RedPRO

Febrero, 2011

La boticaria

 Mónica Díaz de Rivera Alvarez

Mariana de Ávila, la viuda de Cuellar, leyó de nuevo la recepta del elíxir e incorporó en el mortero nuez moscada, clavos, culantro, canela y cortezas de naranja. Se machacan las sustancias maceradas en alcohol ocho días antes...Amartajó con movimientos suaves la pasta obtenida y desprendió sin problema los residuos del culantro. Un olor a azufre la hizo ladear por instinto la cabeza desprovista, a esas horas de la noche, el riguroso tocado negro que exigía su atuendo de mujer luctuosa.

         El bálsamo anisado que preparaba en el trasto de vidrio alcanzó la temperatura adecuada, lo que la obligó a apresurar los movimientos circulares de su mano. Se funde el azufre en un matraz a alta temperatura hasta que habiéndose liquidado se haya solidificado de nuevo...leyó en el papel que contenía otra fórmula un momento antes de dejar el mortero en la mesa de trabajo y encaminarse hacia el fogón para retirar el recipiente azulado del fuego...se sumerge entonces el matraz en agua fría...

         Mariana heredó la botica de su esposo Juan Díaz de Cuéllar, muerto en 1653 en la Muy Noble y Real Ciudad de Puebla de los Ángeles. Desde entonces, y ante la prohibición de ejercer como boticaria por ser oficio vedado a las mujeres, se valía de la oscuridad de la madrugada para elaborar los preparados con los que Joseph, el antiguo aprendiz de su difunto marido, ahora a su servicio, satisfaría los reclamos de enfermos y convalecientes a partir de las ocho de la mañana siguiente... se destila a baño de María...

         Voy a necesitar conseguir epidendrum vanilla  para el estimulante que le recetaron al obispo, Don Diego Osorio de Escobar y Llamas, por ahora urge terminar el elíxir, pensó Mariana. Por más de veinte años compré bases para Juan y no tuve olvidos, esta cabeza no me sirve igual. Tengo alterados los nervios con todo el asunto del pleyto y los dineros que nos debe el Hospital de San Pedro desde hace años...para obtener el alcohol...

         No sé por qué te moriste, Juan, ahora el Dean y el Arzobispo quieren pagar a largo plazo y eso que procuro no responder a los sermones que me da el prelado, que si es menester que después de muerto el marido mortal converse con el inmortal, y que si San Pablo decía que las viudas se deben a la casa y no a la calle, además, me impreca que si la casa no quiere estar sin fausto y bullicio de gente, a lo menos dé cargo de ello a un hombre anciano de buena fama, cuya gravedad y reputación sea honra de toda la casa, piensa en eso, muger y no en los pleytos, me repite, que puedes seguir viviendo en la casa que ocupas dentro del hospital. Bueno resultó que me dejaran seguir en el exercicio de la botica de forma discreta y pudorosa como me sentenciaron... se disuelve el azúcar en las aguas... Es justo, hasta que paguen la deuda ¿No crees, Juan? Son más de cinco mil pesos ajustados los que te adeudaban por medicinas, los dineros los van a pagar con la renta de la casa y con dos cuartos de carnero y siete latas de sebo cada semana, incluyendo vigilias, temporas y cuaresmas ...se agrega el producto y se filtra.

         Necesito dejar en reposo el preparado para el bálsamo, murmuró la boticaria. En cuanto al elíxir, separaré las dosis en gramajes de uso. Desde que saqué la botica del hospital el espacio se redujo y no tenemos buen tamaño de almacén. ¡Qué Dios, Nuestro Señor, socorra a Don Diego Álvarez, el nuevo boticario de San Pedro!, servir allí no es fácil, son demasiados los enfermos y grande el consumo de dineros. Para el Dean y Cabildo es conveniencia, ansí fue que me reconocieron la deuda y pude seguir con la botica, los médicos de la ciudad de Puebla me conocen y también los visitadores, algunos me piden que escriba cosas tocantes al oficio en latín por ser entendida en el arte...se derrama la esencia y se mantiene durante una media hora en agua hirviendo, se deja en reposo y luego se decanta... confirmó la viuda de Cuéllar en el receptario y lo cerró.

         El sereno anunció las doce. Mariana de Ávila se dispuso a regresar a su casa ocupándose antes de ordenar botes, prensas, almireces y alquitaras. Sofocó el anafre. Escribió una nota a Joseph con las indicaciones pertinentes y se colocó el tocado cuidando que el velo negro le cubriese bien la cara. Se encaminó presurosa hasta la Calle del Costado de San Pedro en donde se ubicaba su vivienda. Al llegar a la puerta sonrió tras el rostro velado, una sensación de libertad la invadió después de dedicar un último pensamiento a su esposo muerto. El viento de la noche sopló con fuerza y un olor a azufre se desprendió de su vestido, ese mismo olor que, a veces, algunas mujeres poblanas percibimos las noches airosas al pasar por la 2 Oriente a la altura del número 200. Corría el año de 1657.

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10 Feb16:11

Nuestra historia oculta

Por Lin (no verificado)

Un cuento que puede ser nuestras vidas  en el pasado, presente y espero que no en el futuro.  Que real o imaginado, representa nuestros deseos de conocer y saber, siempre coartados o impedidos por las sociedades patriarcales.

Una escritura, que toca mi imaginación y mi memoria individual y colectiva. Sigamos rescatando y construyendo nuestra historia.

10 Feb11:17

Me encantó

Por Paulina (no verificado)

¡Felicidades Mónica! No cabe duda que la que sabe...sabe.  De verdad le llamaban ¿¿"culantro"??