Las Atrevidas

Julio, 2011

Cómo me siento hoy

Compañeras, les quiero compartir lo que siento en este momento de mi vida. Cuando empecé a estudiar me di cuenta de que existía una universidad Autónoma en cada estado, yo ambicioné ir a la Universidad Autónoma de Puebla, a realizar una carrera universitaria de las que se impartían en ese lugar, también especulé en algún momento que nunca lograría tener una carrera universitaria; con el tiempo, las circunstancias y mi esfuerzo, logré este tan anhelado título de licenciatura y hasta otro más de maestría.

¡Lo peor llegó en este momento! Porque cuando estaba en la escuela, pensaba que la edad no era obstáculo para adquirir conocimiento o eso me hicieron creer. Con las circunstancias económicas y las costumbres de un pueblo atrasado en pleno siglo XXI, las mujeres no estudian. Empecé la primaría cuando tenía nueve años, tuve que convencer a mis padres para estudiar el nivel básico a pesar de ser mujer, y los estudios más avanzados los pude realizar por mi sola, después de los dieciocho años, haciendo pausas para trabajar en programas sociales como CONAFE (Consejo Nacional de Fomento Educativo) en donde pude adquirir becas para estudiar, tiempo que se fue sumando a mi atraso educativo.

Cuando terminé una licenciatura y una maestría a los treinta seis años, me di cuenta que tanto esfuerzo no me sirve para nada, porque las instituciones gubernamentales no aceptan a gente con más edad. Por ejemplo la SEP solamente recluta gente de treinta años, la Secretaría de Salud de veinticinco años de edad máxima y hasta las empresas privadas manejan cortas edades para trabajar, como las constructoras. Para que un proyecto entre a concurso ven también la edad del proyectista. Quieren personas de corta edad y con experiencia. ¡Qué ilógico! Aunado a esto se suma el sistema socioeconómico del país y a mí se me complica más, porque no tengo a nadie que me recomiende. 

Las mujeres hijas de padres profesionistas les heredan sus lugares de trabajo o las recomiendan con sus amigos, nosotras que no tenemos a nadie en el mundo profesional nos quedamos buscando sin éxito. Aunado a esto, nuestras costumbres, que aunque pasen los años, seguimos actuando igual, después de un tiempo buscamos esas formas de vida del lugar de donde estamos para subsistir y empezamos a adoptar costumbres, que consciente o inconscientemente realizamos para poder ser aceptadas en determinado estatus.  

Con todo esto me siento fracasada y mi esfuerzo por estudiar no valió la pena; haber dejado todo, vivir sola en comunidades en donde no existían los servicios básicos, para lograr una mejor calidad de vida. Me doy cuenta que estoy peor que si no hubiera estudiado, porque mi lucha no sirvió para nada ya que llevo dos años sin trabajar y hasta han llegado días en que no tengo ni siquiera qué comer. Busco en donde trabajar y cuando llego lo primero que ven es la edad, sin ver siquiera qué puedo hacer.

Se me  fue la vida, haber estudiado es tiempo y dinero perdido, para mí y para el país, a las que no somos de la ciudad se nos complica porque a pesar de tener una profesión, no podemos entrar a un mundo laboral ya que el sistema socioeconómico se ha complicado nacionalmente y no hay espacios laborales. Hoy tengo que realizar actividades de subsistencia sin utilizar los conocimientos adquiridos. Actividades que no me gustan, pero que tengo que hacer para sobre vivir.

El no tener el reconocimiento de mis padres, no me importa, no pertenecer a mi pueblo tampoco me interesa, sentir que no soy ni de aquí ni de allá ya no es importante. Lo que realmente me importa y me duele es no tener trabajo.

Guillermina Oviedo Medina

31 mayo 2011

 

¿Qué opinas de este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx

25 Ago23:15

solidaridad

Por Margot (no verificado)

Guillermina comprendo perfectamente a qué te refieres, porque yo también por circunstancias de la vida tuve la oportunidad de hacer la carrera a los cuarenta años.

Al empezar  no sabía que mi tiempo laboral ya había terminado, estudie con ahínco, con  deseos de superar los obstáculos que contribuyeron para empezar tan tarde, sin embargo la desilusión que sientes cuando acudes en busca de trabajo y te das cuenta que el principal obstáculo para que te lo otorguen es tu edad, es algo difícil de asimilar, ahora creo que ya lo acepté.

Te quiero decir que no te sientas fracasada, un maestro me dijo que la finalidad de la educación es hacernos felices y yo creo que cuando terminé y obtuve el título que elegí, lo logré,  ya dimos un gran paso, estoy segura que ahora eres o te sientes diferente a cuando no habías estudiado, siéntete muy orgullosa de tí misma, que tu felicidad no dependa totalmente de lo que establezcan otros, te mando un abrazo y toda mi comprensión.

Ojalá las mujeres nos pongamos de acuerdo y las que estén en puestos altos y tengan la posibilidad, empiezen a crear trabajos de medio  tiempo para las madres que quieren realizarse como profesionales pero que también quieren cuidar su hogar. Que den oportunidad a personas como nosotras, que el requisito a tomar en cuenta sea nuestra capacidad, no nuestra edad.

¡ Te felicito eres una triunfadora !