Red Lectura

Diciembre, 2009

La Cosecha

La Cosecha
Clauda Peña Zárate

Para aquellos que no han amado,
la vejez es un invierno de soledad.

– ¿Qué haces aquí? –preguntaba Jabes a Severo con voz disgustada—. Te dije que no salieras de tu cuarto, ¿por qué no obedeces? Tú no vas a entender hasta que no te de una buena golpiza, –continúa hablando Jabes –. ¡Ah! voy a tener visitas, así es que te bañas aunque no vas a estar con nosotros en la sala, sólo es por si llegan a preguntar por ti y quieran saludarte, pero ¡óyeme bien!: si te saludan limítate a contestar el saludo, no vayas a estar de impertinente metiéndote en lo que no te importa.
–Bueno – agrega Jabes – me voy a trabajar y no quiero verte en mi mesa, quiero comer en paz ¿entendido?
Severo sólo atinó a mover la cabeza en sentido afirmativo, tenía los hombros caídos y su cara reflejaba tristeza.
Cuando Jabes llegó de su trabajo, se dispuso a comer y al abrir el refrigerador se dio cuenta de que ni su cerveza favorita ni su postre estaban ahí. Azotó la puerta y con un fuerte grito llamó a Severo.
–¡Severo!, ¡ven de inmediato o voy por ti!
Llegó Severo arrastrando los pies y mordiéndose las uñas de las manos y con una voz apenas audible contestó.
– ¿Qué pasa?
–¿Que qué pasa? Todavía lo preguntas, ¿por qué te tomaste mi cerveza y te comiste mi postre? Todo tienes, eres un flojo bueno para nada, sucio y de paso abusivo, ¿todavía no te queda claro –continúa Jabes hablando al mismo tiempo que tocaba la frente de Severo– que todo lo que hay en esta casa es mío porque yo lo compré con mi dinero, fruto de mi trabajo? ¡Porque yo sí trabajo!
Severo tenía la mirada clavada en el piso, mirando avergonzado el charco que estaba bajo sus pies. Cuando Jabes se dio cuenta de lo que le pasó a Severo, se rascó la cabeza, hizo un movimiento con las manos como si se fuera a quitar el cinturón.
–¡Lo que faltaba! –exclamó– ahora hasta te orinas en los pantalones, eres una lata, no se qué voy a hacer contigo, con razón nadie se acerca a ti.
Sin levantar la vista, Severo balbuceó.
—Si estuviera…—ya no pudo terminar la frase, el llanto se lo impidió.
Jabes se queda en silencio y antes de hablar aclara su garganta y le dice a Severo:
–Vamos a ver, siéntate en el piso, vamos a platicar tranquilos.
–Pero –inquiere Severo –mira cómo estoy, voy a cambiarme.
–No importa, siéntate ahí en ese charquito y me vas a contestar cuando te pregunte algo; de ti va a depender que te quedes en mi casa o te vayas.
–Tú dirás, Jabes.
–Bien, dime ¿qué sientes cuando te grito?
–Miedo.
–Y ¿cuando te ofendo y te reprocho lo que te comes?
–Coraje, y siento que te odio.
– ¿Y cuando amenazo con golpearte? Conste, sólo amenaza.
–Mucho miedo y te maldigo.
–Perfecto, precisamente eso sentía yo cuando llegabas del trabajo y sin motivo alguno nos golpeabas echándonos en cara lo que nos comíamos mis hermanos y yo, mira –continúa hablando mientras le enseña su antebrazo derecho–, tú me la hiciste el día que me pegaste con el cable de la luz, todo por comerme el pan que guardaste para ti ¿te acuerdas? Yo todo lo tengo muy claro en mi mente y en mi corazón, créeme, todavía duele.
Severo no dejaba de llorar, de su boca no salía sonido alguno, seguía sentado en el piso y Jabes poniéndose de pie, comenzó a caminar con lentitud alrededor de Severo.
–Te puedes quedar en casa, si quieres. Pero dame tiempo para que las heridas de mi corazón sanen, pueda olvidar mi dolor y perdonarte, papá.

Escribo este relato porque me encuentro en un lugar apartado de la sociedad y he visto a padres y madres de familia que han sido abandonados por sus hijos. ¿Son hijos malagradecidos o padres que están cosechando lo que sembraron? No lo sé y no soy quién para cuestionarlos, sólo puedo decirles a todos los padres que tienen la bendición y la dicha de estar cerca de sus hijos, que los amen, los orienten, los disfruten y que tengan mucho cuidado con las semillas que siembran en sus corazones, pues de acuerdo a dichas semillas será el fruto que cosechen.

CERESO de San Miguel,
Puebla, Puebla. Octubre de 2009

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31 Ene19:28

QUE DURO

Por Anónimo (no verificado)

ESTE RELATO SI QUE ES DIFICIL DE ENTENDER AUNQUE SE DE MUCHA GENTE QUE TRATA MAL A SUS PADRES Y EN VERDAD NO CONCIBO QUE UN PADRE SEA TAN, TAN MALO COMO PARA MENOSPRECIARLO DE VIEJO, EN FIN, QUE ESTE RELATO SEA PARA APRENDER A SER COMO QUEREMOS QUE SEAN CON NOSOTROS.......

FELICIDADES

19 Ene18:54

comentario

Por Viviana (no verificado)

No pude evitar llorar, es un relato con mucha enseñanza, que toca el corazón. Sin duda, desde ya, abrazaré y besaré a mis dos preciosas flores, regándolas cada día con palabras positivas, para que crezcan y den buenos frutos. Gracias por tan hermoso relato!

 

19 Feb20:18

Me vi reflejada

Por Anónimo (no verificado)

Hola, tengo que decir con vergüenza que me vi reflejada, a veces soy muy impaciente con mi niño de cinco años, trato de darle mucho amor y respeto, pero cuando se me juntan las visitas, la comida, la ropa, el cansancio y el deseo de escribir o leer, siento ganas de estar sola y de que ya no me pida nada. No deseo justificarme porque la crueldad no es buena, aunque sea verbal o velada, pero siento que el mundo está un poco en contra de quienes somos mujeres. Por lo menos a mi alrededor veo mujeres muy chambeadoras, creativas, deseosas de dar lo mejor a sus hijos, pero agotadas y muy estresadas por el dinero. Es muy bueno contar con este espacio de expresión y comunicación. Muchas gracias.

Isa