Tema del mes

Agosto, 2011

Mujeres y adicción

 Colaboración de: Psic. Magali Gpe. Becerra Romero

Cada vez a edades más tempranas se consumen drogas y hay un mayor número de mujeres adictas a alguna sustancia.

La diferencia del consumo entre hombres y mujeres se debe a muchas circunstancias, entre ellas, los estilos de vida asociados con las funciones y roles que debe desempeñar cada uno en la sociedad, lo que es sumamente relevante.

La competencia en la vida pública, aunada a la doble jornada de trabajo que siguen las mujeres al cumplir también con las tareas en el hogar, son factores de estrés, enfermedades físicas y psicológicas que, en ocasiones, buscan mitigar con el consumo de alcohol, tabaco, medicamentos sin prescripción médica, mariguana, cocaína, etcétera.

Cuando en la familia hay un varón con problemas de drogas, la madre, hermana o esposa, se encarga de convencer y solicitar el tratamiento del hombre ya que históricamente su papel ha sido cuidar y proteger a los otros, pero, ¿qué pasa cuando una mujer es la que tiene el problema de adicción? ¿Deja de participar en la vida productiva? ¿De qué manera enfrenta el estigma social?

La mujer generalmente es más estigmatizada por la sociedad; es considerada una “viciosa”, incapaz de cumplir adecuadamente su rol de mujer y sufre rechazo de la familia y la sociedad. Además, se enfrenta al problema de que los servicios de salud no dan atención diferenciada para hombres y mujeres.

En años recientes, la mujer ha sido objeto de estudio en torno a los daños que la droga provoca en su organismo; o si está embarazada, sobre los daños que se producen en el feto; son mínimos los estudios que hablan sobre daños en los hijos ya en etapa escolar o los trabajos que retoman la cuestión de género. Este hecho es alarmante porque las estadísticas señalan el paulatino incremento de mujeres adictas, rompiendo antiguas pautas que las encasillaban en el uso de drogas como tabaco, alcohol o medicamentos sin prescripción médica.

Las mujeres están consumiendo drogas no sólo cuando se sienten deprimidas. Es necesario comprender que la dinámica de la mujer que se droga está ligada con los nuevos papeles que desempeña en la sociedad. Estamos ante un ser que ha logrado enormes transformaciones, incorporándose a nuevas fuentes de empleo, con mayor nivel educativo, mayor participación social, más autonomía.

Todo esto se suma a lo que tradicionalmente le corresponde por “ser mujer”. En la familia, tiene la responsabilidad de preservar la armonía, de que ésta sea funcional; en ella se deposita el cuidado y la educación de los hijos; es suya la obligación de mantener la salud, el equilibrio emocional y afectivo de la familia.

Acceder a un trabajo fuera de casa, sin dejar o disminuir las tareas domésticas, la obliga a desempeñar una doble jornada; se exige a sí misma y se le exige seguir siendo una madre dispuesta a resolver cualquier conflicto sin estresarse, sin demostrar ansiedad.

Como esposa, se le demanda continuar siendo sumisa ante el marido, pero, al mismo tiempo, tiene que ser independiente y autónoma. En lo laboral debe funcionar igual o mejor que los varones, sin abandonar sus roles tradicionales: tranquila, sensible, tierna.

Lo anterior la lleva a situaciones de agotamiento, cansancio, estrés, conflicto, confusiones, ansiedades y depresión.

Las mujeres que basan su identidad y autoestima en el rol de madre, esposa, sin otra fuente de gratificación, viven para los otros, dependen del afecto de los otros y esto las hace vulnerables. En el rol de ama de casa es difícil que encuentre reconocimiento por su esfuerzo y se halla en una situación menos satisfactoria que el marido. Cuando los hijos crecen y ven reducidas sus funciones maternales, se generan sensaciones de confusión, ansiedad y angustia.

En el caso de las jóvenes, inmersas en un proceso de transformación social, es relevante ser aceptadas por el grupo de amigos. Las adolescentes se muestran indiferentes a los valores de los adultos, construyen sus propias normas: los padres dejan de ser los únicos modelos por seguir. En este contexto, los roles de madres tradicionales están en conflicto con los ideales que tienen en el grupo y están influidos en gran medida por los medios de comunicación.

La belleza de los cuerpos, difundido por los medios, marca la importancia de la imagen corporal. El conflicto con la madre y la aspiración de cuerpos delgados, son factores importantes que llevan a muchas adolescentes a la bulimia, anorexia y consumo de drogas como anfetaminas y metanfetaminas.

Factores de riesgo delconsumo de sustancias femenino:

Individuales.-Depresión, ansiedad y aislamiento social; trastornos de conducta alimentaria: bulimia y anorexia; necesidad de agradar-satisfacer: estereotipos de femineidad; insatisfacción-imposibilidad de cubrir ideales femeninos: belleza, bondad, maternidad, etc; abuso o violencia sexual en la infancia; baja autoestima.

Familiares.-Madres depresivas; permisividad del consumo en la familia; baja percepción de riesgo; reglas, valores y normas confusas; vínculos afectivos debilitados: pareja, padre/madre, hijos consumidores de sustancias; autoritarismo; ser pareja de un hombre consumidor; violencia familiar; crisis económicas.

Sociales.- Relación con consumidores de drogas; accesibilidad y disponibilidad de sustancias; doble jornada de trabajo; no participación social; falta de solidaridad social; desigualdad de oportunidades laborales; consumo de sustancias en lugares de diversión; psiquiatrización, psicologización y medicalización de padecimientos femeninos. 

No se pretende abarcar la complejidad de la relación mujer-droga sino poner de manifiesto la necesidad de romper el doble estigma depositado en la mujer adicta, a través de una concepción que incluya las diferencias de género y permita diseñar programas de atención específicos, en el entendido de que existe un proceso de desarrollo psicosocial distinto entre hombres y mujeres que es necesario modificar.

Datos obtenidos del libro “Mujer y  adicciones “.
Centros de integración Juvenil a.c.

 

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