Mujeres en el extranjero

Noviembre, 2010

¿Qué te hace falta para ser feliz?

¿Qué te hace falta para ser feliz?

Octavio es un amigo, lo conocí  hace poco, pero es de esos amigos que se te meten en el alma, que comparte tus similitudes y respeta las diferencias, de esos amigos que al  verlos te llenan de paz, de armonía, que al escucharlos te olvidas de tus problemas. Ese es Octavio.

Uno de esos días, conversábamos y de repente se hizo un silencio, pero no un silencio incómodo como  a veces pasa, sino un silencio de palabras, mientras nuestras almas compartían alguna travesura.

De repente, sin mirarme, dijo -Si dios te preguntara ¿que necesitas para ser feliz, qué le dirías?- mirando al infinito y casi de inmediato contesté -le diría ¿me lo preguntas tú, que me conoces? ...soy feliz.

Octavio me miro con absoluto  asombro, con interrogación, con duda y me preguntó -¿en verdad eres feliz?- mi respuesta fue un rotundo sí, y de nuevo un calmo silencio medió entre nosotros y, como el anterior, fue interrumpido por mi asombrado amigo que me dijo -eres la primera persona feliz que conozco.

Esto me dejó pensando ¿en realidad soy  feliz como creo serlo?, ¿cómo se mide la felicidad?

Soy feliz con lo que soy y tengo, tal vez ambicione algo más, pero si no llego a tenerlo igual seré feliz.

Creo que la felicidad es tan perseguida, que pasa uno corriendo por su lado, pero vamos tan  aprisa que no la vemos, solo al detenerte y mirar en tu interior, primero y  luego a tu alrededor la encuentras, yo era  una de esas personas ocupadas con los hijos, el trabajo, el esposo etc. Un día mis hijos crecieron y se fueron, el trabajo se acabó y mi esposo seguía con su vida tan dedicada al trabajo, que me sentía sola.

Entonces me miré y miré a mi alrededor y comprendí que yo vivía para otros, no para mi y que en algún momento la felicidad de ellos, se transformaba en mi felicidad.

Entonces, con miedo pero también con determinación, decidí buscar mi felicidad. ¿Qué tengo, qué quiero de la vida, qué quiero hacer con mi vida, cómo puedo hacer para lograrlo?  Esas fueron algunas de las miles de preguntas que pasaron por mi mente y que poco a poco les fui dando respuesta a cada una de ellas.

Tomé las riendas de mi vida, primero desechando los rencores, perdonándome primero yo y luego a los que creí me hacían daño, luego puse mi conciencia en paz conmigo misma, luego con Dios, los problemas empezaron a desaparecer o a resolverse al ponerles poca atención.

Miré a mi alrededor, vi el amanecer (aunque no me gusta levantarme temprano), la lluvia, las flores, el cielo, a mi familia, a mis amigos y me sentí afortunada de tenerlos.

Pero también vi injusticia, odios, pobreza, enfermedad, y me hice voluntaria en un hospital público, no para resolver los problemas, sino a ayudar a que cada día sean menos.

Y así, aprendí tantas cosas que me dan satisfacción y poco a poco y sin darme cuenta, estaba llena de felicidad.

La felicidad depende de cada uno, es tan individual como cada ser humano y tan general como la humanidad entera. Ser feliz depende solo de ti.

MARISA LEGARRETA BAEZA

¿Qué opinas de este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx