Talleres Chihuahua

Julio, 2011

Me llamo Cancún y soy una enferma adicta en recuperación

Me llamo Cancún y soy una enferma adicta en recuperación-23837

La primera vez que llegué a un centro de rehabilitación hacía ya tres meses que buscaba ayuda. Un amigo de la actividad que ya había pasado por rehabilitación, pero que sin embargo andaba activo, me dio la dirección y el nombre de aquel lugar.

En el mes de Noviembre llegué al centro que me habían indicado, pero fui tan cobarde que no me bajé, tras haber estado una hora afuera de ese lugar en compañía de la mujer que en ese momento era mi pareja sentimental. Me dijo: “Si tú te bajas yo te apoyo”, pero fue mayor el miedo que yo sentía a lo desconocido y nos fuimos de allí. Mi pensamiento era buscar ayuda sicológica lo cual no funcionó.

Pasaron unos meses más en los cuales seguí la “fiesta”. Esos meses fueron muy críticos porque ya todo mundo se había cansado de mí. Familia, amigos y toda la gente que me rodeaba ya estaba hasta la madre del ritmo que yo llevaba. Mi pareja ya estaba harta.

Yo era de las que nunca quería que terminara la fiesta, llegábamos al “after” a una casa, y yo era de las personas que aún cuando los demás se fueran, yo me quedaba ahí, consumiendo cocaína y alcohol. Por supuesto que yo era capaz de hacerlo hasta por 3 días. Los demás iban y regresaban y yo ahí sentada hasta que prácticamente los dueños de la casa me corrían, pues ellos tenían que continuar con su vida normal, trabajo, etc.

Pero luego al llegar a mi casa eran lógicamente, gritos, discusiones y reproches.

Entonces yo me bañaba y me salía diciendo: “Si estoy, estamos peleando, y si no estoy, es la misma”. Obvio que yo provocaba aquello con mis actitudes; llevaba ya 18 años de alcoholismo y 11 de drogadicción.

Tenía un año sin trabajo. Estudié prepa e inglés. De la prepa deserté porque en mi casa hubo una crisis económica y además ya andaba enganchada del alcohol.

Física y emocionalmente me sentía ya muy fastidiada, desgastada. Mis fiestas ya no eran como al principio, divertidas y eufóricas, más bien ya eran tragedias, pleitos y golpes con quien fuera. Era tanta la agresividad que traía adentro, que no me importaba quien me la hiciera sino quien me la pagara.

En ese entonces tenía un amigo mafioso, le pedí trabajo y él me dijo: “El problema es que no se puede entrar a este trabajo y consumir la mercancía, te la vas a chingar y a largo plazo te van a matar”.

Lo que desató la bomba en mi familia fue que robé objetos de un gran valor sentimental para empeñarlos. Ese fue el detonador que mi familia necesitaba para tomar la decisión de internarme. Lo hicieron con mentiras. Me sacaron de mi casa y unas cuadras adelante me recogieron personas del anexo al que me iban a llevar.

Llegué y en realidad lo que sentí fue alivio; me desinflé. Dije: Gracias a Dios, al fin.

Mi temor eran los síntomas de la malilla, todas las molestias físicas que conlleva la desintoxicación, pero eso pasó a segundo término, cuando al pasar el tiempo en ese lugar tuve que empezar a reconocer y sentir todos los daños físicos y emocionales causados por mi actitud y darme cuenta hasta qué grado había lastimado a tanta gente a la que yo suponía, quería.

Mi proceso de rehabilitación duró tres largos y dolorosos meses. Donde después de una dura lucha con mi peor enemiga, (que era yo misma) tuve que aprender a tener control, reparar daños (al menos los que podía).

Llevo ya seis años limpia sin consumir ni chocolatitos envinados, hasta el termómetro lo desinfecto con cloro para no ponerle alcohol (Me río. Y es que si no me río, lloro).

No es nada fácil vivir en un sano juicio, sobria, enfrentando la realidad como es, sin disfrazarla con alcohol o drogas. Pero es divertido y satisfactorio resolver mis problemas, enfrentarlos en vez de rehuirles.

Solo por hoy,  ¡Si se puede!!

Cancún

Julio 2011

Talleres Demac Chihuahua

 

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22 Ago22:30

Muchas veces reprochamos y

Por Carmen (no verificado)

Muchas veces reprochamos y somos crueles con las personas "adictas", nos damos las de muy consientes e importantes; pero lo cierto es que "todas" somos adictas de un modo u otro a veces a nuestras propias mentiras, a personas que nos lastiman, a circunstancias que nos arrastran hasta hacernos chiquitas. Lo importante y lo lindo es saber que hay personas como la amiga de la historia que no solo lo va superando cada día sino que es lo suficientemente capaz de contar su experiencia y demostrarnos a todos que cuando una quiere se puede liberar de aquello que le hace daño. Un enorme Gracias para estas mujeres valientes que además hallaron el gusto de enfrentar los problemas y poder DECIDIR, que bello es decidir, aunque sea para equivocarnos.

 

ESTAMOS VIVAS!!!