Los talleres “Para perderle el miedo a la Escritura” Demac, siguen abriendo corazones.
Este mes estuvimos en tres espacios diferentes, con gente diversa, pero todas con un común denominador, la disposición y honestidad para compartir y descubrirse a través de la escritura.
Estuvimos presentes en la sala de exposiciones del Centro Médico en donde una mujer de edad avanzada y con varias cirugías a corazón abierto, mostró energía y un gusto enorme por la escritura como “medio de sobrevivencia y alegría de vivir”
Es siempre conmovedor encontrar posturas de este tipo y la magia y la pasión que emana de su entereza. Prometió escribir. Ojalá lo haga.
Otra grata experiencia la vivimos con el personal administrativo de la Delegación Gustavo A. Madero, gente con ganas de tomar conciencia de su propia vida.
Por último, nos presentamos en Voces en Tinta de la calle Niza. Un grupo que nos dejó un muy buen sabor de boca porque nos demostró que más allá de la sexualidad, la escritura tiene la virtud de sensibilizar los corazones y abrir el pensamiento.
Así que sigue pendiente y anótate en nuestros talleres!
Gustavo Cortés y Beatriz Martiñón
Talleristas
También Ángeles Suárez, coordinadora de sedes Demac e investigadora recopiló las experiencias de mujeres empleadas de la Delegación Gustavo A. Madero, quienes acudieron a taller PPME con ella, el pasado 14 de julio:
¿Qué descubrí en este taller?
Me siento más segura. Al finalizar el taller me siento más en confianza.
Confirmo mis seguridades y logros. Me di cuenta de que me había olvidado de mí misma. Es como si hubiera ido a una gran fiesta.
Nunca había pensado en mi nombre.
Al principio creí que iba a venir a perder el tiempo, pero veo que no, resultó ser más bien una terapia, me voy contenta.
Descubrí cómo conocerme más y expresarlo con la escritura. Me sorprendió cómo las compañeras expresaron mucho con pocas palabras.
Me sirvió para acordarme de mí misma.
Trabajo en el turno vespertino, pero me llamó tanto la atención este taller que sacrifiqué mi tiempo libre para asistir a él. Y valió la pena.
Descubrí que tengo una hermana [que mi amiga más querida hace las veces de la hermana consanguínea que no tengo].
No descubrí nada nuevo: muchas cosas ya las sabía pero no las había practicado y creí que no servían; ahora descubro que sí sirven, ahora nos conocemos un poco más cada quien.
Súmate a nuestros talleres!