Gloria Guerrero Rosas
La cocina ha sido siempre el lugar preferido de mi casa, en ella encuentro la inspiración para las actividades de mis días. Es aquí donde, al calor de los olores que me envuelven al preparar una taza de café, o al cocinar el platillo preferido de alguno de mis hijos o nietos, me emociono al imaginar el momento en que estén degustando el guiso o antojito.
Para mí es una gran alegría poder proporcionarles ese gusto, pues esa es la forma de decirles te amo y que siempre están presentes en mi pensamiento. Siento como si en un ramillete, los estrechara en mi pecho, y los siento unidos y contentos.
Esta cocina es pequeña y modesta, pero cuenta con lo necesario para dar amor, sabor, unión y alegría. Es por eso que prefiero este lugar a cualquier otro espacio de la casa.
La cocina tiene una ventana grande por donde penetra la luz. Así pues, al compás de la música instrumental y saboreando mi tercera taza de café del día, estoy escribiendo y me siento cobijada por este lugar. Porque para mí, aquí está la raíz de la armonía y la fábrica de las emociones, como las que experimento cuando preparo algún platillo para un día especial, como el cumpleaños de algún miembro de la familia, o alguna otra celebración.
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