Tema del mes

Abril, 2009

La infancia de las mujeres

“Nací en una vecindad que contaba con 24 viviendas. En la que yo vivía era un cuarto de 4x5 metros cuadrados y la cocina de 2x3.

Los excusados eran de cadena alta. Eran ocho y dos baños con regadera. Fui una hija maltratada; mi papá me golpeaba mucho, tal vez porque era una niña demasiado traviesa. Él decía que las mujeres eran unas putas…”

“Mientras mi padre y hermano ordeñaban las vacas, mi hermana y yo tendíamos las camas y recogíamos el cuarto. Luego, en la tierra llamada El agua buena, yo también sembraba. Chela daba un paso y yo daba dos y echaba tres semillas de maíz y dos o tres de frijol y lo mismo de calabaza…”.
Estos son algunos testimonios que Gloria Contreras Humarán nos regala sobre infancias de algunas “Mujeres de mi familia”, como tituló a la obra que concursó en los Premios Demac 1993-1994.

Aunque todos los niños tienen derecho a la salud, educación, risas, juegos, a un ambiente que favorezca un sano desarrollo intelectual y espiritual, entre otros, la realidad a veces no coincide con estos deseos y pareciera que además, las niñas, tienen un poco más de dificultades para lograrlos que los niños.

Son numerosas las noticias acerca de trabajo infantil, explotación sexual, maltrato y más recientemente, desarrollo de enfermedades como sida, en las que las niñas llevan las de perder.
Aunque los datos de distintas organizaciones coinciden en que en materia de educación, las niñas aprovechan mejor las oportunidades, a la hora de salir a la calle, ya jovencitas, no pocas terminan realizando labores catalogadas como “femeninas”, que además son las peor pagadas.

Pero ya desde los primeros años, muchas niñas se enfrentan a la realidad de que antes que jugar, hay que trabajar, ya sea haciéndose cargo de los hermanos menores, y/o de las labores del hogar: cocinar, planchar, lavar, hacer las compras… etc., tareas, que pocos niños realizan.

Es una diferencia que a veces aparece en forma sutil:
“No recuerdo cuándo dejamos de ser una. Pero sí fuimos, una y buena. Primeros lugares en la escuela, obediente, bien amada de mis padres. Cuidaba a los niños, no recuerdo si eran míos o de mi madre, pero daba lo mismo. Yo me sentaba en recreo, vigilando, mientras jugaban a la casita. Siempre quise jugar. Jamás conocí la casa de muñecas. Me ocupaba mi madre. Muchas veces se quedaba en cama, por dolor o por tristeza. Le apesadumbraba no hacer feliz a mi padre. Nunca estaba. Siempre trabajando. Me mandaba a pedirle dinero. A mí sí me lo daba; yo era su “favorita”, y hasta la fecha no me lo perdonan mis hermanas. Me nombró como su primera novia. Eso compensaba el no haber nacido hombre. Ayudé a mi madre a cargar responsabilidad, culpa, deseos de agradar. Ya no recuerdo si eran los míos o los suyos. Daba lo mismo…”.

Así relata su experiencia Angelus, autora de Autopsia, obra que concursó en los Premios Demac 1999-2000.

La UNICEF lo pone en “blanco y negro”: “En la mayoría de los países la proporción de niñas que dice dedicarse principalmente a los quehaceres domésticos más que triplica a los niños… ejercen trabajo no remunerado dentro de sus propios hogares, asumiendo responsabilidades inapropiadas para su edad… la población infantil femenina trabaja en quehaceres domésticos 3.8 horas semanales más que la masculina y en México, en la población de 12 a 14 años, esta brecha aumenta a 11.4 horas semanales”.

Las diferencias de género desde la infancia no se limitan a las cuestiones laborales, sino desde el propio nacimiento: a casi nadie se le olvida llevar al registro civil a un niño recién nacido, pero a veces, las niñas pueden esperar y hay casos dramáticos de niñas enfermas que no tienen acceso a los servicios de salud porque “no existen” legalmente…

En fin, son muchas y muy variadas las experiencias sobre la infancia y por supuesto y afortunadamente, no todas son tristes.

Y más allá de estadísticas, en Demac queremos conocer tu propia experiencia, así que te invitamos a que nos dejes aquí tus comentarios o nos escribas a diana.perez@demac.org.mx para contarnos ¿cómo viviste tu infancia? Y si tienes hijos, ¿cómo vives a tus niños?

Esperamos tus respuestas!

21 Abr11:27

la infancia de las abuelitas

Por roco (no verificado)

Hola, yo no soy una abuelita, pero quiero escribirles lo que mi abuelita alguna vez me contó cuando yo era niña  sobre lo que vivió en su infancia .

Ella  fue una niña muy felíz , la más pequeña  y traviesa, pues cuenta que a la hora de cenar o tomar el café como ella lo decía quiso mostrarles a todos que era muy fuerte y se metió bajo la  mesa y qué creen que pasó, todas las tacitas de café se voltearon y el café se derramó, su mamá la  tomó  de la mano y la llevó de castigo a mojar en la pileta . Otro suceso importante fue cuando la gente de la Revolución llegó al pueblo, en Veracruz , y todas, mujeres y niñas, se tenían que esconder de ellos bajo las camas o en los roperos porque se llevaban a todas las que encontraban y no se volvía a saber de ellas. En su casa gustaban mucho de la música y ella aprendió solfeo como si fuera un juego,pues poseía una memoria sorprendente. Me contó también que su mamá decidió llevarla a la escuela antes de la edad requerida. Como los niños ya podían leer en su salón de clases la maestra leía una vez la lección y luego se las iba tomando a cada uno de ellos, cuando llegó con Nievitas, que así se llamaba mi abuela, la niña  repitió  de memoria la lección, pero una palabrita no la decía bien y la maestra regresaba al punto donde la niña se equivocaba y la chiquita lo volvía a hacer, en el momento que la maestra se acercó para señalar la palabra se dio cuenta que el libro de la niña estaba al revés y entonces se dio cuenta que era momento de regresar a la niña al curso anterior. Todo esto lo contaba con su cara de pícara y reía feliz al contarnos sus aventuras de la infancia.

 

30 Mar15:22

Mi infancia como mujer: Mi

Por Anónimo (no verificado)

Mi infancia como mujer:

Mi infancia fue de trabajo, no diferente a la de mis hermanos varones en cuanto al trabajar, pero sí a la de otros niños de mi colonia, donde ellos podían salir a divertirse mientras nosotros “los Palacios” debíamos vender gelatinas en diferentes negocios para contribuir al ingreso familiar o ayudar a preparar tortas para venderlas y sostener a la familia pues fuimos muchos hijos.

Fui la sexta de 7 hermanos,  (2 hombres y 5 mujeres) mi mamá decía constantemente que si por ella hubiera sido, ella se hubiera quedado con los tres primeros, ahí ya venía implícito el rechazo a “tantos hijos”. Pero también vivía mi abuela materna con nosotros, ¡ella sí que tenía por favoritos a los hombres! comían especial, eran muy cuidados por ella y mas considerados en el trabajo familiar, eran “los consentidos de mi abuela”

Mi papá siempre tuvo sus favoritas y favoritos aunque no hacia diferencia, simplemente él era el hombre de la casa, que había que atender cuando él llegaba, que veía a mi mamá como un objeto para satisfacer sus necesidades sexuales y aunque era un buen papá era un pésimo esposo, no tenía consideraciones con mi mamá de ninguna especie pues todo el trabajo del hogar era cargado en ella, aún después que ella entro a trabajar fuera del hogar.

Mi mamá también tenía sus favoritas en el hogar, haciendo muy notorio entre nosotros el trato; además tenía como lema en su vida “para evitar dificultades”,  tolerando lo intolerable, aceptaba cosas que no se deben vivir, bajo la excusa de “evitar dificultades” y aceptando un trato de desigualdad o peor aun de humillación.

Yo no era la consentida de ninguno, quizá porque era la que hablaba, la que preguntaba, la expresaba aun desde pequeña mi punto de vista y claro la que fue “culpable” del rompimiento de mis padres.

Ahora ya adultos todos nosotros veo patrones repetitivos en todos mis hermanos y hermanas,  algunos de ellos aceptan, toleran y hasta apoyan el trabajo de los hijos menores, privándoles del ÚNICO DERECHO QUE SE TERMINA AL CRECER, el derecho a jugar, el derecho a ser niños y con sus esposos o esposas, están viviendo de la misma forma en que vieron vivir a mis padres.

Yo tengo dos hijos varones y ese siempre fue mi deseo, pues siempre pensé “las mujeres somos mas conflictivas”,  ellos han tenido la oportunidad de ser niños,  de jugar, de estudiar, pero yo llevo en los genes el trabajo desde la infancia, lo que ha ocasionado en algunas ocasiones, que no pueda ver a mis hijos sin estar activos, siempre quiero verlos “haciendo algo”, no he aprendido todavía (aunque estoy en proceso)  de relajarme, de ver la vida de manera tranquila.

Intento en mis hijos crear la conciencia de la mujer como igual ante los ojos de Dios, la conciencia de hablar, de expresar su opinión. También trato de que ellos vivan cada etapa de su vida, siendo niños o adolescentes como le corresponde, pero con la responsabilidad de asumir las consecuencias de sus actos. Ellos como hombres ayudan en las labores del hogar sin distinción cuando es necesario y han aprendido que son privilegiados al no tener que contribuir al gasto familiar, pues muchas veces los niños son obligados a trabajar por la necesidad económica que hay en el hogar.

desde Chihuahua, Chihuahua el Estado Grande, tan grande como su gente

Inquieta