Talladoras de Palabras

Noviembre, 2010

Cuarto Secreto Lin

UNA MUJER FELIZ  CON  SU CUERPO 

 
El espejo me devuelve un cuerpo de mujer fuerte y ancho, sin signos de haberse hecho pequeño, y respiro aliviada, recordando a una amiga médica quien, después de muchos años de no verme, me dijo: “todavía no te has hecho chiquita, no te has descalcificado”.
 
Observo un cuerpecito vital, lleno de fuerza aún, pese a la última batalla  librada. Soy una tierra cruzada de cicatrices, en el abdomen y en una pierna, recuerdos de mi lucha permanente contra genes perdidos en montones de generaciones y rescatados, para mi mala suerte, en el instante en que se cruzaron las células de mi madre y mi padre, y me concibieron.  
 
Mi yo-cuerpo tiene unos rollos de más en el abdomen que reclaman ejercicio. Me hago el firme propósito de empezar lo más pronto posible y olvidar a los pérfidos chocolates causantes de tal “falta”. Después me digo, no creo querer dejarlos y mucho menos ahora que descubrieron que son buenos para la salud; por supuesto son los fabricantes quienes lo dicen. Tengo derecho a la felicidad que proporcionan los chocolatitos ¿no?  
 
Hace muchos años dejé la ideología del colonizador; las mujeres que no tenemos 90-60-90 centímetros en las partes del cuerpo que gustan a los hombres,  que no somos una réplica de esa muñeca famosa, también nos damos el derecho a ser felices y a comer y a disfrutar de los alimentos ricos que nosotras mismas preparamos. Soy una mujer real, no soy una Barbie ni nunca he querido serlo. 
 
Sigo mirándome. Ahora observo mi rostro y lo descubro en este instante pese a verlo a diario. Me distingo algunas arrugas en la frente y  alrededor de los ojos; tengo ojeras, esas ya no me abandonan. Son las huellas de los años vividos, a veces muy buenos y otros terribles; no me importan, ya  tengo mis añitos y muy bien disfrutados, he hecho lo que he querido, he amado intensamente, y me la he pasado muy bien; al final de la vida, eso es lo que cuenta. Además, me gusto más ahora que de joven, me veo interesante, he vivido muchas experiencias y por supuesto aprendí muchas cosas; estoy abierta a vivir situaciones que ni siquiera pensé y a relacionarme con personas que antes no contemplé, pues en mi juventud fui una mujer muy rígida en mi forma de pensar y no me relacioné con muchas mujeres que se acercaron a mí; un poco por esto y otro, era muy tímida. Me perdí de conocer más compañeras de viaje, más  ideas y otras formas de vida. Y tal vez, más amores. 
 
Soy una mujer contenida en mi cuerpo, a veces limitada en él; ha sido fuente de sufrimiento, de satisfacciones y de mucho placer. Me gusta mi cuerpo porque yo soy él y él es parte mía.
 
En algún tiempo, mi cuerpo fue destino. Por su causa tuve que aprender lo que consideraban correspondía a las mujeres: limpiar, lavar, planchar, cuidar niños y adultos, en un palabra, servir; ser sometida por mi cuerpo sexuado, hacer todo lo que esperaban de mí; no hablar si no me lo pedían, no enojarme, no gritar, no..., no..., todo estaba normado para mí. Esa tiranía contra mí por mi cuerpo me indignaba y peleé años enteros por vivir mis deseos y sueños. Hoy, no es más destino, soy lo que quiero ser, independientemente de este cuerpo de mujer.
 
Como la mayoría de las mujeres en esta sociedad, me inculcaron la ideología patriarcal machista y sexista y, en un principio, me lo creí, hasta que la cuestioné. Una de las reflexiones más importantes fue sobre mi cuerpo, sobre el uso que hacían de nuestros cuerpos algún(os) hombre(s), en particular en la relación sexual y la sociedad en general, al imponernos la maternidad como el papel más importante para una mujer. De esto surgió mi rebelión y decidí apropiarme de mi cuerpo, no dejar que lo usara nadie ni seguir la regla de la heterosexualidad, ni ser madre, porque nunca me interesó tener hijos ni marido y siempre he amado a mujeres.
En encuentros con otros cuerpos de mujer, aprendí a sentir, a disfrutar de mis formas y las de las otras, a encontrar el placer, a hacerlo mío y a compartirlo.  
 
Soy mi cuerpo, soy deseo, soledad, enojo, coraje, furia, tristeza, amor, pasión, gozo; todos los sentimientos que puedo experimentar los vivo intensamente porque así los siento. Soy una piel libre, presta a ser explorada, acariciada, sentida y provocada.
Soy una mujer feliz  y satisfecha  con su cuerpo y su vida.
 
Lin
 
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04 Nov12:15

felicitaciones!

Por Chantal (no verificado)

Sin duda no solamente eres un cuerpo, una piel por ser explorada y satisfecha, eres una mujer en toda su plenitud, eres mente y cuerpo a la vez