Talleres Puebla

Julio, 2011

El mundo de las mujeres

La mujer es la especie que ocupa más o menos la mitad de la población  mundial. En nuestro país, la mujer se encuentra en todas partes. Puedes salir de tu casa, y te encontrarás mujeres de todas las edades, que van camino a sus actividades cotidianas: a la escuela, al trabajo, al mercado, a la oficina, manejando, poniendo sus sentidos en el mundo que las rodea.

Las mujeres “son una especie superior” que tienen todas las capacidades de los varones, excepto su fuerza física, que es en lo único que se ven superadas. Pero, a cambio, las mujeres tienen la capacidad de soportar el doble del dolor que puede soportar un hombre.

Nadie se atreve a definirlas porque, sencillamente, cada mujer es como un universo por descubrir.

Puede tener las virtudes más apreciadas y ejercerlas por pura convicción, pero lo mejor es que puede lograr que sus hijos se inclinen a seguir por convicción propia los valores que en su casa desarrollan.

Puede ocurrir lo contrario y ser la primera en devaluarse, especialmente si se compara con quien cree que puede ser mejor que ella. Esta situación, lamentablemente, también puede ocurrir en un mundo que está dominado por el pensamiento masculino, en el que, según sus cálculos, la mujer vale menos que él.

Sin embargo, las mujeres que pasan de esa idea que los hombres y la sociedad han impuesto, para su propia conveniencia, conquistan y descubren sus enormes capacidades en los distintos ámbitos de la vida, y ofrecen una suma de cualidades propias al servicio y beneficio de los demás.

Cada vez hay más lugares ocupados por mujeres en los distintos campos laborales, aunque siguen permeando las injusticias sobre sus salarios o sobre sus derechos.

Las mujeres siguen siendo casi invisibles. Si buscas en los diarios no se ven más que un pequeño número de noticias que hablen de ellas, con ellas, o por ellas.

Su tarea radica en poner todo su intelecto al servicio de los demás, especialmente de los seres que más aman, aunque no siempre estos actos cotidianos, que los hombres pretenden derogarles, por su género, son vistos como de carácter obligatorio y sin ninguna remuneración, todo por tratarse de las labores propias del hogar.

Lo que ves por todos lados, en cualquier lugar, en cualquier momento, es a las mujeres que hacen posible, no sólo la reproducción, sino la buena marcha en los hogares.

Estoy orgullosa de ser mujer, llegué a esta conclusión. Nosotras somos casi invisibles, no ocupamos las grandes notas en el periódico, las noticias hablan de lo que hacen los hombres en los gobiernos, las guerras, los desastres, los deportes etc., y no dicen lo que las mujeres hacemos todos los días: cuidar a los hijos, revisar la despensa para que no les falte nada, ir al mercado, ir al trabajo, hacer la comida, recoger los platos, lavar la ropa, darle de comer al perro, y al final del día, ser madre, esposa amante, amiga, confidente, paño de lágrimas, consejera y, por qué no, proveedora, al igual que el hombre.

Las mujeres somos como el aire que no se ve, pero que es indispensable para vivir.

Lidia Guadalupe García Hernández

 

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