El Ciclo de Literatura Carcelaria… Desde el Cereso de Puebla Claudia Peña Zárate nos comparte este interesante relato…
Tal como estás
Vil – Bajo, despreciable. Indigno, torpe, infame. Aplicase a la persona que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone.
Despreciable – Desestimado, tenerlo en poco. Desairado o desdeñado.
Aceptar – Agradable, admitirlo con gusto.
Estas tres palabras son parte fundamental de mi vida y de la situación que actualmente estoy pasando, por lo que a continuación les relataré:
Dios nos creó para ser felices en esta vida y en la eternidad, de acuerdo a lo que dice su palabra. Desde muy pequeña he tenido un porfiado e innato deseo de ser feliz. Por desgracia, también he sentido alguna frustración de ese deseo; mis sueños de felicidad han sido decepcionados. Mis esperanzas concebidas con el paso del tiempo se desmoronaron.
Llegué a la adolescencia confundida, aún no entiendo por qué las personas tenemos que morir, no comprendo la frase que dice: “nacer, reproducirse y morir”.
Cuando mi papá falleció, me negaba a aceptar que todo su ser terminaba en una fosa; entonces le preguntaba a Dios: “Tanto amor de mi papá, tanto trabajo, tanto luchar, tanto sacrificio ¿para quedar reducido a nada?”. Sin embargo, a pesar del dolor por la pérdida de mi padre, comencé a soñar de nuevo; mis sueños de ser feliz no se acabaron.
Soñaba con tener una familia, un buen esposo e hijos para amarlos y cuidarlos como mis padres lo hicieron conmigo.
Pasaron diez años de la muerte de papá, apareció el príncipe azul en mi escenario y me casé con él, llevando el ferviente deseo de hacerlo feliz y cumplir con fidelidad los votos hechos ante el altar.
Mi esposo y yo nos extasiamos los primeros seis años de casados, pero en los siguientes la desdicha apareció de nuevo en mi vida, mi matrimonio empezó a derrumbarse, las campanas nupciales se convirtieron en un eco, la pintura de la fachada de la felicidad fue cayéndose, mis defensas se abollaron y mi corazón crujía. Mi sueño murió lentamente, casi sin dolor, mi esperanza se perdió en algún sitio del camino; para ese entonces existían tres retoños, fruto del amor compartido con mi esposo, un trío de princesas mágicas, risueñas, que jugaban a ser mamás; por ellas valía la pena luchar con todas mis fuerzas para que no les faltara nada y fueran felices siempre.
Pensando que un día se irían de casa a construir su propio castillo, me dediqué a trabajar y trabajar, cayendo en muchas ocasiones exhausta de cansancio y no me di cuenta cómo crecieron mis princesitas, ¿saben por qué? Se los voy a decir.
Porque la que salió de casa para no regresar fui yo, fue un día en que alguien tocó mi brazo diciéndome “acompáñeme”. Mis pupilas se dilataron, mis oídos se agudizaron, mi ritmo cardiaco y mi respiración aumentaban su velocidad, mis manos y mis pies se enfriaron y un sudor frío recorrió todo mi cuerpo; la sangre empezaba a abandonar mis fuerzas, mi cabeza no reaccionaba y mis músculos se tensaron para enfrentar una nueva adversidad.

Llegué a una fortaleza en la que me hicieron sentir vil y despreciable; me confinaron a un dormitorio donde hay humores desagradables, palabras deshonestas, mal aliento y olores corporales muy seguido. Las ocho mujeres que estaban ahí me miraban preguntándome: “¿por qué viene?” Yo sólo atinaba a responder “no lo sé, no sé cómo me metí en esto”. Al llegar la noche, mi primera noche fuera de casa, muy dentro de mí apareció aquella niña a la que gritaron “¡Cállate ya!”; estaba asustada y llorosa.
Transcurrieron varios días para que pudiera asimilar mi nuevo estado, el de reclusa y al saber que no existía posibilidad alguna de salir pronto de esta fortaleza, decidí que el tiempo que yo viviese en este lugar sería de la mejor manera posible.
Esta ha sido una de las experiencias con más significado en mi vida. Las lecciones que aquí he aprendido han ayudado a mi crecimiento como ser humano. A pesar de que el juez me sentenció, dijo que soy de mediana peligrosidad, es decir: vil y despreciable para la sociedad, para Dios no soy así.
Cuando a mí me hablaron por primera vez de Dios fue a través de pasaje de la mujer samaritana, considerada como una de las peores mujeres, había tenido muchos maridos, pero Jesús tuvo que pasar por Samaria para tener un encuentro con ella y perdonarla; yo me reí y le dije a Poli, quien fue la persona que me compartió este pasaje, qué como Dios iba a perdonar a una mujer que abandonó a sus hijas y que la consideraban una ladrona.
Poli insistió en mostrarme a un Dios bondadoso y me dijo: “Dios te ama y te acepta tal y como estás”, y que de lo vil y despreciado lo escogió Dios para avergonzar al sabio. Cuando ella terminó de decir esto, cerré mis ojos y vi con toda la claridad que Jesús me sonrió en señal de aceptación, lloré de arrepentimiento y acepté el amor de Dios que me estaban presentando, de ahí en adelante mi vida cambió.
El cielo oscuro que yo veía cambió a un cielo azul claro lleno de estrellas.
Alguna vez leí que dos hombres miraban hacia afuera de los barrotes de la prisión, uno vio lodo y el otro vio una estrella.
Yo también veo esa estrella y sé que en el crepúsculo de mi vida voy a disfrutar de la presencia, el amor y cuidado de mis seres amados, se acabó el ser valiente que ha llorado muchas noches interminables abrazando su alma.
Voy a comenzar a vivir en plenitud. Tengo diez razones poderosas que me hacen sentir la necesidad de volver a casa, a esa casa de la que salí el 8 de mayo del 2001.
Felicidades
Por Marco Bedolla (no verificado)La escritura es una de las
Por Viviana (no verificado)La escritura es una de las mejores formas de confrontarse con uno mismo, porque cuando comienzas a narrar tu propia historia, te llegan recuerdos que creías olvidados y surgen enseñanzas nuevas.
Yo admiro a esta mujer, por su belleza externa e interna, por el amor que comparte y da sin reservas, por dejar ver su corazón, sus sentimientos, por permitirnos conocerla desde otra perspectiva atraves de sus relatos.
No hacen falta más palabras....gracias mamá!!!!!!!