Mi madre pertenece a la etnia mazahua ubicada en Ixtlahuaca, Estado de México. Fuimos en enero del 2011 a su pueblo, debido a la celebración del santo patrono del pueblo San Ildefonso. Hacía mucho tiempo que no visitaba a mis tías, mujeres indígenas todas ellas. Mi memoria se llenó de recuerdos, sonidos de animales, el olor a maíz fermentado y la textura acartonada de las manos de mi madrina por tanto trabajar. En la mañana, llegó una señora para trabajar haciendo tortillas para mi madrina. Ella vende hierbas, quelites y tortillas para mantenerse, puesto que es viuda y sus hijos no la apoyan. Al calor del fogón, se sentó y comenzó a hacer las tortillas, el fuego era tan intenso que yo tenía que salir para tomar un poco de aire y dejar que mis ojos terminaran de sacar el humo del fogón. Nos platicó su vida. La de muchas mujeres indígenas, llena de luchas, alegrías, recuerdos y también tristezas por el abandono a los ancianos indígenas.
Cynthia Rodríguez de Jesús
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Recordar es vivir
Por Mireya (no verificado)Con esta fotografía recordé, el canto de los gallos, el ladrar de los perros y el suave pelaje de mi gato, cuando volvía a casa después de andar de vago. Mis padres, ambos de la Ciudad de México compraron un terreno en Acapulco, en una colonia que empezaba y cuando ya estaban los primeros cuartos construidos, nos fuimos a vivir allí. Pero aún estaban en "obra negra" como dicen. Recuerdo a mi madre haciendo las tortillas (memelas) para comer, sobre la parrilla de la estufa que tuvimos que acondicionar en uno de los cuartos donde también dormíamos, pues cocina, sala y comedor aún estaban en construcción. Mi madre tenía que bajar a un río (que ya no existe) a lavar tratos y ropa; mientras yo jugaba en las pozas poco profundas que se formaban y buscando renacuajos o ajolotes. En ese entonces, nunca imaginé estar como ahora, ya pasaron muchos años y mis padres ya no están.. Pero hoy, sentada cómodamente frente a mi compu, con mi gatita dormida en mis piernas; la tele dando las noticias y disfrutando enormemente de tu fotografía y tus recuerdos. Y ah! los quelites.. Si tan sólo supieran muchos las vitaminas que contienen y lo ricos que son guisados con un caldo de frijoles! Aquí en la Ciudad de México también los venden aunque la variedad es menor pues no he encontrado el chipile. Gracias por tu fotografía y tus recuerdos tan allegados a los míos.
Opinión.
Por Carmen (no verificado)Esta fotografía, no puede ser ajena para cualquier mujer mexicana. Tal vez no en nuestra vida pero si en algun familiar lejano, o en algún conocido, vimos este entorno, de abnegación y tal vez de pobreza, que aun existe lamentablemente, para nuestras mujercitas.
Recuerdo que mi mamá me contó, que a veces de niña, corría descalza entre las matas de café allá en Misantla. Me sorprendió mucho que me dijera ésto, ¿ No te gustaba usar los zapatos? le pregunté, y me dijo muy apenada... !no teníamos! Esto fué toda una revelación para mí.
Por eso esta fotografía, me llena de nostalgia y de reconocimiento y de muchos más sentimientos.
Nuestras mujercitas, son tan valientes, y tan valiosas.
CARMEN GINORI LOZANO
TIJUANA B.C.
Cynthia Te envío un
Por María (no verificado)Cynthia
Te envío un saludo desde aquí, y te gradezco por compartir esta hermosa fotografía tan llena de energía y de vida, misma que desde que la vi atrajo mi mirada además de otros de mis sentidos y recuerdos.
Por mi parte siento cariño y afinidad por las personas de campo, por las que se dedican, a hacer sus tortillas, a trabajar tan duro por la vida –también como mi abuela- Indudablemente la vida de las mujeres es como comentas, de tristezas y de alegrías, que para mi son como las dos caras de la moneda, que nos integran, nos complementan, nos ponen en posibilidad de saborear la vida en su totalidad y disfrutar al máximo cuando de esto se trata.
Como me gustaría almorzar ahorita mismo un delicioso taco con esas tortillas y un chile bien martajado, y sobre todo como disfrutaría una exquisita platica con ellas.
Cynthia. Gracias.
María