Talleres Puebla

Octubre, 2011

Movimiento en mi vida: la danza del corazón

 R. Magda García-Hidalgo

22 de agosto de 2011

Me muevo en el espacio y todo se mueve dentro y fuera de mí. Las paredes giran alrededor mío, arriba se convierte en abajo en un santiamén; mi cuerpo se estira y se encorva, se envuelve y se retuerce; prolongo mis extremidades y mi mente se eleva, acaricio las nubes y me hundo en las profundidades de mis entrañas; vibro con la música de mi interior y grito con mi cuerpo el placer de sentirme viva.

Así me descubrí en el taller de danza contemporánea que una bailarina, pequeña de estatura en contraste con su talento, me impartió entre esfuerzos para dominar la conjugación y la pronunciación del idioma español. Fueron días intensos no sólo por las cuatro horas de duración diarias del curso sino porque era la primera vez en muchos años que me comprometía a una actividad diaria, después de años de sufrir de una intensa ansiedad cuando una cita se me presentaba, pero eso te lo contaré más tarde.

Mi amigo de muchos años, Natal, ya me había preparado para este mundo en especial, un mundo de movimiento en contacto con las emociones, que además de la técnica, o sin ella, prefiere tomar lo que sientes y ponerlo afuera a través de todo tu cuerpo. Él me animó a, como él lo dice, buscar mi danza propia, lo cual me fascinó nada más lo planteó en nuestras pláticas frecuentes alrededor de nuestro adorada bebida, el café. Mi danza propia, mía, la que solamente mi cuerpo, así tal como es, física y emocionalmente, puede realizar, una verdadera maravilla. Eso me lleva a recordar un tiempo donde el movimiento me era propio y al momento en que lo extravié.

Siempre fui una jovencita sumamente activa y cuando llegué a la universidad no podía parar, quería participar en todo, desde presidenta de la mesa directiva de la carrera de ciencias hasta porrista del equipo de futbol americano, todo sin abandonar las clases de danza regional mexicana que tantos años había practicado. La agenda, parte del paquete de recibimiento a la universidad, estaba llena de actividades, de citas y de vida; yo me movía por la vida. Años más tarde cuando la tristeza detenía toda mi vida me preguntaría recordando esos días, ¿por qué no puedo hacerlo como antes?

Una cosa que no quería perder en absoluto era el placer por escribir que tenía y atesoraba junto a mi afición por la lectura, desde que era muy, pero muy pequeña y que tantos elogios académicos y deleites íntimos me había dado. Así que me acerqué al periódico del consejo de estudiantes de la universidad. Les platiqué de mis gustos y después de la sorpresa de que alguien de la escuela de ciencias deseara participar entre diseñadores gráficos, comunicólogos y hasta algún antropólogo, y claro, habiendo la vacante, me dejaron dirigir la sección cultural del pequeño periódico. Yo resplandecía de emoción y siendo ya toda una universitaria me puse a escribir. Y a colación traigo este recuerdo, pues me atrapó al pensar en la danza y el movimiento: uno de mis artículos se tituló “Poesía en movimiento” y versaba, precisamente, acerca del placer de la danza y lo hermoso y, hasta poético, que puede ser bailar con el corazón.

Y así lo vivo ahora, estoy vibrando con una conexión exquisita entre volver a escribir y danzar, con estas dos actividades estoy recuperando el movimiento que perdí, pues juntas, la danza, la escritura y mi propia vida se detuvieron cuando perdí a mi hijo. Toda mi existencia se rodeó de pausa, dolor y ansiedad; sólo detenida, recostada en la cama encontraba a mi perdido hijo y así estuve mucho tiempo, vacilando entre vivir y morir con él.

Hoy, estoy consolidando el trabajo de muchos años de terapia, fármacos y el amor de mi familia que siempre me apoyó. La danza me ayuda a manifestar mis emociones y evolucionarlas de una manera diferente, me hace consciente de mi cuerpo y de sus alcances, de su gran poder. La escritura me ha dado un motivo y ha hecho renacer mi espíritu de vida, le ha dado sentido a mis días y ha fomentado la alegría de los pequeños logros. Con esto, he logrado irradiar bienestar a mis seres queridos y me ha liberado el alma.

En aquel taller, me hice consciente de que no importa cuál sea el movimiento, sólo debo comprometerme con él y dejarlo que viva, eso libera mi creatividad. Aprendí que si algo obstruye tu movimiento, simplemente te detienes y no pasa nada; si las ideas de mi escrito no están fluyendo, no concuerdan o no crecen en un momento dado, dejo el papel y lo continúo después, pongo mi pluma al servicio de mi imaginación. El resultado ha sido bello. Me di cuenta que sólo necesitas hacer un pequeño esfuerzo desde tu respiración para moverte, lo demás es relajarte y observar lo que sucede, lo que sigue, no depende de ti; eso es todo: soltar y dejar ir.

Ambos, la danza y la escritura me permiten no sólo explorar una parte de mí vituperada tanto tiempo: la creatividad. Además de eso, las dos me llevan a moverme en la vida misma.

Estoy reencontrando mi movimiento y ése, me está sanando cada vez más, el movimiento físico y el emocional. A través de las artes estoy encontrando paz interior y amor.

 

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13 Feb10:19

Solo expresarte mi admiración.

Por Guadalupe Nolasco Casillas. (no verificado)

¡Hola! niña mía!

Permíteme llamarte así mi querida Magda, desde que te conosí en el taller por medio de tus escritos me causó asombro la manera en que recreabas imagenes y lo bien entrelazadas, te empesé a llamar muñecota en recuerdo de la primera muñeca que confeccioné en la secundaria, era una Holandesa de trapo (tela) bastante grande y bella así como tú, además fué la primera muñeca que tuve de este material.

Al igual que ella eres fisicamente muy fuerte, por dentro eres frágil como todos  afortunadamente cuentas con mente y espiritud superiores.

Adelante amiga ,  sigue enrriqueciendos compartiendo con nosotros todos tus escritos.

Abrazos y besos sinseramente de tu compañera. Lupita.   

12 Nov13:06

Me parece muy interesante tu artículo.

Por Idolina Sánchez Rovelo (no verificado)

Magda, tu texto es muy bello. Creo que nos das una pauta para reencontrarnos con nuestro ser interior y al mismo tiempo sanarnos de tantas heridas que vamos acumulando a través de la vida. Es muy creativo de tu parte encontrar el camino en las artes. Felicidades. Además, escribes muy bien.