácter fuerte y algo violento. No se identificaba con las mujeres. Al parecer, pensaba como “hombre” y actuó como uno de ellos, siendo soldado.

Nació por el año de 1887 en la ciudad de México. No conoció a su madre, pues falleció al dar a luz. Su padre era ya mayor, no trabajaba y poseía un rancho en Balbuena, de donde obtenía recursos, además de ser dueño de tres casas. De niña vivió en la Ciudad de México, en el callejón de California. Sufrió mucho la falta de su mamá, a quien nunca conoció y la cuidaba su hermana mayor. No fue a la escuela, en ese entonces se acostumbraba que maestras fueran a enseñar a los niños a sus casas, pero a ella no le gustó ninguna, ni sus clases, no le gustaba aprender el silabario, por lo que nunca aprendió a leer y escribir. Ella prefería el campo, jinetear con los becerros y montarlos, por lo que se dedicó a cuidar cabras.

En 1905 fue condenada a 12 años de prisión (aunque sólo estuvo cinco) por asesinato, en una pelea a muerte, a una mujer que era amante de su marido, la golpeaba y la maltrataba. Estuvo en la cárcel de Belén donde escuchó sobre la revolución. Seguramente que la estancia en este lugar tuvo mucho que ver con su decisión de tomar las armas al lado de Zapata, si consideramos que este lugar fue cuna ideológica del Partido Liberal Mexicano y que ahí estuvo Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, quien estaba encarcelada por participar en la conspiración de Díaz y otras mujeres encarceladas por sus ideas, es muy probable que hubiese entablado conversaciones con ellas. Al salir en 1910, ya tenía la inquietud de incorporarse al movimiento armado. Regresó a su casa pero no se sintió a gusto, no quería dar lástimas y no se sentía querida por su madrastra. Después de más o menos cuatro meses de no hallarse con su familia, decidió unirse “a la bola”. Al inicio se enroló para buscar a su marido y matarlo, pues le tenía mucho odio; pero supo que ya lo habían matado. De todos modos, ella continuó por los ideales de tierra y libertad.

MLB: “Estaba decepcionada y dije: Me voy a la revolución y si me matan, que me maten y me fui con el general Mendoza. Me arreglé con ellos y me hice general y él me pasó con varios generales… Era Carmelo. Era gente de Francisco Mendoza[1].

Parece que sus compañeros de tropa la trataron como si fuera hombre. Se vestía como los hombres, fumaba, bebía, jugaba baraja, dados y le temían. Realmente era de armas tomar, y capaz de matar a cualquiera que quisiera abusar de ella. ¿Dónde quedó la supuesta delicadeza, modestia y gracia femeninas?

Como ella dice: “una mujer se defiende como puede”, la mujer no es indefensa por serlo, ella es capaz de defenderse como pueda, aunque sea a arañazos, patadas, mordidas, pegándole en la nuca, etcétera.

No hacía labores propias de las soldaderas, como abastecer de comida, cocinar, lavar la ropa, cuidar enfermos, o no lo comenta. Se identifica con los hombres, como si fuera uno de ellos.

Cuando no había revolución estábamos en el cerro jugando baraja, cantando canciones, componiendo canciones, jugando dados. […] Comíamos fruta, hierba, tortilla dura que nos mandaban en unas mulas en la noche. Guayabas, verdolagas, nopales. […] Pasaban hasta cuatro días de no comer, no dormir y nos íbamos a los campos […] Estábamos tranquilos cuando, no había nada, que nos íbamos al cerro, más sin embargo, teníamos vigilancia. Gastábamos tan siquiera, pues contentos, jugando baraja por allá, otros para acá, otros durmiendo, otros comiendo, tortillas duras que nos daban [risas]. No  [ininteligible] una, pareja parada de mulas, con totopos, y nos daban un puñito a cada uno, hasta que alcanzara. Eso era nuestra comida, y un jarro de agua  cargábamos, o ánforas grandes… de las que les quitábamos a los huachi [ininteligible], cargábamos[2].

Subió de rango militar para llegar a ser teniente coronel con su esfuerzo, poco a poco, como en un escalafón. Muchas coronelas obtenían este grado para obtener protección o pensión. Sin embargo, Luchita fue de las pocas que lo obtuvo por méritos propios.

Su testimonio de la toma de Cuautla:

RB: ¿Cómo estuvo lo de Cuautla?

MLB: Ahí sí estuvo feo.

RB: Es decir.

MLB: Allí entramos, pero no como…entramos por los cuatro costados también, allá había harto pelón, harto y, allí si nos batimos luego. Porque se habían aparapetado los pelones hasta en la parcia, y tuvimos que haber hechado gasolina a la parcia y prenderle cerillo.

RB: ¿Y quién hizo esto?

MLB: Fue Zapata.

RB: Zapata. ¿Fue su idea?

MLB: Fue su idea. Y ya conforme íbamos saliendo, pues íbamos [ininteligible]. Pero ya habían [ininteligible], ya nosotros allí sí corría la sangre, como agua[3].

Sucedió el 8 de mayo en 1911, que en realidad fue terrible. Según Amador Espejo[4], duró 6 días y entraron a la ciudad, incendiándola.

También participó en el sitio de Jonacatepec, que le pareció menos pesado que el de Cuautla. El sitio de Puebla también le pareció pesado. Pero, ¿Cuál es la fuerza y motivación que le hacía luchar? Tenía un carácter muy fuerte y, para ella, no todo eran penas. Esta mujer luchaba por los ideales, que eran los que la mantenían. Peleaba por una nación libre y se unió a la causa con la idea, como muchos zapatistas, de que tenían que ganar. Ya no se sentía pertenecer a ningún lugar y encontró en la lucha revolucionaria, su espacio con una convicción de que la lucha era por el bien del país. Y consideraba que los zapatistas sabían por qué peleaban. Así nos lo dice:

RB: Y usted cree que los zapatistas sabían para qué peleaban, entendían qué es lo que querían?

MLB: Sí, cómo no íbamos a entender lo que peleábamos. Peleábamos: tierra, agua y libertad. Y peleaban que ningún desconocido viniera aquí a comprarnos las… este las tierras y sembrando los campos de México. Si nosotros no íbamos a buscar sus tierras, por qué ellos las buscaron aquí. Es cierto, la gente estaba muy pobre, es tal vez[5].

Esto  también le proporcionaba  una especie de satisfacción, como lo demuestra en el siguiente fragmento:

MLB: Y ya (ininteligible), así es que para mí todas [las batallas] fueron duras y todas sabrosas.

RB: ¿Por qué sabrosas?

MLB: Porque tan siquiera tenemos aquél orgullo de decir “¡Peleamos pero, con satisfacción! Comen ahora pero, por nosotros, malo es aquél (ininteligible) ¿verdad? , que nos trate mal, porque primero Dios, después de Dios ¿Por quién vive uno? Por los que ganamos, ¿qué hiciéramos hoy si nos hubieran ganado? Y estuviéramos debajo de las mesas de las demás naciones, comiéndonos las escamochas y encuerados, chillando. ¿Qué hiciéramos? Una desgracia, ¿verdad? Y siendo nuestro México; tan lindo y poderoso! No, yo, ni a otra nación le pido que, que le gane, a que ya, a que tenga su nación libre, ¿no es verdad? Ni a nosotros que nos ganen.”[6]

Después de que murió Zapata, entre 1919 y 1920, vivió en Yautepec y se dedicó a vender ropa como ambulante. Sus vecinos la conocieron como la Coronela o Doña Lucha. En sus últimos años, vivía sola. Era una mujer muy mal hablada, ruda, y a veces portaba pistola. Vivió de manera modesta y rentó en una vecindad en el mero centro de la ciudad de Yautepec, en un lugar donde se reunieron, en agosto de 1911, Zapata y Madero para establecer una serie de diferencias en cuanto al proyecto político y social de la revolución, al lado del proyecto democratizador de Francisco I. Madero. En esta reunión, ella debió estar presente. Ella eligió este lugar para vivir y rentó. Fue una de las veteranas de la Revolución reconocida con una modesta pensión en 1970[7]. Falleció el 23 de marzo de 1977. Sus restos yacen en el panteón de Yautepec, junto con los de su sobrino Fulgencio Barrera.

Esta mujer entró a las filas zapatistas en una situación de decepción y con convicción de las causas zapatistas: tierra, agua y libertad. Se nota que es una mujer de ideales, y en  la que el “orgullo” porque su grupo resultara vencedor, tenía un peso muy importante, también tenía gran fe en Dios y en la Virgen de Guadalupe. Ella reconoció a otras mujeres, que conoció en combate, como guerreras, y de quienes se nota tener buena opinión, pues nos dice que eran muy distinguidas. Ellas eran: la güera Miriam, Esperanza Chavarría, la China, Carmen la Costeña, de Guerrero, la Güera Amelia, la Loreto y una María.

Luchita se siente muy orgullosa de haber obtenido el grado de coronela por sus propios méritos,  quien se enroló en el Ejército Libertador del Sur y se puso a las órdenes del Gral. Francisco Mendoza de 1910 a 1920, siendo una de los pocos que estuvo activa con los zapatistas hasta el final. Al inicio no querían aceptarla debido a que era mujer, pero se vistió como hombre, aunque conservó en trenzas su larga cabellera, por lo que le llamaron La Pachona, entró como soldado raso y fue subiendo de rango hasta llegar al grado de Coronela en 1918.

Debemos comprenderla no a la luz de una razón fría, sino en el contexto de su interior tumultuoso, de su furia desatada. Ella no tuvo el amor y cariño de una madre, fue criada como por una chiva, en un ambiente salvaje, no se sentía pertenecer a ningún lugar, en la cárcel de Belén escuchó sobre el movimiento de la revolución y sobre Madero, conoció directamente a Zapata y es indudable que su admiración y su magnetismo la convencieron. Como ella misma lo describe cuando lo conoció: “parecía un santo, con su sombrerote, y sus bigototes, bien peinaditos”. Luchita nos dice que Zapata veía con muy buenos ojos a las mujeres arrojadas y valientes y que él decía “necesitamos más de esas mujeres arrojadas, gente que no se venda, gente que sea de fiar y se una a la causa”.

Ella no se identificaba con las soldaderas, mientras ellas cocinaban, lavaban ropa, curaban, daban sepultura o quemaban a los muertos, Luchita limpiaba armas.

 Después de la revolución estuvo deambulando por varios lugares, posiblemente como guerrillera. Su carácter era muy distinto a lo que se esperaba de una mujer, pues fumaba, bebía, apostaba en el juego y no le temía a los hombres, pues se podía participar en pleitos de borrachos fácilmente, hasta que decidió llegar a vivir a Yautepec, donde tenía un sobrino. Es curioso que llegara a vivir y pasar sus últimos días en el Hotel Central, un lugar muy emblemático del centro de Yautepec y considerado patrimonio histórico, pues cuentan que allí es donde se celebró una reunión histórica en agosto de 1911 entre Zapata y Madero, donde se tomaron decisiones muy importantes que afectaron el rumbo de la revolución. Vivió de manera modesta, cerca de su sobrino, pero sola, pues le gustaba ser independiente. Es una de las pocas mujeres que recibió pensión como Veterana de la revolución y sus restos yacen en el panteón de Yautepec, pocos saben de su historia y su paradero. Algunos consideran que es difícil haya participado en  tantas batallas, siendo mujer.

 

¿Qué te pareció este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx

 

* Es parte del Ensayo Ganador del 2do. lugar del Concurso Estatal de

Ensayo "Las mujeres morelenses en la Independencia y la Revolución" que organizó la Comisión Ejecutiva para las Conmemoraciones del 2010.



[1]ibid., p. 3.

[2]ibid., p. 18.

 

[3]ibid., págs 13-17..

[4] Breve Bosquejo Histórico dela Revolución en el Estado de Morelos V. L. G. (1910-1920), Cuernavaca, Morelos, Cuadernos Históricos Morelenses, Instituto Estatal de Documentación de Morelos.  

[5] ibid., p. 21.

 

[6] ibid., p. 20-21 (segunda numeración)

[7]Mildred Boyd, “Women at war” en: México’s Leading English Language Publication, January 2004, Guadalajara-Lakeside, Volume 20, #5. Tomado de http://www.chapala.com/chapala/ojo2004/womenwar.html