Fue ayer cuando debía ir a efectuarme una RM (Resonancia Magnética) ya era la número cinco o seis que me hacían a lo largo de algunos años, (los dolores en la columna los llevo desde pequeña, pero ya están junto a mí, son mi compañía…) esto para mí no era ninguna novedad, pero como mi tontería era mayor que el examen mismo, fui con cierto temor, ya la noche anterior estaba nerviosa. ¿Motivos? !Ninguno! Si es un examen que no tiene nada de complicado.
La cita era a medio día, por lo que me fui unos 40 minutos antes, de ese modo no estaría tan nerviosa y vería a otros pacientes, craso error, ya para entrar en la clínica debía bajar a la planta menos uno- y yo que tengo fobia a los ascensores y que se que en las clínicas son de los mejores. Aún así trate de esquaquearlo (una vez, tiempo atrás me quede encerrada en un piso alto y cada vez que se abría el ascensor, sólo veía muros… pues le tomé mal gusto). Antes de verificar mi cita, con la confusión, me puse en la fila equivocada y al rato tontamente me doy cuenta de que es otra la que lleva este tipo de examen, al momento de la “entrevista” en que te preguntan de todo, si tienes esto o aquello, metales en el cuerpo, prótesis, implantes, etc., yo vi que la chica tenía unas largas uñas pintadas y decoradas, para relajarme un poco le meto conversación sobre las mismas y de cómo ella podía escribir bien, a lo que me responde que es cosa de acostumbrarse, acto seguido me acompaña al ascensor y otra compañera le dice: “No te preocupes que yo la llevo, esta nueva chica tenía en su mano un vaso plástico con café recién servido, y me pregunta si no me molesta por llevarlo, a lo que le respondo que no hay problema, la chica de las uñas le dice: ¿Por qué no subes por la escalera?... y yo para mis adentros pienso “uf qué bien, escaleras” (sólo era un piso) y ella responde: “No puedo se derramaría el café” y entonces bajo con las dos chicas, ellas muy simpáticas y sonrientes. Al llegar cual sería mi sorpresa ¡no había ningún paciente esperando! Bueno me doy un par de vueltas por el sitio, todo en silencio, impecable, tan solo un fuerte zumbido desde el interior de la sala de radiación, me siento, veo un cartel explicativo para los niños sobre la RM y pienso esto está chupado, es fácil, sólo tranquila y a respirar y expulsar bien el aire, así lo hago y me relajo. Pasan unos 20 minutos o más y por fin llegan de sopetón unos pacientes, entre ellos venía un matrimonio, o al menos fue lo que supuse, y otras personas, pero me llamo la atención ella, una mujer de 76 años, llamada Marisol, estaba terriblemente nerviosa, casi se tropieza al llegar, y pasa por mi lado, luego la observo y ella toma una pastilla, de esas terminadas en …”sepan”, bebe torpemente un poco de agua de una botella, vierte sobre su vestido gran parte de ella y luego me mira y tira otro poco sobre el aire cayéndome unas gotas, la miro y le pregunto (una pregunta obvia): ¿estás nerviosa? Y ella responde: ¡si, lo estoy, muy nerviosa, me he tomado un calmante ¡y yo a estas alturas ya estaba relajada y me puse en el papel de experta y sin miedo y le comienzo a darle charla para que se calme. Su marido relajado total, un grande y fuerte hombre, ella mas menuda, con un cutis terso y con una vitalidad increíble. Me escucha y dice lo calmada que yo me encontraba, “si”, le respondo, entonces ella se acerca a mi lado y comienza a contarme su historia sobre el problema auditivo que tenia y esa era la razón de su consulta, yo instintivamente cojo una de sus manos y las noto heladas y su nerviosismo, le digo que se relaje y le muestro como aspirar y respirar, ella así lo hace y de a poco se va tranquilizando, y entre enfermedades y exámenes pasan los minutos y algo sobre nuestras vidas.
Uno de los pacientes anteriores era un chico inglés que al parecer tenía problemas con uno de sus muslos y él tuvo que estar dentro de la máquina 80 minutos, entonces todo se atrasó, mientras Marisol, que así se llamaba, me comenta de que ella se había hecho una RM hace años, pero que el ruido y el hecho de sentirse encerrada le producía pánico, le explico y le sugiero que vea la máquina antes de introducirse y que está abierta por ambos lados y que trate de pensar en algo bonito o divertido una vez dentro de ella. Mira, me dice, es que el ruido es tremendo y yo le digo, si te sientes agobiada te dan un mando a distancia y lo presionas y se detiene el proceso, no quise agregar que en mi caso y posiblemente en el suyo le pondrían además una especie de casco y no te puedes mover para nada.
Bueno pasados unos minutos, el chico aun adentro, la enfermera me hace pasar y lo de siempre, la rutina, le digo que ya se el procedimiento y que ojalá termine luego, así y todo me dan el mando, lo aferro a mis manos, como una salvación o protección y me concentro en los “ruidos”. Como algo divertido trato de comparar algunos sonidos con la música que escucha uno de mis hijos, ese rock fuerte y nada, me relajo, cuando veo ha pasado un ruido fuerte, tomo aire y lo expulso, de esta forma el examen termina bien, me incorporo levemente mareada y en breves segundos ya estoy bien.
Al salir está Marisol con sus ojos desorbitados, estaba muy nerviosa, se persignaba y no quería entrar, yo como metiéndome en lo que no debo tal vez, le aseguro a la enfermera al salir que la mujer está muy nerviosa, entonces ella me dice: “Uff entonces el examen no se lo tomaré yo”, pero dadas las circunstancias de que la otra tecnóloga estaba con el chico inglés, es ella la que le corresponde a Marisol, entra y a los pocos minutos sale pidiendo “ayuda ”para Marisol, el marido entra, y queda la puerta entreabierta, a lo que llevada por mi curiosidad puedo ver lo que sucede, y ahí está, sentada en la camilla, llorando, se toca su boca o se seca, no distingo bien, bebe otro sorbo de agua, en un movimiento mira hacia afuera y yo le hago señas para que respire bien, ella tan linda me hace caso y respira profundamente, yo le digo que la espero afuera, el marido le coge su mano y así pasa todo el tiempo que dura el examen.
Ya las horas habían pasado, algo de hambre sentía, pero mi deseo de saber de Marisol era mayor, como a los 30 minutos sale la enfermera y me dice: “ya está adentro y está tranquila” y le agradezco su deferencia hacia mi persona, y estoy contenta. Ella deja la puerta abierta y puedo mirar al interior y ver cómo se van formando las fotos del cuerpo humano, es una maravilla, algo increíble, luego llega otro compañero y cierra la puerta.
Pasados 10 minutos más o menos, se abre la puerta y quedan todos ahí reunidos, el chico inglés, la madre, el marido, Marisol, las dos o tres enfermeras y yo, veo su cara sonrojada, puede que por el momento vivido, o no sé porque razón, ya no está nerviosa, o al menos lo está menos, “mi corazón parecía que iba a explotar”, me dice, “y tuve que quitar mi placa dental, estaba muy asustada y cerré los ojos y respire como tú me dijiste, pero ya todo ha pasado, a esperar que no tengamos nada malo”. Salimos, le doy unas palmadas en el hombro, sé que esto reconforta a cualquiera, el marido sigue tranquilo y apacible y nos dirigimos a la salida, ya en el exterior intercambiamos teléfonos, se ofrecen a llevarme y les doy las gracias, necesitaba caminar, ya eran las 15.40 horas de la tarde, ya caminando reflexiono por mis estupideces y fobias y me doy un palmazo a mi misma simbólicamente.
Magaly Zamora Méndez
Islas Canarias
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