Ponencias

Septiembre, 2010

II Encuentro Nacional de Mujeres ex Guerrilleras

“…en la guerrilla fui una de las mejores, a la par que los hombres en cargar mochilas repletas de municiones…”: ¿cómo se vive la guerrilla en lo cotidiano? ¿cómo y quiénes son éstas mujeres?

Mujeres de Armas Tomar

Nuestra memoria contra el olvido, la impunidad y el silencio

Mazatlán, Sinaloa 7 y 8 de marzo de 2008

Concursos Premios DEMAC Para mujeres que se atreven a contar su historia® Testimonios: Mariposas en cautiverio de Isabel del Carmen Castillo (Nicaragua) y Compañeros Lidia Irene Nardi de Vega (Buenos Aires)

Leticia Amaranta Medina Méndez

amaranta.medina@demac.org.mx

Documentación y Estudios de Mujeres, A.C.,DEMAC, es una asociación civil no lucrativa fundada y dirigida por la Dra. Amparo Espinosa Rugarcía con el fin de promover el desarrollo integral de las mujeres mexicanas. Tres de los objetivos principales de DEMAC son: rescatar vivencias y testimonios femeninos que les permitan a las mujeres mexicanas mirarse bajo sus propios parámetros y no bajo el prisma de los valores que les son ajenos; promover que mujeres de diferentes regiones y medios sociales del país participen en los Premios DEMAC Para mujeres que se atreven a contar su historia® ydifundir el pensamiento de las mujeres mexicanas, publicando sus escritos autobiográficos.

Entre los más de dos mil trabajos que han llegado a los concursos se encuentran testimonios de mujeres militantes en movimientos sociales, políticos, urbanos y armados. En suma, son aproximadamente treinta textos con los temas anteriormente mencionados. De éstos, tres son biografías de mujeres que lucharon (desde adentro o fuera) en la Revolución Mexicana y cinco son memorias que dan testimonio de mujeres ex guerrilleras de la década de los años setentas, aproximadamente. También llegan textos en los que sus autoras -que si bien no son guerrilleras o ex guerrilleras ni militantes en algún movimiento- expresan sus inquietudes e inconformidades con respecto a la pobreza, la injusticia, la represión, la autonomía de los pueblos, los derechos humanos y diversas causas que han motivado a muchas otras personas a unirse a la lucha armada.

Los testimonios de estas mujeres distan de ser la clásica historia oficial descriptiva de grandes hechos y acontecimientos visibles. Las historias de estas ex guerrilleras son un testimonio de un gran acontecimiento vivido desde la cotidianeidad, desde ese micromundo imperceptible de la vida cotidiana de una persona. Estas historias ya han pasado por un proceso de reflexión y de toma de conciencia de sus protagonistas, lo cual permite entrever que estas mujeres no son sujetos pasivos de la historia, sino que son seres humanos de acción, pensamiento, reflexión y de sentimientos que han sido capaces de construir y matizar una buena parte de esta.

Hace ocho años, DEMAC lanzó un concurso dirigido a mujeres latinoamericanas, llamado Premios DEMAC Conciencia Latinoamericana 2000-2001 Para mujeres que se atreven a contar su experiencia del pecado, el cuerpo y la sexualidad desde su espiritualidad y su religión. DEMAC publicó todos los trabajos participantes en el concurso. De estos textos tenemos dos testimonios de ex guerrilleras que son los que se presentarán: Mariposas en cautiverio de la nicaragüense Isabel del Carmen Castillo y Compañeros de la argentina Lidia Irene Nardi de Vega.

 

Las historias de estas ex guerrilleras se encuentran entrelazadas con el amor y con la sexualidad. La articulación entre estos aspectos de la vida que nos comparten Isabel y Lidia se debe al nombre del concurso, pues los temas a tratar fueron: La experiencia del pecado, el cuerpo y la sexualidad desde la espiritualidad y la religión. Lo interesante en estos textos es que la vida amorosa y sexual de las protagonistas quedó marcada a partir de su experiencia y su vivencia como guerrilleras, de ahí que comienzan sus relatos.

 

Son varios los hilos conductores para poder abordar el tema de las mujeres ex guerrilleras. En esta ponencia sólo mencionaré, de manera breve, cinco hilos conductores que nos introducen en el mundo de la guerrilla vivido desde la cotidianeidad, estos son: las diferencias dentro de la guerrilla; ser mujer revolucionaria; la identidad, la intimidad y la individualidad en la Revolución; la sexualidad y el amor de una guerrillera.

 

Esta ponencia no tiene intención de hacer generalizaciones, pero sí de mostrar los diferentes caminos por los que se puede llegar a construir la memoria del movimiento armado en México desde la escritura autobiográfica.

 

En Mariposas en cautiverio Isabel nos habla del día a día en la guerrilla. La autora hace una comparación y una muy buena reflexión crítica de sus días como guerrillera en la sierra y de sus días como “revolucionaria doméstica” en la ciudad de Managua, Nicaragua en una casa de seguridad del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Asimismo, nos habla de su despertar a la sexualidad, de su naciente amor en una casa de seguridad en Managua, Nicaragua y de la gran amistad que ha construido y cultivado a lo largo de los años con Fabiola.

Por su parte, Lidia Irene nos cuenta en su texto Compañeros  acerca de la pérdida de su virginidad, del amor, y de la amistad entrañable que dejó en su vida su paso por el movimiento armado.

 

Diferencias dentro de la guerrilla

 

Cabe destacar que Isabel, autora de Mariposas en cautiverio, logra mostrarnos su sensibilidad y capacidad para notar las diferencias sociales, culturales, económicas y de género que presenció y vivió en su paso por la guerrilla. Permite ver la parte “mística” de la guerrilla, como ella la llama, y otra parte que ella no se imaginaba que existía:

 

Encerrada en un cuarto que en adelante sería mi dormitorio, me sentía extraña con esa comodidad,

pues esa parte de la lucha y escenario de trabajo no los conocía y tampoco me los había imaginado

demasiado porque la idea mística que tenía de un frente de lucha era la guerrilla, barrios, comarcas, caminos y hasta fronteras cruzándolas para introducir armas.

 

Las diferencias se dan hasta en la forma de nombrar y de utilizar objetos de uso cotidiano:

 

Yo me había quedado sola en la casa de seguridad, aproveché para conocer el terreno, recorrí toda la casa, era grande y hermosa, con grandes ventanas venecianas, con puertas de vidrio corredizas que daban a jardines interiores con un césped bien cuidado y lleno de flores; la casa contaba con cuatro cuartos grandes y espaciosos, había uno exclusivo como oficina y sala de reuniones.

… claro, esta era la vida de la burguesía, de la gente rica, todo de tamaño normal y necesario, todo higiénico y abundante, no había incomodidad ni hacinamiento, así era la vida aquí…; en cambio mi vida, empezando por que mi madre nunca tuvo una casa propia, siempre alquilábamos, no casas, sino piezas, cuarterías…, casas pequeñas cuya construcción era de adobe y los vocabularios arquitectónicos eran diferentes, como por ejemplo: escusado o letrina (servicios higiénicos), molendero y trastero (pantrick), perchero (clóset), bujía (lámpara), candado (cerradura), cuarto (dormitorio), paja (regadera), etcétera, todo de otro mundo, no porque tuvieran nombres diferentes, más bien porque cada cosa cotidiana era diferente…, pensé que tal vez, el día en que triunfara la Revolución podríamos vivir más decentes, más higiénicos, más humanos, y dejé el sueño en el futuro.

 

Cuando habla de su compañera Fabiola, comenta la diferencia social e incluso de personalidad:

 

… me estabas tentando a descompartimentar, lo que me pareció una falta de disciplina; aunque me calmé, pensando que la gente de Managua tenía su propia forma de actuar, o más bien la gente pequeña burguesa que se había integrado a la lucha recientemente.

Así eras vos, sofocada, demasiado emotiva para ser parte de un sistema de seguridad y medidas de disciplina que se hacían necesarias para sobrevivir a la represión de la dictadura, pero en fin, la Revolución necesitaba de todas y de todos… eso pensaba, pero era algo curioso, en vez de descalificarte me llamó la atención tu anarquía…

 

Isabel narra el momento en que Fabiola se molesta y le reclama al novio (también guerrillero) el hecho de tener que hacer tareas domésticas para él y para la jefa aparte de trabajar afuera:

- Pero yo también trabajo fuera de la casa y me canso y todavía lavo tu ropa, te atiendo; pero eso no es nada, lavo toda la ropa de la casa, la de ella y su compañero… y ¿Quién limpia la casa…? ¡Yo! ¿Eso es ser revolucionario? Creo que serlo sería ver cómo compartimos todas estas tareas, maldita sea… no me gusta mi papel, vos estás feliz porque andas en la calle, ves gente, comes afuera, sos chofer y nada más, ¡eh!, ¡qué bien!... Venís a la casa y te echas con el culo para arriba y te dormís, no tenés que planchar tu ropa al día siguiente.

Fabiola estaba más que furiosa, estaba cuestionando demasiadas cosas a la vez, cosas a las que nadie ponía atención, no le daban crédito; y él, ¿cuándo se ha visto a un esposo lavando y planchando?, y miraba que ella estaba poniendo las cosas en una dimensión exagerada, por lo que procedió a ganar la discusión por otro lado, por la vía del amor.

 

Después de presenciar el reclamo Isabel confiesa que:

Fabiola había tocado con su rebeldía cosas que eran ciertas, muy ciertas, cosas domésticas a las que nadie ponía atención; la alerta de Fabiola era una rebelión en contra de la visión y el papel de la mujer en la lucha revolucionaria, era un cuestionamiento casi feminista, era una visión de género; yo aún no había tenido esa óptica para ver las cosas que no me gustaban, no quería saber que dentro del movimiento revolucionario se daban incongruencias en lo que es la teoría y la práctica; pero no sólo incongruencias sino injusticias, barbaridades y procedimientos no muy dignos.

 

En ese momento, la autora comienza a tomar conciencia de las tareas que generan las diferencias de género y las jerarquías dentro de la guerrilla para sus distintos integrantes. Aunque también podemos notar que la Jefa, es una mujer y no un hombre, y que Isabel es conciente de que estas tareas aunque injustas en algunas ocasiones son necesarias, pues si todos se dedicaran a los asuntos domésticos aparte de la logística de la lucha armada, no habría tiempo para planificar ni para actuar contra el sistema.

Así, con un poco de humor la autora nos describe sus tareas domésticas, no sin antes reivindicarse como guerrillera revolucionaria:

Estaba entrenada militarmente, fui una de las mejores en mi escuela militar, en la guerrilla fui una de las mejores, a la par que los hombres en cargar mochilas repletas de municiones; nunca me quedé en las caminatas, no pedí cacao, participé en diferentes asaltos y misiones militares…, pero parecía que todo eso era suficiente para asignarme estas nuevas tareas, las cuales, por mucha lógica que le quería ver, me turbaban un poco.

Ahí estaba yo, cada mañana, encargada de la cocina revolucionaria; los días de semana me tocaba hacer el desayuno y el almuerzo revolucionarios, a Fabiola la cena –revolucionaria aunque no lo quisiera-. Me tocaba como tarea limpiar diariamente la casa…

También era mi responsabilidad lavar revolucionariamente toda la ropa de Isabel, de la Jefa. Estos apellidos de “revolucionarias” a las tareas se los puse yo, para imaginarme y ubicarme dentro de un movimiento revolucionario.

El pasaje anterior permite hacer la comparación entre la experiencia de Isabel y la de Guillermina Cabañas (2007) quien comenta en la memoria del primer encuentro que le daba mucha curiosidad y a la vez le divertía ver que los hombres recién llegados al grupo no sabían cocinar: hacían tortillas con bastante ombligo, que no se podían cocer y las teníamos que rebanar para que se volvieran a cocer... Ellos estaban acostumbrados que en casa todo lo hacían las mujeres..., y ahí teníamos que aprender de todo... Cada quien hacía sus tareas y lo suyo; fue una convivencia muy bonita de compañerismo dice Cabañas.

 

Ser y parecer mujer revolucionaria

Cuando Fabiola, compañera de Isabel en la casa de seguridad, le dice que no parece revolucionaria, la segunda se siente mal por ello y recuerda la frase del sandinista Ricardo Morales Avilés: que el Revolucionario además de serlo, también tenía que parecerlo, frase que nos trae a colación el comentario de Berta Lilia Gutiérrez (2007) quien dijo en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres ex Guerrilleras que hubo momentos en los que sintió como si estuviera prohibido llorar y los duelos por sus seres queridos no los podía completar, pues corría el riesgo de ser etiquetada como “pequeñoburguesa”. Así, para que estas mujeres parecieran guerrilleras tenían que “suprimir” o más bien, ocultar sus sentimientos.

También para ser mujeres revolucionarias tuvieron que dejar a sus familias llámense padres, hermanos, hijos, esposo, etc.

 

Intimidad, identidad e individualidad en la Revolución

Isabel también reflexiona acerca de la intimidad, de la identidad y de la individualidad, perdidas en la guerrilla:

            – Pero es mi diario, son cosas muy íntimas mías -decía Isabel a su Jefa.

- En la guerra no hay cosas íntimas, mucho menos en una organización clandestina y revolucionaria –le contestó la Jefa.

La autora muestra su desacuerdo con lo anterior y escribe un pasaje de su vida con su enamorada:

  • También te prometí que no te olvidaría, que te amaría por siempre.

Ese fue nuestro segundo pacto o promesa real, construido por nuestra fuerza sin intromisión de normas, reglamentos ni amenazas de estructura alguna. Esta era una práctica poco usual, era algo nuevo que fortalecía la propia identidad, identidad que no teníamos; era aún más profunda, era espiritual, ya que la identidad que nos habían construido para entrar en la empresa de esta Revolución, era una identidad única, era el deber hacia el pueblo, una vida que no nos pertenecía, en donde todo estaba subordinado a los principios y tareas que la organización o la patria demandaban.

Mediante la construcción de una relación afectiva en la intimidad de sus almas y de sus cuerpos es como Isabel y Fabiola sienten que se recuperan a ellas mismas y que adquieren una identidad no impuesta desde afuera.

 

La sexualidad de una guerrillera

Un común denominador en las mujeres guerrilleras de los sesentas y setentas, es que entraron en el movimiento armado siendo adolescentes o muy jóvenes, muchas de ellas no sabían todavía lo que era tener contacto sexual con otra persona.

Es así como Isabel vive uno de los momentos más álgidos en esta historia pues la envían con un psicólogo porque según sus superiores era una “desviada sexual”, cito lo que en palabras (escritas) de la autora le dijo el psicólogo:

… por eso quiero saber si ya lo probaste, si ya tuviste relaciones sexuales con otra mujer; si ya lo tuviste, muy difícil va a ser que cambiés o que lo dejés, a menos que se lo pidas a Dios y le prometas que vas a cambiar para ser normal.

Como bien dice la autora la estaban obligando a asumir un lesbianismo del que todavía no estaba segura, la querían sacar “del clóset” a la fuerza, violentamente. En este pasaje de su historia revela con intensidad su despertar a la adolescencia y a la sexualidad cuando dice:

Ni siquiera se detuvieron a pensar que sólo era una adolescente dentro de una guerra, una adolescente que despertó a su pubertad y a su sexualidad en una situación poco común, una situación de guerrilla clandestina, con un arma en la mano y los ojos llenos de desvelo y cansancio. Una adolescente que había madurado por lo que hacía, por las responsabilidades que asumía, pero que su piel y su cuerpo apenas despertaban, que se descubría a sí misma y a través de las otras mujeres cercanas, quienes nos apoyábamos hombro a hombro para dormir con calor, para sentir abrigo sin miedo a ser violadas por los compañeros de lucha.

 

Amantes aguerridas

En Mariposas en cautiverio, el amor surge a raíz de compartir actividades domésticas, trabajo, charlas, ejercicio etc., en la casa de seguridad. Isabel y Fabiola se enamoran irremediablemente aún en contra de sus superiores.

 

Isabel narra el comienzo de este amor:

Cuando se quedaba los fines de semana en la casa-cuartel, era para mí un tormento, o lo mejor que me pasaba, era mezcla de dos sentimientos: el primero, porque le tenía cierto temor por los ataques que me hacía, y el segundo, me encantaba estar con ella, casi no podía controlar estos sentimientos...

[...] así pasaban los minutos a solas, amándonos, prometiéndonos no sé qué cosas, porque quizá nada nos prometíamos, no había promesas. Nunca habíamos medido las consecuencias ni el miedo a que la organización nos descubriera [...] Era algo superior al miedo y a los pecados que podíamos cometer, era algo “nuestro”, decía Fabiola muy firme, defendiendo con amor lo que estaba viviendo.

Otra es la historia es la de Lidia Irene autora del texto Compañeros, a quien le bastaron unos días al comienzo de su militancia política en algún movimiento armado de Argentina (no menciona qué movimiento) para que esa experiencia marcara su vida para siempre.

Para comenzar, Lidia Irene escribe un poco acerca del trato impersonal como medida de seguridad dentro del movimiento armado, de ahí que surge el título de esta obra:

En esa fase embrionaria de la insurrección armada, casi nadie se conocía entre sí y todos teníamos seudónimos, o como decíamos agrandados, “nombres de guerra”, aunque el trato común era tan impersonal que lo que más usábamos era el “compañero” o “compañera”.

Cuando Lidia Irene entrenaba en la sierra, un mal día dos de sus compañeros se enfermaron, los enviaron con otro compañero a buscar asistencia médica. Al sexto día de que estos tres compañeros no regresaban, el grupo decidió dividirse en parejas (como medida de seguridad) y caminar diferentes rutas hasta encontrarse en un punto acordado. Lidia Irene y su compañero se perdieron. Después de caminar tres días sin rumbo, Lidia Irene duerme de cansancio, pero al despertar llora desconsolada y:

Después, recuerdo vivamente siempre, me abrazó, me consoló, secó mis lágrimas y empezó a besarme la frente, las mejillas, a acariciarme los brazos, a alisarme el cabello a envolverme más y más y las estrellas me mareaban y me fui reclinando y dejando el mundo cuando un beso en la boca me llegó de aquel cielo iluminado y ya mis piernas estaban enredadas sin mí y las manos del compañero tocaban mi piel por debajo de la ropa y encontraban mis senos y yo flotaba en la delicia de ir y venir en una burbuja inexplicable. Hicimos el amor desesperado y doloroso. Yo era una sorpresa virgen para él.

Al otro día encontraron un hombre montado a caballo, quien en lugar de auxiliarlos los entregó a una patrulla. Lidia Irene estuvo ocho meses detenida por portación de armas, pero como dice ella:

... y tuve tiempo suficiente para conversar con Dios sobre la gran revolución espiritual que se había iniciado en mi cuerpo y avisarle que nunca le contaría a nadie lo ocurrido porque no me sentía arrepentida.

Aunque Lidia Irene no recuerda el nombre de su compañero pero sí la textura de sus manos recorriendo su cuerpo, esta primera experiencia sexual fue la que mitigó su miedo y su dolor cuando se encontraba detenida. De alguna manera, la forma en que despertó a la sexualidad fue como un escudo ante las vejaciones que pudo haber sufrido en la cárcel por su condición de género, pues como bien lo dijo Alejandra Cárdenas (2007) en la memoria del primer encuentro, las mujeres fueron más vulnerables porque el castigo para ellas tuvo una connotación sexual muy fuerte.

Lidia Irene usó el recuerdo de “aquella noche”, como ella la llama, de la siguiente manera:

Después que nos detuvieron y nos separaron, estuve la primera semana incomunicada y muerta de miedo. Salvo un par de cachetadas, no me tocaron, pero cada tanto varios hombres invadían la pieza donde yo estaba y amenazaban de lo peor, con bajezas inolvidables, y en esos momentos agradecía a

Dios el haber hecho el amor con vos, una especie de consuelo por el miedo a morir o ser brutalizada.

Poco tiempo después de estos acontecimientos, la autora se casó con su novio, de ser militantes conocidos pasaron a la clandestinidad, supieron de victorias y prisiones, después tuvieron hijos y les llegó el exilio. Abandonaron su país, su Mendoza querida junto con sus seres queridos (Nardi, 2001:8). Del compañero de aquella inolvidable noche, jamás volvió a saber, sólo lo veía en sus sueños. Después de veinte años de distancia en tiempo y espacio, se volvieron a encontrar para poder “liberarse de verdad” como dice la autora, pues en realidad quedaron enamorados con esa primera vez.

En este testimonio, la autora menciona brevemente temas como la culpabilidad que sintió su compañero porque durante esos veinte años él se sabía su violador mientras ella le hace ver que en ningún momento sintió desventaja por el hecho de tener sexo con él, muy al contrario lo disfrutó mucho y fue parte activa en esa experiencia.

También toca el tema de la separación entre hijos guerrilleros y padres así como las consecuencias de esta separación.

 

Comentarios finales

Éstos, son sólo dos casos de mujeres latinoamericanas ex guerrilleras. Probablemente nos encontremos con casos de otras mujeres que vivieron la guerrilla nada parecido a ellas, tal vez pudieron tener una experiencia mucho mejor o, mucho peor; he ahí la importancia de rescatar los testimonios desde las voces de cada una para armar esa otra parte de la historia de la guerrilla, vivida con intensidad por sus protagonistas. Isabel y Lidia Irene coinciden en que eran dos adolescentes vírgenes antes de entrar al movimiento armado. Conocieron la sexualidad, el amor y la amistad en ese contexto. Isabel lesbiana “para siempre” (como ella misma dice) conoció las mieles del amor con otra mujer y Lidia Irene agradeció a Dios el hecho de haber perdido la virginidad con su compañero de lucha que perderla con violadores. Las dos hacen reflexiones concienzudas y críticas con respecto a su condición de mujeres dentro de la guerrilla.

Después de leer los textos anteriores, me surgen varias preguntas de las cuales escribo sólo algunas ¿Cómo se integraron a la guerrilla las mujeres mexicanas? ¿Cómo vivieron su sexualidad dentro de la guerrilla? ¿Cómo se identificaron con el movimiento? ¿Sintieron mermada su intimidad, su identidad y su individualidad como le pasó a Isabel? ¿Se enamoraron de alguien dentro del movimiento de lucha armada? ¿Cómo se reinsertaron a la vida social al dejar el movimiento armado?

Como lo evidencian los textos anteriores, la historia de la guerrilla está compuesta de pequeños momentos que tienen que ver con la vida personal de cada una de sus integrantes quienes llevaban consigo su muy particular forma de pensar, de relacionarse, de sentir, de concebir la vida y de vivirla. Momentos que además dieron curso a acontecimientos más grandes dentro de esta historia, pero a partir de cada experiencia individual.

La construcción de la memoria histórica de este movimiento no puede carecer de aspectos tan humanos como la identidad personal, social y cultural construida a lo largo de la vida, las diferencias de género, las diferencias socioeconómicas, la sexualidad y el amor, la familia, la maternidad, la academia por citar sólo algunos ejemplos, que además están latentes en cada relato. Así lo muestran los textos presentados aquí por DEMAC y los presentados en la memoria del primer encuentro.

No se trata de restar importancia a los acontecimientos de combate, de represión, de persecución, de hostigamiento, de desaparición, de encarcelamiento y a las vejaciones que sufrieron las guerrilleras y los guerrilleros, lo mejor sería completar la “historia oficial de la guerrilla” con esa parte de la memoria individual desde la vida cotidiana y la subjetividad de sus integrantes -pues no vivían las veinticuatro horas del día ni los 365 días del año en un frente de combate.

Entonces, valdría la pena llevar a cabo una profunda reflexión partiendo de lo personal para poderlo insertar después en el contexto social de la guerrilla y poder rescatar del olvido todas esas piezas aparentemente insignificantes que forman parte del rompecabezas de esta historia y de estas guerreras y que además tiene que ver con sus motivaciones para formar parte del movimiento armado, con las emociones despertadas en esa experiencia, con las reflexiones, con el antes, el durante y el después de este acontecimiento. Así como vale la pena rescatar los testimonios de las personas que directa o indirectamente influyeron en el camino de estas guerrilleras.

 

GRACIAS

 

¿Qué opinas? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx

BIBLIOGRAFÍA

  • Aguilar Terrés, María de la Luz, comp. (2007) Memoria del Primer Encuentro Nacional de Mujeres ex Guerrilleras, México, Aguilar Terrés, pp. 72-74,141-143, 147-149, 171-174.
  • Del Carmen Castillo, Isabel (2001) “Mariposas en cautiverio” en Mujeres latinoamericanas: Religión, Espiritualidad, Pecado, Cuerpo y Sexualidad, Antología, México, Ed. DEMAC,    pp. 97-121.
  • Nardi de Vega, Lidia Irene (2001) Compañeros, México, Ed. DEMAC.
  • Isabel del Carmen Castillo (2001),  “Mariposas en cautiverio”, en Mujeres latinoamericanas: Religión, espiritualidad, pecado, cuerpo y sexualidad, México, Ed. DEMAC, p. 98.
  • Ídem., p. 99.
  • Ídem., p. 98.
  • Ídem., p. 99.
  • Ídem., p. 105.
  • Ídem., p. 105.
  • Íd., p. 106.
  • Íd.
  • Íd., p. 107.
  • Isabel del Carmen Castillo (2001),  “Mariposas en cautiverio”, en Mujeres latinoamericanas: Religión, espiritualidad, pecado, cuerpo y sexualidad, México, Ed. DEMAC, p. 118.
  •  
  • Ídem., p. 101.
  • Íd., p. 102.
  • Íd., p. 108.
  • Íd., p. 113.
  • Lidia Irene Nardi (2001), Compañeros, México, Ed. DEMAC, p. 6.
  • Ídem., p. 7.
  • Íd., p.7.
  • Lidia Irene Nardi (2001), Compañeros, México, Ed. DEMAC, pág. 12.
  • Otro testimonio guerrillero contado intensamente desde la voz masculina del amor, es el de Natalia  de  José Luis Alonso Vargas en la Memoria del Primer Encuentro Nacional de Mujeres ex Guerrilleras (2007), pp.171-174.
  • Como ya se está haciendo en este foro.