Talleres Puebla

Diciembre, 2011

Guadalupe Nolasco

 Testimonio.

¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!

Con esta frase te saludo y doy entrada a mi testimonio, vivencia o como tú quieras llamarle, creo que lo importante es que nos podamos transmitir toda esta serie de  emociones por la que atravesamos al compartir este taller.

Para mí fue un viaje, en él comprendí lo afortunada que soy. A pesar de los sinsabores y descalabros siempre he contado con ángeles que a lo largo de mi vida se han presentado, empezando por mis padres, hijos, amistades y ahora mis compañeras del taller, así como mi querida maestra Idolina.

Soy una persona que tiene como lema de vida “Ya lo pasado, pasado, no me interesa.”

Sí ya lo sé, es frase de una canción muy popular en su momento, pero me gustó y me la adueñe, ésta  encierra mi filosofía de vida: olvido lo feo o triste, sólo recuerdo lo bueno y agradable.

Aquí en el taller, recordé situaciones que ni siquiera tenía conciencia que estuvieran ahí, fue como si un velo se fuera descorriendo poco a poco, evocaciones tristes o jocosas con las que revaloré mi vida, comprendiendo con la experiencia que al andar se hace el camino que nunca se ha de volver a pisar (frase de un poema de Antonio Machado). Entendí por qué aquí en DEMAC nos hablan de empoderamiento por medio de la escritura. Al cursar el taller lo experimenté como la fuerza para enfrentar nuestra propia vida, digerir nuestras acciones y aceptar la responsabilidad de las decisiones tomadas asimilándolas en su totalidad.

Me percaté de que la mayor parte de mi vida la pasé al servicio de los demás, le agradezco a Dios la oportunidad porque lo hice por amor a los míos, no me pesó en lo absoluto, al contrario, me gratificó porque lo que más feliz me hizo siempre era cuidar el bienestar de los demás, si se trataba de mis hijos mucho más.

Ahora yo soy la más importante. El tiempo que reste estará dedicado a mi persona, sólo realizaré lo que me guste y agrade sin sentirme presionada u obligada.

No podía dejar pasar este testimonio sin nombrar a mis nietas, tesoritos de mi alma. Cuando llegan a las fiestas lo primero que hacen es buscar con los ojos la piñata, cuando le pegan y caen los jirones de ella, mis nenas se arrebatan los pedazos de cartón revestido con papel de colores, de regreso a casa los ponen entre sus juguetes como preciosos trofeos.

Siguiendo la sugerencia y consejo de la Lic. Fátima, ingresé al taller, toqué a la puerta, ésta se abrió a la primera llamada. Rostros sonrientes, radiantes me recibieron, en ese entonces éramos trece a la mesa, ¿te fijas la coincidencia? (como en la última cena). Poco a poco se fueron dando las historias, se entretejieron los lazos, la intimidad salió a flote, nos hermanamos, algunas se fueron retirando, no quisieron o no pudieron hurgar en las heridas aunque tuvieran la necesidad de hacerlo, aún teniendo la libertad para escribir sobre lo que a cada quién le interesara en lo particular.

La maestra Idolina nos llevó con paciencia y tolerancia por el camino de plasmar emociones al rascar heridas y recuerdos de toda una vida.

“Yo, les gano a mis nietas, pues del taller me llevo la piñata entera...”

Gracias a las Licenciadas: Alejandra, Fátima, Idolina, mis apreciadas compañeras y todos los que laboran en esta preciosa estancia.                 

Guadalupe Nolasco