“¿Tu hambre es emocional o estomacal?”… Margarita Lignan, Tallerista Demac, nos ofrece un valioso testimonio sobre cómo se vive la bulimia, pero sobretodo, cómo se cura…
Margarita Lignan
Tallerista Demac
La comida, mis emociones y yo
Hace tiempo, no tanto, unos 5 años, estaba sumida en una profunda depresión por motivos muy diversos relacionados con mi salud, una economía absolutamente arruinada y mi relación de pareja. Parecía increíble que a los treinta y tantos años tuviera una crisis de bulimia como si no fuera una mujer hecha y derecha, sino una adolescente perdida.
Busqué ayuda en algunas fundaciones para problemas de desórdenes alimenticios, me sorprendió no encontrar el ambiente cálido que tanto había visto en sus charlas por televisión; pero es una realidad, hasta para salir de un problema que te hunde, se necesita ser solvente.
Lo malo de la bulimia no es la gordura, ni la gastritis; lo peor de la bulimia es la angustia, aún recuerdo esa sensación de abrir los ojos al despertar y tener como primera imagen, antes de cualquier pensamiento, un sentimiento de odio hacia mí misma, no, no era rechazo, era odio; después, sentir una imperiosa necesidad de "intoxicarme".
El sentimiento no es algo así como "voy a desayunar algo rico porque soy una golosa", no, como digo, el sentimiento era una necesidad impostergable de hacerme daño. Me levantaba y me dirigía a la cocina por lo que fuera, sabroso o no: un bolillo viejo, las tapas del pan Bimbo, un trozo de queso, y por supuesto que no me sentaba a comer ni nada por el estilo, sólo me lo comía y ya, y como seguía enojada, después me comía algunas galletas (las que fueran, tampoco importaba) o mermelada a cucharadas o...todo, cualquier cosa; y después por fin venía la catarsis, ya tenía la evidencia, una vez más comprobaba que yo era basura; ahora la mejor parte... a vomitar.
Vomitar para una bulímica no es una "medida de control de peso", vomitar es arrojar al escusado las palabras de la gente, las frases de la madre, el propio fracaso... el dolor... es un intento de que el dolor se vaya por el escusado al jalarle... pero no se va, vuelve cuatro horas después aproximadamente.
Pasé por anfetaminas, todo tipo de dietas, varios sicólogos y siquiatras y hasta por Comedores Compulsivos Anónimos; nada, aquello no paraba, me encontraba con gente convencida de que la fe salva y encomendaban todos sus problemas a Dios, pero la bronca es que yo a veces no estoy totalmente convencida de que hay un dios, ¿entonces, a quién le iba a encomendar que me salvara?
Por supuesto tras años de Weight watchers, Slim Center, nutriólogos de primera y "nutriólogos" de cuarta, me he convertido en experta en nutrición; así es, por irónico que parezca la gordura no es un problema de ignorancia y la gente con obesidad y sobre peso sabe mucho de nutrición y a pesar de eso tenemos que soportar por todas partes a personas que lo tratan a uno como a un perfecto ignorante y nos dan todo tipo de recomendaciones "no cenes, mira yo como muchas verduras, no desayunes, no comas entre comidas, no comas con pan o tortillas, no tomes refrescos, no comas dulces porque ¿sabes? los dulces engordan..." y no sólo los amigos, los vecinos, las personas que te encuentras, la gente del trabajo y hasta el señor que se forma junto a uno en la cola del banco se sienten con el derecho de "hacernos una observación", de orientarnos un poco con sus tips de alimentación, pensando que a lo mejor estamos gordos porque no se nos ha ocurrido...
¡No!, además hay campañas gubernamentales que pretenden acabar con la obesidad recetándole a la gente dieta y ejercicio...lejos, lejos, lejos, lejísimos de la solución; es como ir a buscar fresas al desierto.
Un buen día me llegó un regalo, el anuncio del taller “La comida, mis emociones y yo”; parecía que me hablaban directamente a mí: “La Comida, mis Emociones y YO” y tú… ¿qué te estás comiendo?:
“Atrévete a salir del círculo vicioso de las dietas, a reconectarte con el placer de la comida, a reconocerte con todo aquello que te hace ser quien eres… Te invitamos a formar parte de un Taller Vivencial para tirar la báscula por la ventana!... encontrarás persona que como tú, estamos Hartas de que nos digan que comer para estar delgadas, que llevamos ya mucho tiempo buscando soluciones momentáneas, dietas de hambre que más que perder peso nos han provocando más angustia… te explicaremos como es que tenemos una relación no sana con nuestra manera de comer y por lo tanto con nuestras emociones y finalmente con nosotros mismos… Este no es curso para bajar de peso, es una nueva forma que nos liberará de estar controlando los kilos y de limitarnos con la comida y que nos acercará a hacernos conscientes de que aunque nuestra meta es bajar de peso, lo hemos estado buscando de manera equivocada “mismos caminos llevan al mismo lugar”… Aquí te proponemos una nueva manera de verte, de vivirte y de alimentarte. De hacer la culpa a un lado y aprender a comer como cuando éramos bebés, cuando el hambre era real y venia del estómago, con el tiempo por cualquiera que fuera la causa, aprendimos a no hacerle caso al hambre estomacal y nos volcamos de lleno al hambre emocional… ¿Tu hambre es emocional o estomacal?... “.
Acudí al taller y algo se produjo en mí, por lo que siempre estaré profundamente agradecida con Marisol y Adriana; dejé de ser un bicho raro y encontré a otras personas a quienes les pasaba lo mismo que a mí.
Por eso quiero compartirles esta información, para que la lleven a aquellas personas que la están necesitando, sigo encontrándome cada día con personas totalmente lejanas y desconocedoras del problema que se han unido a esta moda de "luchar contra la obesidad en México", moda que se extiende como plaga y llega hasta las madres y maestras de los niños obesos y no se imaginan el daño enorme que están haciéndoles al recetarles dietas que les prohíben ciertos alimentos, en ciertas cantidades a ciertas horas; no se imaginan el daño enorme que es lanzarle a la cara a un niño con sobre peso la frase "estás gordito"… un niño gordo sabe que está gordo y sabe perfectamente lo que debería comer; sólo que no puede hacerlo.
Hoy no estoy nada delgada, pero me gusto mucho, creo que soy una gran persona; que soy guapa, hay dos o tres sujetos rondando por ahí que me lo confirman. Hoy en día un "gansito" o unas papas fritas son "chocolate, grasa y sal", no un gran dilema. Ya no me odio, estoy tranquila, he crecido.
Maggie Lignan
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