¿Quién eres?
Terminaba un día más de trabajo, era la mejor hora del día: el atardecer y en la mejor época del año, el otoño, una tarde fría y con viento, pero aún con luz, así que decido caminar un poco, he escogido la avenida arbolada, me encanta por que está a la orilla del rio y tiene hermosas bancas de forja estilo porfiriano, mi mirada puesta en el final de la larga avenida y mis pensamientos en otro lugar, muy característico en mí.
El trinar de los pájaros me hace tomar conciencia con el aquí y el ahora, mis pisadas se convierten en un arrullo al tocar las hojarasca. Mi mirada y en esta ocasión también mis pensamientos, se fijan en una persona a diez ó doce bancas más adelante, apresuro mi andar y me busco unas monedas para dárselas, a unos pocos pasos para estar cerca de la persona, que ahora sé que se trata de una mujer. Me paro, algo me atrae o me llama la atención de esa señora, observo que no está sentada en la banca, sino más abajo, probablemente en un banco que tapa su vestimenta, tiene una capa que le cubre todo el cuerpo y su cabeza, la ropa me indica que se trata de una persona indigente y por la forma que se cubre, sé que tiene frío, me busco más monedas, estiro mi brazo para dárselas, ella me devuelve una hermosa sonrisa, tan hermosa que no veo su rostro o será que la sonrisa cubría toda su cara.
-Te estaba esperando, Ana.- dijo ella.
Aún no sé porque me senté a su lado, ella se gira hacía mí, observo sus manos. Son de una persona de avanzada edad, puedo ver la curvatura de su espalda y esto me lo confirma, me sorprendo al mirar nuevamente su capa, creí que era muy vieja, sucia y luida, observo que sólo está muy usada pero limpia, me doy cuenta que sigo con las monedas en mi mano, me apeno y las guardo de inmediato, ella me observa y me dice:
-No te preocupes ya me acostumbré a que todo el mundo me trate así, su voz es dulce y tranquila, esto hace que me atraiga aun más. Le pregunto:
-¿Quién eres?, me contesta.
-Esperanza
-¿Esperanza?, sabes, tengo una amiga con ese nombre, hace mucho que no la recordaba, me escucha con atención y por respuesta me da otra hermosa sonrisa.
Se hizo un largo silencio, no entiendo que hago ahí pero no deseo pararme, ni mucho menos irme, nuevamente su voz suave y dulce rompe el silencio.
-¡Preocupada, verdad! Es por Tania, no es pregunta sino una afirmación.
Empiezo a entrar en paz; me sorprendo, debería estar asustada, sabe mi nombre, sabe qué me pasa y la razón de lo que me pasa, me siento fascinada a su lado, no entiendo pero mi mente analítica, como siempre, razona todo mi sentir y le pregunto:
-¿Eres la muerte? Y vienes por mí-, esta vez no hay sonrisa, sino una caricia de respuesta.
-¿Por qué crees que soy la muerte?
-Bueno, sabes, creo en la reencarnación y sé que lo mejor que nos puede pasar en esta vida es morirnos.
-Ah, sí, ¿y por qué?-vuelve a preguntar.
-Nadie se muere en la víspera y sin misión cumplida menos y lo mejor: regreso a Dios a recordar mi origen divino y esta hermosa paz que siento, debe ser la muerte.
En esta ocasión la sonrisa va acompañada de una mano firme, toma la mía entre las suyas; no puedo creer lo que veo, sus manos son suaves, blancas y delgadas, son de una persona joven, deseo ver sus ojos pero la capa cubre por completo su rostro, es ahora la capa lo que me llama la atención, es finísima y muy bella, de una lana delgada, tiene hilos que parecen ser de plata, vuelvo a ver sus manos y la enfoco nuevamente, su joroba. Ha desaparecido.
No entiendo que está pasando, vuelvo a preguntarle con voz fuerte y firme:
-¿Quién eres?
- Soy Esperanza.- sólo siente, no pienses, me dice.
Me siento bien, en paz y tranquila, esto es un hecho.
-¿Ves que distinto?-me comenta.
Asiento con mi cabeza, veo que sus ojos están a la altura de los míos, es una dama más alta que yo, delgada y elegante. Aún tiene mi mano entre las suyas.
Puedo observar parte de su rostro, es rosado, se ve como de porcelana. No entiendo pero el hecho es que estoy fascinada y además hablándole de tú.
-Sí, tienes toda la razón-le contesto -estoy preocupada y es por Tanis.
-¿Crees que no has hecho lo correcto? Pasa su mano por mi espalda.
-No sólo lo creo, estoy segura de ello, sé que he cometido muchos errores con mi hija.
-¿Errores?- Dice ella. ¿Cómo cuáles?
Apunto de enumerarlos; ella por primera vez me interrumpe.
-¿Por haberla traído al mundo planeada y con el hombre al que amabas?
-No – le contesto con mi cabeza.
-¿Por haberte preparado para ser madre?-Vuelvo a contestar un no, con la cabeza.
-¿Por estudiar y prepararte para educarla?
No hay respuesta de mi parte, sólo guardo silencio
-¿Por haberle dado una educación no tradicional?, para no cometer con
Tanis los mismos errores que cometieron contigo.
Ahora escucho solamente y las lágrimas empiezan a rodar
-¿Por haberle dado amor?¿Por hacerla feliz y autosuficiente?¿Por haber tenido la sabiduría de decirle a su padre adiós en el tiempo correcto antes de lastimarse y lastimarla a ella? Yo no encuentro ningún error.
Jamás lo había pensado así, ella me hace sentir que he hecho las cosas en la forma correcta. Sigue siendo benévola conmigo y me dice:
-Tania tiene todo lo que es bello, ella lo sabe, sólo les falta dinero-me lo dice con una hermosa sonrisa.
Mis lágrimas se convierten en llanto, ella me abraza y esto ocasiona que me desahogue por completo, vuelvo a preguntarle:
-¿Quién eres?
-¡Soy la esperanza! ¡Sí existo! Y si me viste así de fea al principio, es por qué te olvidaste de mí, pero mira nuevamente lo bella que soy, estoy dentro de ti, hoy sólo vine a recordártelo.
-Estoy completamente de acuerdo contigo, me dice por último. Para las dos el hoy no es muy bello, pero mira hacia atrás y ve todo lo que has logrado, así como ya aprendiste que no hay mal que por bien no venga, hoy sabes que la esperanza si existe, no te des por vencida, porque la vida además de fácil es bella y con estas palabras me dice adiós.
Hubo un fuerte abrazo de despedida. Regresé tranquila y segura de que yo podría salir de ésta. Al llegar a casa supe lo afortunada que soy con sólo ver a Tanis y ella me pregunta:
-¿Por qué tan contenta, mamá?
-Porque hoy he descubierto que la esperanza está en mí, aún no descubro si es en mi mente o en mi corazón.
-¿No puede existir en ambas? Tanis me responde.
-Tal vez así es. Le contesto.
-Nos abrazamos y sonreímos…
6 de Mayo de 1999.
Reflexiones.
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Felicidades!
Por Anónimo (no verificado)Que manera de escribir tan bella, muchas felicidades !
comentario la esperanza
Por alejandra (no verificado)Me encanta la manera en la que escribes, pues haces que el lector se meta de lleno. Eres tan explícita que me pude imaginar cada espacio y persona. Me recuerda a un libro que leí de adolescente en donde se describian los espacios y a las personas tan bien que aún recuerdo la lectura. Felicidades.