¿Alguna vez has querido desaparecer? ¿Lo has logrado?
Agradecemos mucho esta interesante colaboración de una de nuestras Atrevidas: Ella es Lala, concursante en los Premios Demac 2002… Un texto que estamos seguras te hará, al menos, temblar…
El Insoportable Peso de mi Cuerpo
Por: Lala
En ocasiones puedo desmaterializarme, salirme si quiero de mi cuerpo, desaparecer del todo. Sólo cuando me lo propongo puedo quizá lograrlo a placer, o cuando algo me atemoriza y me pone triste. Sólo cuando quiero y si me lo propongo nuevamente puedo lograr ser una mujer inmaterial. Considero que Dios, la naturaleza, la vida me ha dado ese don para poder hacerlo y manejarlo a mi antojo sobre mi cuerpo, sobre mi mente, y más aún sobre mi alma, y yo que no lo sabía.
Nunca ninguna persona ni siquiera mi propia familia que, tanto me quiere, ni si quiera mi padre “que tanto me adora” me lo habían dicho, desaparezco así nada más por capricho algunas veces, por curiosidad en otras y por necesidad en casi la mayoría en que me es necesario hacerme desaparecer.
Me vuelvo inmaterial… me siento en esos momentos como una pluma que flota meciéndose a capricho del viento… Desde que tenia yo diez años, muy chica por cierto, vengo inmaterializándome, desapareciéndome, esfumándome, las primeras veces creo que era de vez en cuando como cuando de pequeña vi que mi papá arremetía fuertemente contra mi madre y escuchaba los gritos desesperados de auxilio y yo solo me esfumaba de ahí, y ahora… por necesidad.
No entiendo porque los demás no quieren creerme. Les cuesta tanto aceptar que la invisibilidad sí existe. Es un hecho, no es producto de algo comercial, ni de una película de acción o de aventuras, esto que vengo haciendo es real, o ¿es que a caso no les importo?, o es que ¿les cuesta demasiado trabajo aceptar tal hecho insólito en una mujer como yo tan frágil y pequeña que no protesta de nada?.
¿Ustedes creen siquiera que los más afamados escapistas hacían el acto de la desaparición solo porque les venía en gana? Todos esos ilustres personajes del escapismo mundial realizaban lo que se llama científicamente la inmaterialización de los cuerpos sólidos. Considero ciertamente que realizo algo muy parecido a lo que ellos tan majestuosamente efectuaban para sus audiencias, para sus familias, para una persona quizá, ellos también tenían por necesidad el desaparecer cuando algo que no les gustaba o les acontecía…
Cuando para mi llega el momento justo de realizar tal proeza simplemente desaparezco del lugar en donde me encuentre. Es como si me perdiera en un vacío, en un abismo, en una insoportable levedad. Y me esfumo como el gran Houdini, para que ya nadie me pueda ver, ni oír, y mucho menos tocarme que es lo que ahora más detesto, el contacto con otro cuerpo.
Siento como si ya nunca más pudiera ser vista, que nunca más pudiera ser tangible… tocada. Cuando me siento invisible obviamente dejo todo. Pierdo el peso completo de mi cuerpo tan voluptuoso, tan frágil, tan pequeño, soy todo y nada a la vez…
Generalmente siempre hago la desaparición en mi habitación, que solía ser el lugar de mis sueños alguna vez y que ahora es el lugar de mis más grandes temores y pesadillas. Pero creo firmemente que ese lugar es mucho más seguro que éste donde todo es material, tangible. Y creo que cuando me sumerjo más en aquel lugar, me cuesta bastante el poder regresar a mi realidad a mi materialidad.
Cada vez retraso la vuelta cuanto más fuese posible. En el pasado era algo que yo ya no podía controlar abiertamente. Y conforme los días, los meses, los años fueron tomando curso, adquirí cierta habilidad para ello, cierto manejo del tiempo, que permite que me retrase más de lo previsto, solo un poquito más…
Así ocurrió un día en que pensé fuertemente con todo el valor que quedaba en mi alma, no regresar jamás a mi mundo material, y poder quedarme en mi otro mundo para toda la vida o hasta donde esta me alcanzara. Sí, en aquel lugar que yo no sé ni siquiera como se llama o en que punto de la faz del cosmos se encuentra, ese lugar en donde no tengo cabeza, brazos, piernas, pies, nada en mi cuerpo existe y soy solo la perfecta creación de mi mente, la criatura más delicada que ni siquiera Dios hubiera pensado en materializar, porque él no me cubrió jamás con su suave y cálido aliento.
Sin embargo esto que soy acá en mi mundo real, el cuerpo visible, pesado a las leyes malditas de la gravedad de los cuerpos, mucho muy denso, demasiado visible, demasiado expuesto a cualquier cosa. En el lugar de mi invisibilidad nadie ni nada puede tocarme pero acá...Acá., en este mundo lleno de cosas de objetos y de personas pasa que me tocan unas veces sin querer al roce en las calles, en la escuela, en el recreo, en mi casa con la familia, no puedo hacer nada para que no me toquen, no me gusta.
No estoy loca, sólo soy una mujer frágil de cuerpo, de espíritu, y trato de ser menos cuando me vuelvo inmaterial, como los fantasmas que recorren los lugares en donde con frecuencia visitaban, como el aire que va libre por las bastas tierras y circula de un lado a otro y sin terminar de llegar a poner fin a su recorrido; soy el mismo viento que en ocasiones se pasea de un lado a otro sin importar los caminos, los senderos peligrosos o agradables; no estoy loca, solo soy parte de esta creación que se propone hacerme sentir parte de ella y que ni siquiera me pidió opinión al respecto…
Mis padres no me preguntaron si quería ser parte de su familia, si me lo hubieran preguntado con firmeza hubiera dicho que no, porque no me han defendido de este insoportable peso de mi cuerpo.
A cualquier hora del día cuando soy nuevamente cuerpo y alma ya sea de mañana, de tarde o de noche, escucho pisadas que se acercan lentamente y en silencio rumbo a mi habitación. Escucho claramente como unos zapatos grandes y toscos hacen rechinar la duela del piso. Presiento y concluyo que son los zapatos de suela doble que tiene mi papá, tan lustrosos y brillantes en su recámara y que suele ponerse para alguna fiesta o evento especial.
Cuando escucho esas pisadas rápidamente busco el clóset de mi recámara para esconderme, pero se que ahí buscará primero, así que como a los juegos del escondite me meto a mi cama a manera de que mi cuerpo parezca la almohada bajo las cobijas. Una vez que tengo las almohadas y las cobijas encima de mí, trato de no respirar y no hacer ninguna señal. Pero él siempre me encuentra.
Perfectamente sé que es mi padre el que se acerca a mi recámara a querer jugar como dice él, por el modo que tiene de taconear los zapatos: es un defecto que tiene en los talones porque los arrastra siempre, sus pisadas son lentas pero hacen bastante eco… Los zapatos de mi madre son más pequeños, camina suave y silenciosa como un caracol en nuestra casa y si fueran mis hermanitos entrarían correteándose y gritando anunciando su llegada.
También sé que es él por el modo que tiene de abrir la puerta. Despacito. Pone el seguro con tanto sigilo que parece que le llevara toda la mañana, tarde o noche hacerlo. Calculador como lo son los gatos para atrapar a su presa, caer a ella sin dudar de la distancia, o del peso de su cuerpo encima de la presa.
Llega el momento cuando mi papá esta en la puerta y con pasos más largos llega hasta mi cama y casi lo tengo frente a mi, con todo y sus zapatos tan brillantes y de doble suela, tan pesados y desgastados de los talones que lo rozan. En la mesita junto a mi cama está un espejo que cuando entra la luz de la calle se refracta en él y veo la figura de mi padre que se ve por el, la habitación se ilumina en ese momento ya que la luz entra tan tenue de entre las persianas azules.
Siento ahora como entra un aire leve sobre mis mejillas… me ha descubierto, su brazos se estiran y me levantan como si no pesara nada, parezco una muñeca de trapo; dentro de la cama me sentía como un gusano que se arrastra entre la oscuridad de la tierra que me cubre, en ese momento ya cuando el me toma de los brazos todo se vuelve oscuro. Y es cuando definitivamente no deseo que ya nadie más me vea. Sobre todo mi papá. Y sin que yo lo quiera él es el que me mira solo en mi habitación, no existe nadie más que él.
En el momento en que soy un gusano, me transformo ahora en una crisálida, y yo no sé como diablos vuelvo a estar tumbada sobre la cama, sin ropa ahora, brillante como gusano, toda mojada, toda abierta. Como si me hubieran sacado de mi crisálida y sin quererlo ya no me quiero mirar en mi espejito, y comprobar tristemente que ya no soy aquel gusano enterrado en la tierra, sino la mujer pequeña y frágil que hasta hace apenas unos cuantos minutos estaba escondida bajo las cobijas y las almohadas de mi cama tratando de no ser descubierta.
De antemano se perfectamente que no estoy donde debería estar, en mi cuerpo y estoy ya en otro lugar y en otro tiempo, sin embargo no estoy en mi lugar especial, mi limbo, mi espacio, mi infinito, mi nada.
No puedo ni siquiera rozar mi cuerpo, no puedo suspirar, ni respirar, es más no puedo ni oler mi cuerpo. Yo ya sé que me he ido a otro lugar, y se que definitivamente no estoy donde debería estar dentro de mi cuerpo en la habitación junto a mi papá.
Una vez más acostada sobre mi cama tengo un proceso de metamorfosis, me poso sobre todas y cada una de las cosas que se encuentran en mi habitación. Una vez en mi reloj de pared, entre las manecillas o el segundero, o entre los números, otras sobre mis libros de escuela, mis lápices, mis zapatos, mi ropa, mis muñecas que tanto quería y que ahora no puedo ni acercarme a ellas por miedo a ofenderlas con mi cuerpo, las voy vibrando una a una para saber de sus esencias y así una tras otra y tratando que el tiempo pase largo y letárgico y no pensar lo que acontece con mi papá.
Me siento como un maguey, una planta muy femenina que si la observamos cuidadosamente pues pareciera que en su interior tiene cuidadosamente envuelta una vagina limpia y fresca, y pienso que es una flor enorme de pétalos densos, consistentes y muy largos, que en la punta esta su esencia como cada parte de mi cuerpo, como aquel tulipán que mi madre puso sobre la mesita junto a la cama.
Me poso ahora sobre su tallo, memorizo cada parte de los filamentos y del color intenso del rojo carmesí, bajo hasta el agua que la alimenta y ahí me sumerjo entre las burbujas que hace el aire que se queda atrapado, nada me divierte más que jugar en el agua, cual basta e infinita es, el mar tiene tanta grandeza que lo pienso en el momento en que él sigue ahí, trato de trasladarme hacia el agua del mar, tan salada, tan llena de burbujas, una a una voy recorriendo y señalando con las puntas de mis dedos frágiles que en ese momento están sujetos por otras manos más gruesas y rasposas.
Mi cuerpo empieza a perder materia y a posarse ahora sobre los pétalos del tulipán, voy de pétalo en pétalo, y pienso como los enamorados, me quiere no me quiere, concluyo, no me quiere, no me quiere, nunca me ha querido.
Un pétalo miedoso, estremecido por el roce sutil, el sonido más imperceptible, un pétalo a punto de caer de la flor que lo sostiene, o de desprenderse del centro que lo tiene sujeto fuertemente, cual hija que no quisiera separarse del regazo de una madre.
No me quiere. No me quiere. No me quiere.
Me siento ahora como el pétalo. Casi esta a punto de caerse del centro caliente, me voy despidiendo poco a poco de tallo de las hojas de todo. Y me voy despegando, como yéndome hacia una caída inevitable, el peso de mi cuerpo es parecido al del pétalo.
Me quiere. No me quiere. Me quiere.
Ahora me estoy quedando como suspendida nuevamente. Flotando. No termino de caer. Hasta que de repente siento como llega la oscuridad tan fría.
Escucho ahora como se va cerrando las hojas de la persiana lentamente. El golpe seco de la madera chocando contra el marco metálico de la ventana. Un leve titubeo. Y aparece la noche. Y me quedo temblando de miedo en lo oscuro. Creo que a oscuras es mejor porque no puedo observarme en mi espejito. Nadie puede verme en la oscuridad, ni siquiera mi papá.
Vuelvo a ponerme invisible. Me transformo en cuerpo inmaterial, invisible vaya. Desaparezco.
Se acuerdan de Houdini. Dicen que el gran Houdini tenía poderes que no eran terrenales, eran mágicos. Como yo. Pero a mí no me quieren creer… ¿por qué será que no se dan cuenta de que sí existe la invisibilidad en las personas? Y creo que terminaré por creer que no tengo poderes mágicos. Ni en mi misma creo ya ahora en estos momentos tan difíciles.
Dicen que él podía desaparecer en el aire, o deslizarse por el orificio de una cerradura. Yo puedo hacer realidad lo primero, pero no lo segundo. Todavía. Pero uno de estos días. Uno de estos días. Voy a desaparecer para siempre y no voy a volver más y eso ténganlo por seguro algún día lo cumpliré.
Estoy aún flotando y el me está quitando la ropa ahora, y es en este momento en el que comienzo a experimentar la pérdida de peso, hasta volverme tan volátil como un pétalo de tulipán. Aquel pétalo que se cayó de su centro, y de cada parte de él, que le duele el inmenso vació que deja su partida.
Precisamente cuando mi papá esta a punto de acomodar mi cuerpo sobre la cama, como si yo fuera un trapo, me desvanezco de mi. Y es un consuelo. No estar más allí dentro. Y estar acá afuera flotando, a punto de caer, pero quisiera estar fuera para siempre, que durara una inmensidad el estar sin mi cuerpo que ya no quiero más por que no me responde.
Por fin caigo, y lo malo es no poder quedar por más tiempo flotando fuera de mi cuerpo frágil y pequeño como la mujer que soy y que siempre he sido aunque a veces me arrepienta de serlo.
Ahora trato lenta e infructuosamente de hacerlo volar, pero no puedo por la maldita ley de gravedad. Mi peso es inconsistente, y aún así está denso, y por eso caigo nuevamente en el mío, como si no tuviera otro lugar más en donde alojarme o poderme refugiar por un momento.
Quedo ahora tendida nuevamente sobre la cama y sobre mí el cuerpo de mi papá que me aplasta como si pisara un tulipán frágil y pequeño, como yo lo soy, insisto en mencionarlo cada vez que pueda.
Concluyo ahora con la reflexión siguiente, mi papá no me quiere nunca me ha querido, porque sigue haciéndome sufrir, el peso de su cuerpo es más que lo que pesa el mío, aunque me salga del mío siempre caeré y veré la cara de mi padre en la oscuridad respirando rápidamente y exhalando silenciosamente mientras los demás están dormidos o están fuera de la casa.
Convencida estoy de que pronto mi peso se perderá y me convertiré en aire, burbujas, pétalos, o mejor aún en un fantasma, porque no creo seguir consintiendo que él siga encontrándome entre mis cobijas y almohadas, abrazándome, besándome y peor aun cayéndome encima. Me quiere no me quiere, no me quiere, no me quiere, no me quiere. ¡Mi papá no me quiere! nunca me ha querido.
¿Qué puedo hacer contra este insoportable peso de mi cuerpo? Dios, ayúdame a entenderlo.
Fin.
PIDAMOS AYUDA Y AYUDEMOS ANTES DE INMATERIALIZARNOS.
Por Catalina Araceli Castañeda Estrada (no verificado)Sin lugar a dudas Lala lograste plasmar el sentir de la protagonista que de alguna forma o en algún momento te confiaría lo que estaba viviendo, lo conjeturo por lo que refieres en uno de tus comentaríos, el punto es que no necesitas terminar de leer el texto para inferir que esa persona esta siendo abusada por su progenitor, un ser miserable y enfermo que no conoce el amor, definitivamente "aquel que te hace sufrir, sufre inmensamente más que tú", y que de alguna manera esta dejando entrever que es tan insoportable lo que esta viviendo que mejor prefiere dejar de existir, una señal tangible de que en cualquier momento se va suicidar, situación que así paso, (según estudios psicológicos aquellas personas que piensan quitarse la vida siempre dan señales de ello, hay que poner atención en estos aspectos).
A mi me gustaría que tu texto sirviera no solo para que los lectores se estremezcan, se impresionen, o se les ponga la carne de gallina, sino para que abramos los ojos a una realidad que existe, ya que el abuso sexual se da en mucho y desgraciadamente según estudios realizados, los abusadores no son desconocidos, generalmente son familiares, vecinos, padrastros o como en este caso hasta los padres; como el tema es tán delicado la sociedad quiere hacer ojos ciegos y oídos sordos en el caso, pero no debe ser así,
¡Ojo para todas las mujeres!, nosotras valemos mucho y debemos hacernos respetar, nuestro valor no nos lo impone un hombre, la madre no hizo nada por su hija, porque como narras en el texto la protagonista identificaba por la forma de caminar a los diversos miembros de su familia, refieres a la madre con un andar suave y silencioso como un caracol, si analizamos un poco esto nos habla de una mujer, sumisa, sobajada, los caracoles se arrastran, una mujer que no es capaz de salir de ese infierno de maltrato atendiendo al parrafo ..."cuando era pequeña, mi padre arremetía fuertemente contra mi madre" y mucho menos capaz de cuidar y defender a sus hijos, claro, si no tenia la capacidad de defenderse asi misma.
Desgraciadamente existen muchas familias disfuncionales y con violencia intrafamiliar, así como la protagonista destaca este rasgo de inmaterializarse asi muchas mujeres que sufren el constante abuso sexual y no se sienten escuchadas, acogidas, buscan fugarse de su realidad y esta es una forma muy común de hacerlo. Ojala y este texto estremecedor pero muy real sirva para que aquellas mujeres que lo leen y estan pasando por una situación igual, similar, se den cuenta que antes de querer inmaterializarse para siempre hay quien les pueda brindar la mano, el apoyo, ayuda, ¡no estamos solas, hay que hablar, podrán haber violentado el cuerpo pero no permitamos que violenten la esencia, la mente, el alma! y ojo a las madres hay que tener valor y no cegarce ante la realidad, y ojo a la sociedad, si vemos de manera indirecta ya sea alguna amiga, familiar, vecina, etc, que este pasando por algo similar hay que brindar nuestro apoyo antes de que terminen como la protagonista, quitandose la vida, sintiendo que nunca conoció el amor.
Finalmente agradezco a Lala que hayas plasmado el sentir de la protagonista de tal manera que cualquiera pensaria que fue de primera mano, no es fácil encarnarte para transmitir un sentir tan subversivo por el dolor y por no encontrar una salida a su realidad tan triste pero que por desgracia existe.
Respuesta a Lala
Por Rosa María (no verificado)Querida Lala:
Tu texto a mí también me estremeció y sentí un deseo enorme de consolarte... o tal vez sea más sincero decir... de consolarme. Siento ganas de llorar... pero no, más bien sentí ganas de llorar. Y sí, algunas lágrimas nublaron mi vista, pero ahora, tres minutos después de que comienzo a escribir, decido que no voy a volver a caer en ese pozo en el que estuve atrapada décadas. Esta mañana hablé con Amaranta por teléfono, y le dije "Amo la psicología. Me ayudó tanto!, Es como si todos esos años de terapias me hubieran mpujado hacia arriba, para escalar hacia la salida y ahí iba yo, despacito, tratando de liberarme, pero de repente llegó la escritura, se metió al pozo y tomó mis brazos para de un tirón sacarme del infierno". Así lo siento, así lo estoy viviendo y cada día trato de disfrutar mi liberación. Ya no me importa si mi madre me quiso o no, ahora es vieja y está enferma, sólo le pido a Dios que me dé fuerzas para darle una vejez digna. Ya no me importa que su marido me haya utilizado, él ya no está en este mundo y yo sí. ¿Existe alguna forma de agradecer a DEMAC y a todo su equipo la magia que promueven y que transforma tantas vidas? Lo único que se me ocurre es compartir para propiciar el alivio. Estar bien para escuchar y comprender, tal vez para aconsejar y para transmitir la propia experiencia.
comentario alescrito de lala
Por Marisa Legarreta (no verificado)Lala, amiga desconocida,tu historia me espelucó, hizo mi piel de gallina,es impactante y es compartida, en muchos aspectos te comprendo, yo tambien desaparezco, me inmaterializó, vuelo por el mundo en una nube, gracias por tu historia.
Marisa
Gracias
Por LALA (no verificado)Aunque tarde agradezco sus finas palabras me animan y me dan valor. Estoy a sus órdenes.
Te felicito amiga
Por GABY PELLON (no verificado)Amiga muchas felicidades por este texto, la verdad me quedé asombrada de tu manera de expresarte, del contenido...., en fin de todo el contexto....Ahora solo me queda un nudo en la garganta. Y sentime honrada por haber tenido la oportunidad de leer esto tan tuyo-.
Gaby Pellón
Gaby gracias
Por LALA (no verificado)Querida Amiga, te agradezco tus palabras, tú sabes como me salen las palabras incluso hasta cuando estamos en nuestras tertulias sin embargo debo comentarte que la experiencia la plasmo a travéz de los ojos y el sentir de la verdadera protagonista una amiga que con ese hecho que no soporto se quito la vida un mall día de 10 de mayo de hace 5 años que ironía, una mujer que nunca fué madre y que solamente contem,plo el temor, a manera de no homenaje solo de recuerdo a que existen los hechos y debemos enfrentarnos.
felicitacion
Por LAURA VIADAS (no verificado)En mi tierra, que es Guadalajara, hay un dicho que dice: "honor a quien honor merece"
Felicidades Lala, por la exquisita manera de violentar la imaginacion:
...Felicidades: por la frecuencia de tus alientos que van pulsando los recuerdos que -aterradas- muchas podemos tener en el armario de los vacios o que otras -igualmente aterradas- hemos podido visualizar en el horizonte de lo amenazador...
... Felicidades: por los etereos sollozos que desagarran la armonia de tu narracion...
... y sobre todo, felcidades, por crear ese universo que algunos gustan definir como "literatura de genero", pero que ante todo es el maximo logro de permear lo femenino para entrar en el desarrollo del absoluto...
Felicidades ... , y gracias
Es un texto que no se puede olvidar...
Pd.- ¿Cuando hacemos una cita colectiva para todas a las que la materia nos permite usar el alma para ser quienes realemente debemos ser?
no lo creo
Por papa oso (no verificado)la forma del relato, la imaginacion, el verdadero poder de ir a otras dimensiones, la crudeza de lo vivido.... la forma de llevarme a vivir a cada momento que voy leyendo, ¡caray! tengo mi mente hecho un panal de avispas. Gracias por este regalo
me he quedado petrificada con el relato
Por Josefina Claro (no verificado)Que valor de poder crear una historia a partir de una experiencia si bien no es directa por la autora si por otra situación, tiene mucha soltura y creo que bastante poencial para poder crear historias inverosimiles pero ciertas en nuestros días, felicidades Lala.