Día internacional de la mujer: Mujeres y hombres unidos contra la violencia que sufren las mujeres. Las Naciones Unidas celebrarán el aniversario del Día Internacional de la Mujer bajo el lema:
“Mujeres y hombres unidos contra la violencia que sufren las mujeres”. Hace un año lanzaron la campaña “Di NO”, vía internet, a la que se han sumado más de cinco millones de personas, hombres y mujeres, firmando una carta en la que se exhorta a poner fin a la violencia de género y a que los gobiernos tomen esta tarea como una prioridad dentro de su agenda política.
El esfuerzo es loable, sin duda, pero no ha sido suficiente, como se puede ver en nuestro país, en donde hace unas semanas, con motivo de la evaluación periódica que realiza la ONU a países miembros, fue publicado que en este rubro México está prácticamente “reprobado”.
Aunque algunas organizaciones sociales reconocen avances en materia de equidad de género, los testimonios hablan de una realidad que todavía no ha sido posible erradicar:
“Quizá tenía siete y ocho años… comencé a tener miedo, supe que algo malo estaba pasando, que me avergonzaba. Quien me hacía eso era mi hermano, que tenía como diecinueve años. Era un vago que se pasaba en la esquina de la calle con el Bilico y el Pois, sentados en una piedra, fumando, jugando a ver quién escupía más lejos. Se hizo frecuente cuando mi madre se iba al templo o a sus clases de corte: él me llamaba a su cuarto, me decía que fuera a jugar; yo sentía que se me apretaba el estómago… sabía que si me negaba, me jalaría las trenzas, me pellizcaría y acabaría haciéndome lo mismo pero con más dolor. Cuando eso acababa, me mandaba a jugar a la calle…”.
Este es el testimonio de Ana Candela, concursante de los “Premios Demac, para mujeres que se atreven a escribir su historia”, que deja muy clara la situación. Otro tipo de violencia la narra Martha M. de Soler, en su texto titulado “Te llamarás Rita”, publicado también por DEMAC:
“…Yo a mi padre le guardé rencor, se lo guardo y se lo guardaré. No sé si en realidad recuerdo o me contaron la forma en que le pegaba a mi mamá, tanto que nunca se pudo aliviar. Ella no era como mi tía, la hermana de mi papá, que nada más se llenó de hijos y les daba tan mala vida que los dejó a todos perdidos. Un día mi mamá tomó valor, y a mí, y nos fuimos…”.
Pero no todas se animan y cuando la violencia sube de tono se pueden provocar daños, a veces, irreversibles, como da cuenta el testimonio de Mariana E. Rosas, también concursante de los Premios Demac, pero, Penitenciarios… Desde la cárcel Mariana escribe:
“La puerta comienza a abrirse y mis piernas y brazos parecen moverse en cámara lenta. Se sienta a la mesa y corro por la cena. El cucharón se sumerge en la olla y dispara su odio contra su traje. Mis ojos se desorbitan, quisiera desaparecer. Su rostro se transforma y sus grandes manos retumban sobre la mesa al tiempo que su furia lo levanta. Hay centellas en su mirada; el estruendo de un volcán naciente en su voz… Huyo a mi refugio, con mi almohada, fuera del alcance de sus manos… Yo me quejaba de vivir en represión y ahora vivo encadenada; yo me quejaba de vivir aislada y ahora vivo el real y espantoso tormento de la absoluta soledad. Asfixiada por el encierro, atormentada por mis errores pasados, perseguida por su voz en el teléfono. Soy la esclava de un bulto que duerme sobre mi cama…”.
Por ello, las organizaciones defensoras de derechos humanos y de protección a la mujer insisten en que si bien es un logro contar con la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia, es necesario que este mandato se traduzca en acciones concretas, empezando por la redacción de los reglamentos correspondientes, pues a dos años de su publicación, sólo cinco de las treinta entidades que hay en el país, han elaborado ya las reglas.
En una nota publicada en el periódico La Jornada, María de la Luz Estrada, coordinadora ejecutiva del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) dijo que “lo peor de esto es que, aun con ley y con reglamentos, siguen aumentando y quedando impunes los asesinatos de mujeres, porque en los hechos la ley es letra muerta, ya que no se generan los mecanismos para hacerla funcionar”.
En lo que los gobiernos se animan a llenar los huecos legales señalados, las estadísticas de violencia siguen creciendo, y con preocupación, entre los jóvenes, pues ya desde el noviazgo se ejercen actos intimidatorios que incluso, afirma la directora del Instituto Mexicano de la Juventud, Priscila Vera, influyen en conductas suicidas.
De acuerdo con ella, en una nota publicada en el periódico Excélsior, “de octubre de 2008 a enero de este año, el Imjuve ha recibido 600 llamadas de jóvenes que mencionan haber sufrido violencia en el noviazgo, principalmente sicológica. Es muy importante señalar que siete de cada 10 jóvenes mexicanos viven violencia sicológica en su noviazgo, que es un fenómeno imperceptible para la gran mayoría de ellos, y que es necesario visibilizarlo, porque la violencia en el noviazgo es la antesala de la violencia intrafamiliar”.
Lamentablemente son muchas las historias y testimonios que retratan lo que la funcionaria afirma y además de lo que el gobierno y organizaciones puedan avanzar en la materia, en lo individual quizá valga la pena tomarse un tiempo para reflexionar en la conclusión a la que llegó otra concursante de los Premios Demac, Ivette Couturier, en su texto titulado “Reflexiones de Talym”:
“Respecto a que Ramón fue el villano de mi vida… sigo pensando que no, que fue nuestra interacción la que ha provocado irritación… El peor error que cometí con él -¿es parte de la codependencia?- fue confundirlo con Dios durante muchos años… Mi lucha no es contra los hombres, porque yo tuve hombres lindos: papá, hermanos, tíos, novio, esposo, hijos, amigos, alumnos… tampoco contra las mujeres; es contra las ideas babosas que todos los humanos hemos dejado entrar en nuestras vidas”.
¿Tú qué opinas? Escribe aquí tus comentarios o envíanos un correo a diana.perez@demac.org.mx... ¡Participa!
Parar la violencia, es también un acto de DECIDIR
Por Pilar Inquieta (no verificado)Amigas me gustaría compartir que una de las formas de parar la violencia es DECIDIR detener la violencia, debemos sin "pagar violencia con violencia", detener un mal que es común en nuestra sociedad, hay también que recurrir al PERDÓN GENUINO, a Decidir que los recuerdos del pasado no marcaran nuestro presente, a fin de parar dichos círculos de violencia, perdón no es amnesia, es recordar sin dolor, ¿se puede? ¡Claro! aprovecho y les comparto una poesía mía, donde se toca ese tema:
Hoy decidí
Hoy decidí no sufro más violencia.
Me pienso libre sin temor, con mis derechos:
sin gritos o amenazas o advertencias
que por un grave error daba por hechos.
Así no he de seguir, no lo tolero.
Respiro hondo, decido: ¡No me gusta!
Marchar al ritmo que me marcas, ya no quiero.
De continuar así, vivo de angustia.
Quizá malentiendas estas frases.
No son desafío, son mi estandarte
pues si quiero crecer con firmes bases
ni tú a mí, ni yo a ti, he de coartarte.
Has violentado la libertad de ser quien quiero
con una fuerza oculta, no mostrada,
me limitaste poco a poco y con esmero;
no reconozco en mí, la vida soñada.
Deseo poder ser yo, sin ningún miedo
a ofenderte o a herir, yo te respeto
pero anhelo poner en práctica mi credo
pues mi ser sin libertad está incompleto.
La facultad de hablar, de decidir, de contrariarte;
porque asumo una opinión muy diferente,
disfrutar gustos, o risas o locuras,
pero poder ser yo, tener holgura.
¡HOY DECIDÍ, NO QUIERO MÁS VIOLENCIA,
LO SIENTO AMOR, RENUNCIO A TU PRESENCIA!
espero les guste, esta poesía, es mía y que no suene a orgullo, pero a mi ¡me encantó!
sanando heridas
Por shivigoshy (no verificado)Cuando eres una niña asustada, adolorida por la violencia en la que vives sin escoger vivirla, y no poder GRITAR pidiendo que pare, es un poco dificil pensar que tienes OPCIONES, solo vives enojada por muuuuuuuuuuuuuucho tiempo, con el mundo, con Dios, tu caracter se agria, se pudre, y hieres a quien mas amas, y a quien mas te ama, tratas, pero no consigues nada, solo sobrevives, te haces una coraza, un caparazon, que tiene la funcion de tratar de no sentir mas dolor, por lo que la gente te diga, por lo que te hagan, porque ellos no quieren saber, no les importa, solo viven, pasan de largo...
Ahora al tiempo, despues de reencontrarme con mi creador, con quien estuvo conmigo siempre, con quien no me dejo, me cuido, y tuvo misericordia, trato que esos "atos", de odio, que usaba para encender mas mi ira, y justificar mi razon al atacar a quien tuviera cerca, sean de El, se los entrego diariamente, aveces a cada instante, para no seguir muriendo viva...
Sigue adelante amiga, habla, grita, SE TU.
Mi reflexión: Un grito roto por una oración sin fé...
Por Wendolyn Kerckhoffs (no verificado)Mi reflexión la apuntaré a través de este escrito que nace de la necesidad de entender el pensamiento infantil de ayer a través del sentimiento del adulto de hoy: "En mi alma infantil, aún se desliza un dolor que desgarra parte de mi existencia, ¿cómo olvidar?, le preguntaba a la noche vacía, ella no respondia, solo lloraba estrellas opacas y lejanas. Quise encontrar una respuesta a mi sufrimiento, quería aliviar mi alma. Excavé en mi peregrina inocencia, necesitaba comprender la raíz de mis miedos. Lo primero que encontré fueron heridas bañadas en rencor, me detuve por un instante y recordé mi primera infancia, los pensamientos se me agolpaban en el corazón, no podía hablar, solo sollozaba: ¡Era una niña!..., que en su momento supo perdonar, ¡No, no, no!.. ¡No me pegues más!... ¡yaaaaa!, gritaba desesperada, nadie me escuchaba, solo unos muñecos de trapo, colgados en una pared humedecida, donde mi diminuto cuerpo era arrojado una y otra vez por unos brazos encolerizados por la intolerancia, eran de mi padre. Mi ser sollozaba de frenesí y mi cuerpo inerte de dolor calleron en un grito roto. Le preguntaba a mi eterno compañero de juego, un mapache de trapo sucio, ¿por qué?, no contestaba, permanecía callado, levemente observe una sonrisa entrecortada, quería consolarme y le pedí que me abrazara´, que no me soltara, hasta que mamá llegara a prolongar este eterno abrazo. Continúe excavando, las lagrimas se resbalaban en mis mejillas, quise parar pero no pude, me debatía entre una sinrazón de recuerdos y pensamientos dolientes, fue así como llegue a mi timida adolescencia, desnuda en suspiros, anhelos no encontrados e inquietudes menoscabadas por mi ayer... La violencia es la peor plaga que debemos combatir diariamente, cuidemos el alma infantil para no dolernos de adultos...
Perdón, palabra clave
Por Pilar Inquieta (no verificado)Estoy de acuerdo en que hay que cuidar el alma infantil, también que es la peor plaga que debemos combatir y que a veces quien mas debiera amarnos es quien nos hace daño, pero yo te invito a buscar en el PERDON GENUINO tu sanidad y la forma de romper la violencia. No estoy hablando de "dientes para afuera", estoy hablando de experiencia personal, donde sufrí TODO tipo de violencia, pero HE DECIDIDO ver la hoja blanca con el punto negro, no quiero decir que no existió, no existe la amnesia como un don divino, pero si seguimos "manejando en la vida, viendo el espejo retrovisor vamos a tener un choque". Acércate a CREADOR DE LA VIDA, déjale tu carga, incluyendo tu pasado, que Él se encargará de sanar tu presente y actúemos en consecuencia.
respeto a las mujeres
Por Teresita Durán (no verificado)Respeto para todas las mujeres.
Por Teresita Durán
Mujer, deja florecer en tu jardín las virtudes de la vida,
siembra en tu corazón, ideales de superación;
nunca desistas ante tus anhelos
sube la escalera de la victoria...
En las últimas décadas, el gobierno federal y en los estados del país, se han intensificado las acciones y programas relacionados con la equidad de género, una cultura de no violencia y el respeto a los derechos humanos de las mujeres; esfuerzos valiosos que se complementan con las actitudes de lucha y voluntad de mujeres. Poco a poco, el género femenino avanza en la búsqueda de espacios y consolida su actuar como personas exitosas, dentro y fuera del hogar.
En los distintos ámbitos sociales, poco a poco, las mujeres están alcanzando escaños importantes, sus logros, no son producto de la suerte o la naturaleza, es resultado de estudio, trabajo, convicción, inteligencia y habilidades. Desde luego, que para cada mujer, la vida y su propia historia, pone en el camino, obstáculos para vencer; prejuicios para desafiar, creencias para superar y puentes para avanzar. Todas las mujeres son iguales en derechos y capacidades; la diferencia se apoya en su propia cultura y en las oportunidades que la comunidad ofrezca.
Las mujeres de este siglo aumentan su fortaleza para crecer, adquieren una forma para manifestar su autodeterminación; una manera de poner en práctica los conocimientos adquiridos en la escuela, utilizar las habilidades desarrolladas en la vida misma y los valores aprendidos en familia, para vivir con dignidad. Sin embargo, cuando las condiciones no han sido las favorables y los entornos limitados, las mujeres crecen con desventajas sociales y culturales; sus horizontes no permiten mirar más allá... la realidad de las mujeres indígenas, rurales, con discapacidad, víctimas de explotación sexual o laboral, maltratadas o analfabetas, es aún más difícil, pues sus expectativas son escasas; tienen la desventaja de ser parte de grupos en situaciones de vulnerabilidad, rodeadas de pobreza, rezagadas a causa de grandes murallas de creencias y mitos.
Especial importancia, tiene la participación de las mujeres en los asuntos sociales y políticos en la actualidad; por ello, merecido interés genera su actuación en la vida pública, en un escenario diferente al hogar –con obligaciones cien por ciento domésticas- que paulatinamente se están diversificando con nuevas tareas, deberes y responsabilidades.
El futuro de los hombres y mujeres descansa en los pilares de la dignidad, justicia, equidad, igualdad y respeto, ambos son responsables en –condiciones equitativas- de la construcción de una vida democrática; ambos fortalecen su identidad con valores que guían su actuar en cada uno de los contextos donde se desenvuelve. Este 8 de marzo, sirva el “día de la mujer” como motivo para insistir en el reconocimiento de las mujeres, sí de todas las mujeres, porque independientemente de la misión o el lugar donde se encuentren, todas son merecedoras de respeto, ninguna vale menos ni más; su condición las hace por sí mismas valiosas.
Ahora más que antes, vale la pena esforzarse y aprender de la experiencia de otras mujeres, porque su trayectoria es ejemplo de perseverancia; seguir los pasos que han marcado la trascendencia de quienes con sus ideales iluminaron el andar de otras personas. El camino para las mujeres en este siglo, sigue siendo accidentado, pero no por ello, las mujeres cedemos o dejamos de caminar; Sor Juana Inés de la Cruz lo dijo hace más de cuatro siglos: “Lo que sólo he deseado es estudiar para ignorar menos”.
San Francisco de Campeche, Cam. 2 marzo de 2009.