Compañeras, les quiero compartir de mí fin de semana del 22 de agosto del 2010. Bueno, empezó desde el sábado 21, cuando salí de la escuela de mi curso de computación a la una de la tarde. Llegué a las dos y media a la CAPU (Central de Autobuses Poblanos Unidos) y llegué a mi municipio, General Felipe Ángeles, como a las cinco y media de la tarde. Me bajé del autobús, y esperé el microbús como unos cinco minutos y, ¿qué creen? ¡Oh sorpresa! ahí iba mi mamá:
– ¿Qué andas haciendo?- preguntó con su tono de siempre.
–Vengo llegando-contesté-y tú, ¿de dónde vienes?-le pregunté intrigada.
–Vengo de Acatzingo, fui a dejar unos duraznos que me habían pedido- contestó ella.
Al mirar los charcos de agua en los surcos le pregunté
-¿A qué hora llovió?
–Como a las cuatro de la tarde- me contestó por platicar de algo.
Cuando llegamos lo primero que hicimos fue ir a la cocina para hacer de comer, yo rallé el queso, piqué la lechuga, ella preparó una salsa verde de cajete porque tenía gorditas de Ayocotes (frijoles grandes), guisó las gorditas y las preparó con salsa, queso y lechuga. Eso fue lo que comimos, después, le dimos de comer a los pollos, ya que ella tiene algunos, también dimos de comer a los borregos. Posteriormente nos fuimos a su cama, nos pusimos a platicar con mis papás y mi hermano Ramón, conversamos de muchas cosas una por una. Una de la que más platicamos es del problema del agua potable en la comunidad, porque como una comunidad se maneja por medio de lo social, en donde cada año nombran un comité, en este momento hay problemas con el actual porque no están de acuerdo con lo que están haciendo.
Al otro día cuando me levanté, la mañana se veía soleada y fresca: “ya fui al molino, estoy matando un pollo para comer”, me informó gustosa mi mamá. Yo fui a lavar los trastes, sacudí la cocina. “Haz las tortillas”, me dijo como si fuera su niña y aún viviera ahí. Hice las tortillas y cuando terminé, preparé un concentrado a base de sábila para hacer un champú para mi cabello, después nos pusimos a comer todos, papá, mamá, y mis hermanos Ramón y Héctor quien comió de prisa. Inmediatamente después, fuimos al campo a traer duraznos mis papás y yo. Cuando regresamos fuimos a ver a mi abuelita materna una señora de unos ochenta y seis años, que anda tan contenta que ni parece que tuviera esa edad porque tiene un montón de pollos y guajolotes que alimenta todos los días, eso la hace feliz, son tantos como sus años. Estuvimos viendo sus animales un rato y después nos regresamos a la casa. Al llegar eché mi concentrado de sábila en una botella de plástico, mi mamá envolvió en una servilleta algunas tortillas de las que había hecho en la mañana, las acomodé en mi mochila, también vacié un botecito como de unos tres kilos de duraznos. Y ya me regresé a la ciudad de Puebla. Para mí, la relación con mis padres es como nunca la había sentido, estuve cosechando campo y nuestra nueva amistad. No sé, ahora que lo recuerdo fue un fin de semana como no había tenido otro, que yo recuerde, ¡sencillamente, inolvidable!
GUILLERMINA OVIEDO MEDINA
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