RedPRO

Abril, 2011

¿Hacia dónde van nuestros pasos?

hacia dónde van nuestros pasos

 …consideraciones sobre el “8 de marzo”

Para las mujeres se creó un escenario, por supuesto rosa, y nos enseñaron que quien te ama te regala flores, no libros, no un cuaderno para anotar los sentimientos y los sueños, no un conejo de cerámica, no una caja con un grillo cantor; no, nuestro escenario está puesto y en él debe haber forzosamente flores, sino, nos sentiremos infelices.

También aprendimos que las mujeres debemos ser obligatoriamente hermosas y quien no lo sea vale menos, es una “fodonga”, una “dejada”. Nos hemos convencido de que somos súper poderosas y que los hombres no sirven para nada, por lo que podemos ningunearlos en todo momento: son unos cabrones, unos hijos de la chingada, unos güevones; las efectivas somos nosotras, hasta tenemos nuestro ocho de marzo que lo demuestra, ellos no tienen nada. Aunque entre nosotras sabemos bien que tenemos una que otra amiguita por ahí que también es hija de la chingada, otra que es muy güevona y en fin; pero no lo decimos abiertamente, porque en nuestro libreto dice que las mujeres somos solidarias; aunque no nos quede claro cómo serlo. Y cuando hacemos esos comentarios olvidamos que nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros niños que tanto amamos son también varones.

Las mujeres de mi generación nacimos bajo el signo de la omnipotencia, no necesitamos de nada ni de nadie, solas cubrimos tres jornadas de trabajo, solas sacamos adelante a un familión, solas además limpiamos toda la casa y cocinamos maravillas y… la verdad es que eso no da los resultados de los comerciales de TV; muchas veces por hacer todo solas ¡tenemos un genio de la fregada! Sin embargo sí hay algo que NO sabemos hacer las mujeres, eso es pedir ayuda, aceptar que no somos todólogas y que las más de las veces no podemos con tanto.

En nuestro escenario impuesto aparecemos con nuestra capa de la Mujer Maravilla, y en nuestro libreto está aguantar de todo, tolerar, callar, disimular (aunque en realidad estemos teniendo un mal día) o el otro extremo tenemos la opción de gritar todo el tiempo como locas sin control, para demostrar nuestras agallas, que tenemos carácter, nuestro poder; como un animal salvaje demasiado atacado que defiende su territorio haya agresor a la vista o no.

Por supuesto hay mujeres ejemplares, que salen adelante en situaciones límite con un temple admirable, por supuesto las conocemos muy de cerca. Evidentemente la historia de las mujeres hasta donde estamos ahora, ha recorrido un camino largo y sinuoso de opresión. Nuestras abuelas tuvieron que demostrar que pensaban, que valían, que su opinión contaba; evidentemente su aportación ha sido muy valiosa. Evidentemente hay aún lugares del mundo donde las mujeres simplemente no pueden ser, mostrarse y donde son violentadas por cuestión de género. Sin embargo, hay niños varones que son enviados a la guerra, obligados a trabajar y a ocultar cualquier rasgo de debilidad; damas: también eso es discriminación de género. Y cuando obligamos a los pequeños del kínder a ceder su sillita a las nenas en los festivales, cuando en los simulacros de sismo en la primaria, salen primero las niñas; cuando nos quedamos viendo a un obrero en el autobús que viene muy sentado tras evidentes horas de trabajo dibujadas en su rostro y en sus ropas y nos ofendemos porque no nos cede el asiento, eso es también discriminación de género; cuando obligamos a los jóvenes a llevar el cabello corto “porque así lo usan los hombres decentes”, cuando damos por hecho que los varones deben siempre pagarnos las cuentas; cuando una mamá espera que a su princesa de 17 años la “cuide” el novio y la traiga con bien hasta la casa tras la fiesta, aunque también él tenga 17 años: eso es discriminación de género… hacia los varones; esperamos ciertas cosas de ellos, cierto rol, cierto escenario; por ser varones.

Hemos usado sin cuestionarnos mucho este escenario impuesto en el que muy contentas nos subimos, en el que aceptamos nosotras mismas que no hay felicidad sin una pareja, que el amor se demuestra siempre con flores, que somos tódologas y súper poderosas y que no necesitamos ayuda de nadie, y afilamos puntiagudamente la navaja cada mañana para pasar lista a nuestras congéneres, compañeras de escena y revisar quién se atrevió a subir un kilo, a quién le salió una nueva arruga, quién se depiló mal, cuánto cuesta el bolso de mano que trae, de qué altura son sus tacones y si sabe o no doblar correctamente las rodillas al caminar con ellos; porque todo eso califica señoras, lo sabemos muy bien y no en el mundo de los hombres, la discriminación, seamos honestas, es entre nosotras.

Hay días institucionales, también impuestos, que finalmente nos invitan a reconsiderar hacia dónde van nuestros pasos.

Maggie Lignan

 

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05 Abr07:22

Hola Creo que nunca me

Por Hilda (no verificado)

Hola

Creo que nunca me habia puestoa pensar en todas estas cosas.

Efectivamente nos educaron para asumir un rol, mismo que pocas mujeres han cuestionado.

Me queda para la reflexión

Saludos