Talleres Puebla

Octubre, 2010

DE CÓMO LA ESCRITURA TRANSFORMÓ MI VIDA.

 

Mi nombre es Javier Flores Gómez, tengo 51 años de edad; soy divorciado; con 2 hijos: Victoria Angélica de 22 años y Juan Carlos de 19, ellos viven conmigo; hecho que ha sido fundamental en mi existir. Sin ellos a mi lado, la vida se me habría complicado; son parte del motor que mueve mi vida.
 
Cuando ingresé al Programa de Estudios Universitarios para Adultos Mayores que ofrece la IBERO aquí en Puebla, decidí inscribirme al Taller de Autobiografía que se ofrece con el apoyo de DEMAC, por lo atractivo e interesante que en el papel resultaba: ” Apropiarnos de la escritura y atrevernos a contar nuestra propia historia”. Siempre he creído que para entender nuestro presente, debemos mirar hacia el pasado, en otras palabras, somos el resultado de nuestras experiencias y vivencias.
 
A lo largo de este taller he ido de sorpresa en sorpresa, la primera: nunca nos informaron que este taller era exclusivo para mujeres, al ingresar al salón, me doy cuenta que sólo estamos dos hombres (José Luis y yo), la maestra, al igual que nosotros, se sorprende al vernos. Nos comenta que será la primera vez que trabaje con un grupo mixto; ella ve una oportunidad para sensibilizarnos en cuanto a la situación real de la mujer, que escuchemos de viva voz el sentir del llamado “sexo débil” y que de alguna manera, seamos portavoces del sentir femenino. Al presentarse al grupo, ella nos comenta parte de su vida; de sus actividades, tanto personales como profesionales; destaca la participación que ha tenido apoyando a personas y a grupos en situación de total indefensión por el abuso de las autoridades que nos gobiernan. La escucho atento y compruebo que no me equivoqué al escoger este taller; me emociona saber que una mujer con tantas cualidades y virtudes, además de inteligente y feminista, nos guiará y logrará que cumplamos con nuestros objetivos.
 
La primera sesión transcurre entre una exposición sobre la equidad de género y la presentación de cada un@ de l@s participantes. Coincidimos en el gusto por escribir parte de nuestra vida, algunas tienen una experiencia empírica; creemos que con los elementos que adquiriremos nos será más fácil esta tarea. A medida que las sesiones avanzan, el grupo va creando una unión e identificación derivadas de los textos que semana a semana debemos entregar y leer ante el grupo. Cabe mencionar que no es fácil escribir sobre nuestras vidas; el “ver” parte de nuestro pasado de una manera diferente, nos mueve un sinfín de emociones, particularmente, me deja agotado tanto como si hubiese corrido un maratón. Admiro el valor que tenemos para contar vivencias muy íntimas a los hasta ahora recién conocidos, esta es la segunda sorpresa que recibo del grupo.
 
Durante mi vida, he tenido la fortuna de conocer a muchas mujeres con un potencial enorme. Creo que en ocasiones, su capacidad física e intelectual supera en gran medida a las que nosotros como hombres, podemos lograr. Desgraciadamente, persiste un recalcitrante machismo que no nos deja ver la real valía que tienen las mujeres. Ojalá pronto la humanidad encuentre mecanismos que nos lleven a lograr un trato digno entre mujeres y hombres. Cito lo anterior porque estoy convencido de que mis compañeras de este taller pertenecen a ese grupo de mujeres valiosas.
 
A través del trato cotidiano y por los trabajos que entregamos, voy conociendo la personalidad de cada integrante. Puedo ver en Paty a una mujer sensible, tal vez de ahí su pasión por la pintura. A Male le admiro el valor que tiene para cuestionar el rol que hasta ahora juega, sus escritos dejan constancia de ello. Elsa, como toda mujer nacida en tierra caliente, es franca y abierta, sencilla en su trato; pareciera que la conozco de toda la vida. Concha, quién me mantiene atento a las sesiones por aquello de que me nombró su “apuntador”, es un ser humano valiente, que no se rinde ante las adversidades que la vida le presenta. Ángeles, una mujer genial; con una capacidad increíble para hacernos reír y llorar casi al mismo tiempo; utiliza la ironía de manera brillante en sus escritos. Coral, con una personalidad que refleja bondad y tranquilidad, que se transforma al momento de escribir sobre un hecho que considera injusto. Chelo, hace honor al dicho que dice que entre más sabes más sencilla debes ser; imagino que como maestra debe ser excelente. Cristy, de carácter aparentemente fuerte, es una mujer que siempre está ávida de conocimientos, en momentos, sus intervenciones crean polémica. Lupita, con una facilidad asombrosa para escribir cuartillas y cuartillas, deja ver el gran amor por su familia y por su profesión de educadora. Amelia, mujer emprendedora, valiente, decidida. Diría que los retos que ha tomado los ha cumplido. José Luis, gran hombre y gran amigo. Siempre dispuesto a compartir sus conocimientos. Al igual que yo, admirador de este gran grupo de mujeres. Dejé para el final de este párrafo el gran trabajo que hace Mónica, nuestra maestra y guía. Si bien al principio la mencioné, debo destacar que sin su apoyo y sus conocimientos no habríamos logrado avanzar tanto como lo hemos hecho. Alguna vez dije que era valiente, irreverente, atrevida y que me parecía la capitana ideal para llevar este barco a buen puerto, ¡ahora lo confirmo!
 
El Taller de Autobiografía ha transformado el modo de ver y sentir mi vida. Me da elementos para que, a través de la escritura, me conozca tal como soy. Me permite establecer otra forma de comunicación con mi familia, me tranquiliza saber  que ellos conocerán la verdadera historia de mi vida. Me hace feliz saber que voy en el camino correcto, sé que llegaré a la meta que me he fijado. Obvio, esto no lo lograré sin el apoyo de mis compañeras, maestra y compañero. Han sido parte fundamental en mi crecimiento espiritual, su sensibilidad me contagia para poder escribir los ejercicios que debemos entregar. Martes a martes salgo del taller cargado de emociones, veo un horizonte totalmente iluminado, me adentro en esa luz que sólo son capaces de ver quiénes han decidido ser valientes y “contar su propia historia”.
 
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