Talleres Chihuahua

Noviembre, 2010

Libertad

Probablemente lo que a continuación platique les parezca algo tan simple y común, pero para mí, significó la transformación de mi existir. Aquella pequeña de 9 años recién llegada de Parral, donde tenía libertad, al venir a la gran ciudad se volvió rebelde, con coraje, necesitada de amor, de papá.

Soy lo que soy, gracias a esta experiencia tan maravillosa, reconfortable y formativa que aquí les cuento.

Desde mi asiento veo a mi madre decirme adiós… está llorando y yo... ¡me siento feliz!, por primera vez me encuentro en un tren, inicia nuestro viaje, no me canso de asomarme por la ventana, contemplo extasiada el interminable espectáculo de flores de campo a lo largo del camino, que avanzan con rapidez ante mis ojos, o el pasar por una obscuridad completa en  los túneles.

Siento una emoción incontrolable, Martha me calma y sonríe… disfruta verme. En momentos, mi pensamiento corre hacia mi mamá y mi hermana Lucy despidiéndome, veo sus rostros tristes, pero de inmediato los interrumpo, volteo hacia el camino, respiro, me adueño del aire, y de inmediato, olvido.

Pero, aquí estoy… el mundo se abre para mí, no sé que voy a encontrar, eso me inquieta… pero  no me preocupa. Estoy exhausta y me quedo dormida entre el vaivén y el crujir del tren; de pronto me despierta un grito “¡Estación Cuiteco, estación Cuiteco!”.

Al bajar, Martha me dice –llegamos, ¿qué te parece?- pero permanezco callada e inmóvil mientras observo a mi derredor; veo caballos, mulas, vaqueros a pie cargando costales… de pronto, toda la emoción contenida se desborda, salgo corriendo a través del camino, aquel espacio inmensamente abierto, abro los brazos tratando de atrapar toda aquella maravilla de tierra, de aire, el aroma de flores, todo me grita “¡libertad!”.

Una troca nos lleva hasta la casa de los suegros de mi hermana. Don Enrique y Doña Juanita me reciben con cariño, comemos y de inmediato partimos a casa de Martha que queda caminando por una vereda a lo alto de la casa grande, ésta es pequeña, de madera y sencilla; un perro negro viejo nos espera y salta de gusto al vernos llegar, se llama “caimán”; cercano se escucha el dulce murmullo del río que queda a espaldas de la casa, entramos y siento de inmediato que aunque pequeña es suave y acogedora. 

No necesito ver más para saber que estoy en donde quiero estar; Martha de inmediato empieza  a señalarme las reglas, pero ni siquiera la escucho, estoy dispuesta a todo, ¡estoy en el paraíso!  Aquí, no me tengo que quedar en casa; descubro que puedo salir, correr, brincar, ¡lo que quiera! ¡Nadie me lo impide!

Los días normalmente inician desde las cinco de la mañana, Martha me despierta y en automático, me deslizo entre el verde camino, percibiendo el olor del campo mojado o los trinos de los pájaros, llego a la casa grande donde Doña Juanita me entrega una jarra de leche aún caliente de la ordeña, regreso a casa, la pequeña cocina huele a hogar y se antoja el  calorcito de la estufa de leña, -la sensación aún presente me hace  sonreír. Diariamente al terminar de desayunar, Martha y yo hacemos unos burritos que llevamos a la escuela, los ponemos en una canasta envueltos con un mantel pequeño y partimos. 

Al llegar, mi hermana me lleva con la maestra Silvia y me “encarga” con ella; yo me quedo ahí calladita, dispuesta a obedecer.

La maestra Silvia cumple su cometido a cabalidad y no vacila en corregirme ante el mínimo error, cruza toda la hoja, y exige que la haga de nuevo pero esto claro que no me preocupa, porque tengo en mis manos el maravilloso cuaderno “polito”, ese de resortes, por lo que no me importa hacer de nuevo las hojas que la maestra me dice.

Me siento tan feliz y me esmero día a día por hacer bien las cosas descubriendo que ¡puedo hacerlo!

Los paseos de campo son algo especial, nos reunimos en la escuela, caminamos y caminamos hasta llegar a los árboles, matorrales, ríos, piedras; disfrutamos del espectáculo tan maravilloso que el campo nos brinda en sus paisajes; ahí, bajas la vista y cuando no encuentras tapizado de flores silvestres del campo, te encuentras a toda clase de pequeños animales; subes la mirada y te encuentras un cielo claro, limpio donde resaltan sus varias tonalidades de azul y blanco.

Permanecemos sentados en grandes piedras, comemos tortillas de harina recién hechas, o  dulce de leche o un membrillo recién cortado. Corremos cruzando de un árbol a otro,   saltamos, reímos, contamos chistes.

Por las tardes, Martha me prepara el baño, no hay mucho espacio así que pone una tina enorme al centro de la casa, y mientras me baño desenreda mi largo cabello y lo peina cuidadosamente.

Del otro lado del río vive mi primer enamorado, quien continuamente por las tardes acostumbra gritarme que soy su novia y me manda besos; pero al día siguiente lo veo en la escuela, nada dice.

Lalo, mi cuñado, viene los fines de semana -trabaja en los camiones de carga- acostumbra traerme cajas de dulces, lo espero con ansia. Martha me dice que haga la tarea rápido porque pasará Socorro (hermano mayor de Lalo) con el caballo y si no termino, no habrá paseo, así que rauda y veloz obedezco, me esmero y salgo a esperarlo. Al llegar Corro, rápido subo al caballo y cabalgo disfrutando el río, siento como el agua o el sol toca mi cara una y otra vez, al término de mi paseo ya Don Enrique me espera, con cariño me ayuda a desensillar y guardar al caballo.

Estos son simples recuerdos, pero especiales y trascendentes para mí; pasa el tiempo y continúan vívidos, los añoro y los disfruto cada vez que vienen a mi memoria. La aventura terminó a los seis meses. Mi mamá ya no aguantó sin su pequeña, así que tuve que regresar a Chihuahua muy a mi pesar, pero con una canasta llena de alegría, amor, ansiosa de un comienzo maravilloso de vida.

Me inscribieron en tercer año, lo que aprendí en la sierra, tuvo sus frutos, ya que no sólo subí mis calificaciones, sino que hasta ayudaba a los maestros a revisar los exámenes; dejé también de ser la visitante diaria de la dirección. Mi rebeldía llegó a su fin y con ello inició una etapa nueva que me ha convertido en lo que soy. UN SER HUMANO FELIZ Y COMPLETO QUE CONTINUAMENTE BUSCA OPORTUNIDADES PARA CRECER Y PROBAR LO QUE LA VIDA LE BRINDE.

Q,kiss Villalobos